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La Sábana Santa: todo un desafío


Un lienzo que resiste cualquier examen científico.


En el año 544 d.C en Edesa, Turquía se halla una tela con la imagen de un hombre torturado por crucifixión. Cuatrocientos años después en Constantinopla se expone por primera vez a la vista del pueblo, lo que provoca una conmoción pocas veces vista. La tela contiene espesas manchas de sangre. Tras la ocupación de los cruzados, en 1244 llega a Francia y en 1543 se traslada a Turín.

Mide 110 cm de ancho por 430 cm de largo. Refleja la figura de un hombre de 1,81m de estatura con 172 latigazos marcados en el cuerpo y tras más de 50 años de pruebas de diferentes tipos, como una efectuada con 2000 bronces ardientes a diferentes temperaturas en los que se vertieron inciensos, aloes y materiales con los que se supone se embalsamaba en la época de Jesús, ninguno dio el mismo resultado. La tela es de lino y está tejida a la forma de cola de pescado.

Pierluigi Baima Bollone, catedrático de Medicina Legal de Turín afirma que las manchas de sangre pertenecen al grupo AB y los forenses hablan de un retrato, verdadero o no, que reflejan milimétricamente el martirio de  un crucificado. También se encontraron veintidós tipos de pólenes, algunos propios de Genesaret, que si fuese falso hubiese sido muy complicado haberlos colocado para que cientos de años después, pudiesen verse con tecnologías inexistentes en ese momento.

José Francisco Guijarro, capellán del Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, comenta en el programa Milenio 3 del 27 de julio de 2002, que la iglesia católica opina que la reliquia ni le pone ni le quita nada al misterio de la resurrección, que es el gran dogma de la fe. 

Es un elemento accesorio de devoción y de culto, de cuya autenticidad no depende la misma.

La prueba del Carbono 14

En 1988, el Museo Británico realizó un prueba de Carbono 14 que dató el lienzo en los siglo XII y XIII, pero diez años más tarde las mismas personas que realizaron la datación que conmovió profundamente a toda la comunidad cristiana, envían una carta al Vaticano confesando serias dudas sobre su trabajo. 

También se cree que aquella datación fue completamente errónea. El isótopo radiactivo del carbono 14, está presente en todos los seres vivos. Cuando un ser vivo muere, va perdiendo esa radioactividad y ese grado de degradación es lo que da la fecha, pero en el caso del lienzo no se tuvo en cuenta que estuvo expuesto a velas e incienso y hasta a un incendio en 1532, de lo que se fue impregnando, sin que pudiese separarse para la investigación, hasta que fue guardado finalmente en una urna de gas inerte. Todos esos organismos incluso podrían decir que es de los siglos XVIII y XIX, organismos vivos que contribuyeron a la datación, dando más edad a la tela.

El físico César Barta Gil, tiene serias dudas de la datación, principalmente porque no es un objeto habitual que siempre permanece en el mismo sitio sino que sufrió constantes traslados a lo largo de la historia, y hasta fue remendado por las monjas clarisas, todos ingredientes que invalidan cualquier posible fiabilidad.

Detalles de una crucifixión
José Antonio García Andrade, catedrático forense, afirma que la sábana reproduce fielmente el cuerpo de un crucificado, a tal punto que el hombro que portaba la cruz está más herido que el otro, los latigazos se puede confirmar que se hicieron con un flagrum de dos poleas para que el condenado padeciese la agonía más cruel. Era una forma de muerte que estaba prohibida a los romanos por infame. Se producía por ahogo y asfixia, porque el crucificado trataba de elevarse para coger aire y en un acto de piedad algunos verdugos les rompían las piernas para que no pudiese erguirse y así acelerar la muerte.

Cuando Constantino se convierte al cristianismo prohíbe la muerte de cruz por cruenta, por este motivo no hay reproducciones de Cristo crucificado hasta que se olvidó este tipo de muerte tan tortuosa. Se empiezan a encontrar imágenes en el siglo VI, una prueba más de que la Sábana no puede ser un fraude porque en esa época no se sabía cómo era una crucifixión, ya que si a Jesús lo hubiesen clavado de las manos, éstas se hubiesen desgarrado y el cuerpo caído al suelo.

En uno de los ojos, el izquierdo concretamente, se ve la marca de una moneda, un lepton, moneda griega de cobre que se colocaba en los ojos de los difuntos para que estos se cerrasen.

El primer hombre que obtuvo una fotografía

Secondo Pía fue el primer fotógrafo de la Sábana Santa, autorizado por el rey Humberto I de Saboya en el año 1898. En solitario y a oscuras, hizo las fotografías, y le produjo una emoción indescriptible. Anteriormente ya existían pinturas en las que se ve con claridad lo que con el paso de los siglos se fue borrando y que él vuelve a recuperar de la primigenia imagen. Una de estas muestras pictóricas de fechas anteriores se encuentra en el Monasterio de las Descalzas Reales en Madrid.

Bajo el escáner de la NASA

Un gran trabajo con el escáner VP8 de la NASA, durante 120 horas sobre el lienzo concluye que no tiene pinceladas y que nadie lo ha dibujado.

El escáner VP8 volvió examinar la tela en el año 2000 varias veces supervisado por 44 científicos multidisciplinares, buscando ADN de la sangre residual y llegaron a la conclusión de que la imagen es tridimensional. Pómulos, ojos y nariz, están hechos a volúmenes precisos para que al ser escaneado se vea el retrato de un hombre con  una volumetría perfecta.

El pañolón de Oviedo

Hay más de veinte lienzos por el mundo que dicen ser la sábana que envolvió el cuerpo de Cristo al momento de su muerte, pero en Oviedo existe un pañuelo con acta notarial del año 1075, que contiene manchas del mismo grupo sanguíneo que la sábana de Turín. Jorge Manuel Rodríguez Almenar, autor de El sudario de Oviedo, y presidente del Centro Español de Sindonología, dice que este es una tela accesoria que se utilizaba para el transporte del cuerpo, ya que era obligatorio cubrir la cabeza de un ajusticiado cuando estaba deformada, además para que no cayesen líquidos en el traslado, debido a la creencia hebrea de que la sangre contenía el alma de la persona.

Las simetrías con la sábana son cuanto menos inquietantes. Por ejemplo, el rostro que aparece en la sábana está limpio para lo cual se podría haber utilizado dicho pañuelo, las manchas de la nuca de la sábana y del sudario son idénticas, hay un 80% de coincidencias. Además del grupo sanguíneo AB todas las manchas del perímetro de la cabeza, de sangre pre mortem y post mortem. Es un rostro singular, la nariz mide 8 cm de longitud con lo que se sale de la media y también encaja perfectamente el abultamiento del pómulo derecho, todo lo que ha supuesto un rompecabezas de catorce años de investigación.

¿Es una prueba de la resurrección?

Como último ingrediente a destacar, la estampación sobre el lienzo es la figura geométrica de un cuerpo muerto y en rigor mortis para lo cual no hay respuesta, porque si se hubiese envuelto antes de que el cuerpo entrase en ese estado, las marcas serían de un cuerpo ladeado, girado hacia un costado, a menos que realmente hubiese resucitado, y  se hubiese desprendido de la tela, elevándose y atravesándola. 

Un fenómeno único en toda regla.

@mamiroca