martes

Mentes criminales


Todo un misterio a desvelar de la conducta humana para los expertos.


Independientemente del lugar del que se trate, cada cierto tiempo sobresalta a la opinión pública el comportamiento de individuos que se deciden a dar el paso, a erigirse en juez y verdugo, y asesinar sin miramientos a sus semejantes.

Un francotirador en Washington en el año 2002 mató a diez personas indiscriminadamente, dejando como seña de identidad una carta del tarot con la imagen de la muerte y con una inscripción que decía: ‘- Querido policía, soy Dios’. ¿Pero qué lleva a estas personas a cometer estos crímenes contra desconocidos?

Por tratarse de un hecho acaecido en Estados Unidos tuvo repercusión a nivel mundial. La población, con el atentado del 11 de septiembre muy cercano en el tiempo lo atribuyó primeramente a un atentado terrorista, pero se descartó esa teoría porque un terrorista perteneciente al Islam no se autodenominaría Dios a sí mismo por considerarlo una profanación a sus creencias. Se concluyó más tarde que era una persona común, con problemas para relacionarse, que le gustaban las armas, que vivía solo y encerrado, en un país con acceso muy fácil a cualquier tipo de armamento.

La voz de los expertos

José Antonio García-Andrade, psiquiatra forense y profesor en la Universidad Complutense de Madrid, autor de libros como Psiquiatría Criminal y Forense o Crímenes, mentiras y confidencias, estuvo en el programa Milenio 3 comentando el caso ocurrido en Washington y algunos casos de este tipo de asesinos en España. Para él este fue uno más de los que ha visto en su carrera. Según él, la criminología conoce a estos sujetos, pero hay que distinguir entre lo que son los asesinos múltiples que es el grupo general, de los asesinos que matan a tres o más personas, y dentro de los asesinos del primer grupo, los asesinos en serie y los asesinos en masa, que tienen una psicopatología distinta y una forma de relacionarse con la policía y la sociedad de una manera muy diferente. Los que lo hacen en masa, matan en un mismo momento a varias personas, en tanto que los que lo hacen en serie lo hacen a lo largo del tiempo.

Salvador Ortega, Investigador policial experto en Criminalística, por el cual y gracias a su trabajo encomiable se ha podido encarcelar a varios de los más peligrosos homicidas en España, también estuvo en el programa. Para él, este individuo de Washington fue también un caso sin demasiada relevancia, y agrega que hay muchos que han sido atrapados en su primer crimen pero son tan pusilánimes como el que más, u otros que tardan un poco en desarrollar todo su instinto depredador, en despojarse de los impedimentos morales que hacen al resto no cruzar ese umbral.

Sobre la carta opinó que tiene varias interpretaciones, una que intentó establecer una relación privilegiada con la policía, con la persona encargada del caso y la otra aunque resulte paradójico es llevar a las autoridades a que lo detuviesen y con ello poner fin a toda esta pesadilla, porque él no sabía cómo ponerle término.

El narcisismo criminal

También se habló del aspecto que lleva a estos sujetos a creerse Dios. No hay nadie más importante que Dios, esto habla de una personalidad narcisista y megalómana, por la que se lanzan un reto a sí mismos y a la policía. No es igual sentirse perseguido por el cuerpo de policía de todo un país que por una persona anónima y tenerlos en vilo, aunque sientan inconscientemente una gran culpa y un gran remordimiento, que los hace dejar pistas con las que finalmente son aprehendidos.

Según estos expertos, los individuos que se creen elegidos por Dios, son los más peligrosos criminológicamente, los escogidos, los que sienten que tiene una misión divina que ejecutar en la Tierra, como cualquiera que cree que tener la verdad absoluta.

Su modus operandi

Se descartó además la posibilidad de un terrorista árabe porque éstos actúan como bombas humanas, que al inmolarse esperan encontrarse con Alá como se les promete en ocasiones. El arma que utilizó no es improvisada, sino de mecanismo complejo salvo para quienes hayan sido entrenados. Aunque tenía mira telescópica no es nada fácil para alguien no experimentado disparar de noche con este artefacto. Actuó en lugares de fácil escapatoria, en sitios abiertos con arbustos en la distancia, siempre con la misma camioneta  y en días de semana cuando más personas había en la calle, lo que hizo pensar también que el vehículo podría servirle también para trabajar.
Una persona cualquiera no se levanta una mañana y decide matar a diez personas. Todos tienen una historia previa.

El Arropiero

Preguntado por Iker Jiménez por el caso que más lo había impactado en su dilatada profesión, José García-Andrade habló de Manuel Delgado Villegas, más conocido como ‘el arropiero’, tal vez porque tuvo la oportunidad como médico psiquiatra del Centro Psiquiátrico Penitenciario de Madrid, de escuchar sus conversaciones que infundían una gran repulsión por jactarse con otros internos de quién había matado más personas, y de quién lo había hecho mejor.

Salvador Ortega dijo que Manuel Delgado confesó 43 asesinatos y fue ese narcisismo, ese querer destacar pero a la vez justificar su conducta para no aparecer como un ser abominable, sino más bien como un justiciero, lo que hizo que lo atrapasen. Este ser detestaba a las prostitutas y a los homosexuales, era analfabeto, pero no era ningún débil mental como se dijo, sino todo lo contrario. 

Costó mucho desentrañar algunas de sus coartadas perfectas. Huyendo de otro crimen se presentó donde vivía su padre, conoció a una chica que desapareció y que puso sobre la pista a la policía pero a pesar de tener varias charlas con él no tenían argumentos, creían que la chica iba a aparecer. La tercera vez que lo llamaron a declarar, aseguró que había estado solo en el cine, y como prueba mostró una entrada que lo corroboraba. Fue tan convincente y lo hizo de forma tan espontánea que lo dejaron marchar, pero cuando cruzó la puerta, Salvador Ortega le preguntó de qué trataban las películas que había visto, a lo que él le contó dos películas del oeste. Entonces, el avezado policía llamó al cine y le confirmaron que las películas que habían proyectado, eran de la Segunda Guerra Mundial.

Imagen: Serie "Criminal Minds"

@mamiroca

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