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Leyendas ancestrales en la Noche de Difuntos



La Noche de Difuntos, un lugar en el espacio y en el tiempo en el que convergen mitos y realidades.

En la noche del primero de noviembre, en la Sierra de Urbasa los carboneros entonan cánticos a los muertos. Antiguamente dejaban un horno encendido porque creían que los difuntos volvían desde el más allá.

Los egipcios se preparaban toda su vida para esa etapa. Los etruscos construían templos funerarios con rostros de misteriosas sonrisas, porque pensaban que los vivos con su recuerdo los mantenían vivos en ese otro lugar.

La tradición gallega

Una tradición muy antigua y arraigada en Galicia, habla de la Santa Compaña. Un grupo de sombras encapuchadas con ropajes de color negro, que si uno se las cruzaba en el camino, tenía que ir inmediatamente hasta un cruceiro, un monumento religioso constituido por una cruz generalmente de piedra, para buscar protección. 

Los celtas creían que la noche era el dominio de los muertos. Galicia es, según los tratados antropológicos, el lugar del mundo con más raigambre trascendental, sólo superada por el Egipto antiguo. La idea de que el muerto deambula, va y viene y a veces reclama cosas viene de muy antiguo en las tierras gallegas. De ellos, de los difuntos, estaría compuesta la Santa Compaña.

Leyenda real

Se la considera leyenda pero con tintes de realidad, ya que hay testimonios con nombre y apellido que cuentan su existencia. Personas sin ningún afán de protagonismo o apegadas a lo sobrenatural lo explican como hecho fehaciente, el haber sido testigos de esta aparición.

Javier Akerman, Director del Centro Parabiofísico de Vigo, explicó el fenómeno a los micrófonos del programa Milenio 3, diciendo que es una comitiva de varias personas que llevan candiles en sus manos, sin rostro, de siluetas esfumadas con rasgos difíciles de distinguir, que vagan silenciosamente. Antes de que aparezcan suele haber un olor muy fuerte, los perros aúllan, los animales en el campo se intranquilizan y luego aparece la Santa Compaña. Manifestación quizás real sustentada en la creencia de gran parte de la población.

Xosé Ramón Mariño Ferro, Licenciado en Antropología Americana de la Universidad Complutense, en su libro Aparicións e Santa Compaña y en sus trabajos de investigación en Galicia y Bolivia encuentra similitudes entre las dos culturas en este tema. Él agrega que la comitiva también puede llevar cadenas en sus pies o ir acompañados por personas con defectos físicos como cojeras, incluso algunos que se identifican y traen presagios de muerte.

Su explicación en concreto para la Santa Compaña, ya que la creencia en los difuntos es afín a muchas culturas, es que viene directamente del catolicismo. Elementos que aparecen en la Santa Compaña son propios de la religión católica tradicional, y no es más que el purgatorio como se entendía en el medioevo. El purgatorio se crea en el siglo XII, un lugar parecido al infierno donde las almas sufren, o un lugar en este mundo en el que se purgan los pecados y como la mejor vía para la limpieza del alma es a través de la peregrinación, en algunos lugares de Galicia también se la llama ‘la peregrina’. Pero las leyendas tienen su parte positiva, son muy elaboradas para dejar una enseñanza moral. Casi todas las leyendas sobre aparecidos la tienen. Los que están en el purgatorio expiando sus penas, vienen a decir por qué están ahí, a enseñar al vivo los errores que no deben cometer, o lo que la sociedad consideraba pecado o que no estaba bien visto. En cambio el aparecido que viene del infierno, cuando se aparece dice que ha prestado dinero con usura, porque era el pecado más grave para la sociedad tradicional.

Según Xosé Ramón las apariciones con una enseñanza moralizante son propias de toda Europa que tiene una raíz de cultural común, pero se conservan mejor en Galicia porque hay más población rural y tienen mucha más relación con el campo que en otros sitios, además de ser una cultura muy enraizada y vívida.

Según los curanderos presagia la muerte en un término de tres meses. La mejor forma de protegerse es no mirarla, aunque no todo el mundo la ve, se puede sentir, pero son contados los que tienen la percepción suficiente como para verla.

Un caso concreto

En la zona de Cangas, Josefa Romero, en noviembre del año 1949 y cuando tenía 7 años, junto a su madre y otros familiares vieron esa comitiva, aquellos ropajes monacales negros pero vacíos, una fila con luces en las manos cercanas a las figuras. Detrás de ellas, una señora viuda que conocían perfectamente, a quien tres días después en su casa, moría atravesada por un rayo de parte a parte.

Antropología y misterio

En Asturias se la conoce como ‘La Güestia o la Buena Gente’, espectros con túnicas que llevan hachas de cera o huesos humanos, salen del atrio de la iglesia rezando, el primero lleva una pequeña campana que lanza al viento una triste melodía, llegan a la casa del enfermo y la rodean tres veces, luego lloran desconsoladamente. En completo silencio, apagan sus velas, el enfermo muere y pasa a formar parte de ‘La Huestía’. 

En León es ‘La Pantalla’ y encabeza la comitiva un niño vestido de blanco con un hueso encendido. 

En el norte de Extremadura y Sur de Salamanca, como ‘El cortejo de gente de muerte’, dos jinetes que cabalgan a lomos de un corcel fantasmal, sembrando el miedo. 

En Zamora es ‘La Estadea’, una sola persona, una mujer que camina cerca de los cementerios, sin cara, huele a la humedad de los ataúdes, y sólo se aparece al que va a morir, al que va a pasar a pertenecer a la ‘Comunidad de las ánimas’.

Leyendas que se mezclan con realidades, que se están perdiendo, pero que alguna gente 
todavía vive.

Imagen: Tumblr.com

@mamiroca



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