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Miedo en un edificio público


Como si lo fúnebre y lo macabro persiguiera ese lugar.


En la calle Mesones, donde en tiempos muy antiguos hubo mezquitas funerarias e iglesias cristianas y actualmente es el edificio del Catastro, cuando fue sede de la Diputación de Granada, hubo funcionarios que denunciaron hechos que dispararon todo tipo de alarmas.


Un lugar inquietante para trabajar

En diciembre del 1986, saltó a los telediarios y medios de comunicación la noticia de que el personal de lo que en ese momento era la Diputación, se negaba a trabajar, por fenómenos que cuando menos distraían lo que puede ser el trabajo habitual de un edificio de oficinas. Archivadores de 150 kilos de peso que se movían solos, empleadas de la limpieza arrastradas por el suelo, voces, luces y demás interrupciones, que llevan al vicepresidente José Luis Medina a autorizar que se realice la primer investigación oficial en un edificio público.

Personas que fueron testigos no quieren hablar por las diversas interpretaciones que pueden derivar de su experiencia.

Pilar Perry, miembro de la Asociación de Parapsicología Omega junto con un equipo formado por médicos e investigadores,fue testigo durante tres noches, de cómo por ejemplo una pitillera a sus espaldas salió despedida haciendo un semicírculo y le dio a Juan Burgos en la cara, además de luces que iban y venían sin que hubiera ventanas que pudieran justificarlas.

Historia del lugar

En libros como 13 historias de fantasmas de Rafael Casares y Juan Arcos o La Guía de Granada de Gómez Moreno del año 1892, cuentan que allí hubo tres mezquitas funerarias, un templo árabe que en 1508 fue sustituido primeramente por la iglesia del Corpus Christi y posteriormente por la iglesia de la Magdalena.

Viejas crónicas del siglo XIX hablan de varios suicidios en lo que después de haber sido iglesia se convirtió en el almacén de telas La Magdalena, en el que varias personas se habían ahorcado por el pánico de que algo los matase, cuadros que se daban la vuelta e imágenes religiosas que cambiaban de sitio.

En 1891 se produce un accidente de coche de caballos, en el cual un político de cierta relevancia atropella a varios niños. Mientras conducía por la calle de lo que en ese entonces era la iglesia de la Magdalena, se estaba realizando un funeral quizás con demasiada pompa, lo que originó que este hombre se asustase y perdiese el control, por lo que este señor que tenía sus influencias pidió que se cerrase la iglesia y se cambiase de sitio.


Juan Jesús Vallejo granadino de pura cepa y autor de Al- Ándalus cuenta que  muy cerca de ese  edificio está el Arco de las orejas, un sitio donde antiguamente se les cortaban las orejas a los ladrones como advertencia para que a nadie se le ocurriese robar en el mercado.  

Almacenes Woolworth

Juan Enrique Gómez, periodista del Ideal de Granada, entrevistado en el programa Milenio 3 del 20 de julio de 2002, decía que cuando se convirtió en los almacenes Woolworth, en la zona del sótano la gente no compraba, que fueron un fracaso.

En 1985 se instala la Sede Administrativa de la Diputación de Granada y el mismísimo vicepresidente José Luis Medina habla de desaparición de planos y objetos perfectamente guardados, los funcionarios hacían comentarios negativos sin que se que se les hiciese caso, hasta que incluso los comercios de la zona, céntrica y de tradición por excelencia, empezaron a hablar de forma insistente de que allí ocurría algo. 

En diciembre de 1986, Concepción Castilla denuncia con pánico lo que sucede, máquinas de escribir que funcionan solas, ruidos extraños, bolígrafos que se desplazan solos por una mesa, teléfonos que se cortan, vigilantes que oyen gritos, susurros, apariciones y funcionarios a los que se les hace imposible trabajar, hacen que el edificio tenga su propia leyenda negra.  En la zona del sótano desaparecían objetos, y los guardias en sus rondas dejaban todas las puertas cerradas, encontrándoselas posteriormente todas abiertas. Es entonces cuando la Asociación Omega, es autorizada a hacer diligencias serias sobre el tema.

Juan Jesús Vallejo habla de fenómenos poltergeist. En la construcción del edificio Woolworth se encontraron restos de esqueletos de niños cuando se estaban abriendo unos muros, que podría relacionarse con la época en que el edifico era un convento y las damas de alta alcurnia al quedar embarazadas sin desearlo, acudían al mismo para solucionar el problema.

Más fenomenología extraña

El Jefe de mantenimiento del edificio Manuel Moya ve perfectamente como una luz flotante se queda suspendida frente a él y siente una opresión en el pecho que le pone de rodillas en el suelo.

En las noches que estuvo la Asociación Omega en el edificio, se instalaron grabadoras en cada planta y cámaras con rayos infrarrojos que tomaban fotografías cada cierto tiempo.

Entre las extrañas voces que se oían, Pilar Perry comenta que ella oyó perfectamente a cuatro hombres discutiendo, si bien no se entendía lo que decían se podía escuchar claramente el murmullo. También se pudo grabar una psicofonía, un mensaje ininteligible, una voz desagradable y amenazante que parecía decir: - ‘Os arrepentiréis’. Es una psicofonía larga, rara y polémica. Nadie ha logrado interpretarla en su totalidad, parece proceder de una voz muy anciana. 

El Técnico Superior Pedro Amorós afirma que se podría asociar a la voz de una persona mediante la huella foniátrica, un dato que proporcionan programas informáticos, pero según él sería una doble copia de la voz, una absorción energética o sonidos del ambiente.

Juan Burgos, mientras se produce la grabación recibe una extraña herida en la mano derecha, una opresión que le hizo retirar la mano y que inmediatamente fue revisada por el Dr. Juan Rodríguez Galindo que certificó que eran marcas de la dentadura de un niño.

Aparición de una figura

Para confirmar aún más todos estos sucesos, los propios investigadores tuvieron la visión directa a doce metros de un sacerdote con traje talar, algunos incluso llegaron a ver su rostro, un hombre de unos 45 años de cara cuadrada y una tristeza profunda. 

El dibujante Andrés Soria, hizo un retrato robot que se publicó en el periódico Ideal, la revista Tribuna, y Juan Burgos lo mostró en varias cadenas de televisión, hasta que recibió una llamada de una señora que vivía en Madrid explicándole que se correspondía claramente con un antepasado suyo que había sido el último párroco de la Iglesia de la Magdalena, llamado padre Benito.

Los sucesos han seguido ocurriendo. Cuando fue comprado por el Ministerio de Hacienda se siguieron registrando llamadas en el 091. En sus archivos, se registran hasta seis llamadas al mes porque los vigilantes de seguridad no se sentían seguros y no querían volver a entrar en el edificio.

Todo el mundo coincide en que allí pasaba algo y sigue pasando. Hoy, la oficina del Catastro, es un edifico moderno que posee grandes balcones, quizás en un intento de que el fantasma o los fantasmas se puedan liberar y encontrar su camino.