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Satán en el cine



Cuando en la filmación de una película convergen circunstancias y accidentes que dan que pensar.

En noviembre de 1973 se estrenó la mítica película El exorcista, con la pequeña actriz Linda Blair, personificando a una niña poseída que, sabido es, fue un suceso a nivel mundial que no dejó indiferente a casi nadie. Había unidades de vigilancia intensiva móviles a las puertas de los cines, se provocaron abortos y en Valladolid, aquí en España hubo tres infartos. 

Evidentemente, se trata de un miedo ancestral, inconsciente e irrefrenable, además de que en aquellos momentos la sociedad no estaba habituada a los impactos que por ejemplo se reciben hoy diariamente en los telediarios.

Basada en hechos reales

Lo que se sabe menos es que la película se basó en hechos reales. En un recorte del Washington Post del año 1949, un pequeño artículo en unas páginas interiores fue donde William Peter Blatty encontró una extraña historia sobre un adolescente, el cual estuvo sometido a los ritos de exorcismo de sacerdotes durante tres meses con una fenomenología similar a la que se describe en la película.

Durante la filmación

Quizás por la temática abordada en el rodaje, quizás por un alto nivel de sugestión exacerbada e impregnada en el set, o la suma de varias casualidades y causalidades, lo cierto es que sucedieron acontecimientos que abren interrogantes. 

Por citar algunos ejemplos: los estudios se quemaron dos veces, la actriz se cayó del caballo, murió otra actriz al final de la película, murió un actor de cáncer, hubo en el propio plató explosiones de proyectores, caídas de decorados, se velaron rollos sin razón aparente, el hijo del actor que interpretaba magistralmente al Padre Karras en un incomprensible accidente, se enterró en la arena y una moto lo decapitó.

Otro actor al realizar una escena en la que caía de una ventana muere en realidad de un infarto en la caída, con lo cual hubo que modificar el guión. El gran actor Max von Sydow en el día mismo del estreno se entera de que fallece su hermano, además de que durante el rodaje el productor y el director comentaban que se oían extrañas voces y, sumado a toda esta larga y penosa concomitancia de sucesos, un año después en el Teatro de la Comedia de Londres, donde se representa la obra teatral del film por primera vez, la actriz inglesa Mary Ure muere sin una explicación coherente.

Un film por demás controvertido que no contaba con el beneplácito de la iglesia ni con el de diversas sectas satánicas que se oponían frontalmente.

Además que los actores que participaron en ella, una película que obtuvo diez nominaciones a los Óscar y cuatro Globos de Oro, no volvieron a tener ningún papel relevante.

El bebé de Rosmary

Jesús Palacios, crítico de la revista Fotogramas, escritor del elogiado Psychokillers y autor del libro Satán en Hollywood, hablaba de más sucesos extraños en otras películas que se desarrollan dentro de temáticas que tienen que ver con el terror.

La historia de la brujería a través de los tiempos, un documental falso de bastante éxito al estilo de La bruja de Blair, o la recordada El bebé de Rosmary que merece un párrafo aparte por la desgraciada muerte de la hermosa Sharon Tate, esposa de Roman Polanski, director de la película en el año 1969 a manos de Charles Manson y su secta, y otras circunstancias como que John Cassavetes peleaba constantemente con Roman Polanski, o que Frank Sinatra irrumpía en medio de la filmación y abofeteaba a Mia Farrow en furiosos ataques de celos, lo que hizo que finalmente terminase pidiendo el divorcio y acercándose al mundo del orientalismo y el misticismo.

Incluso fue grabada en el tristemente célebre Edificio Dakota, en el cual asesinaron a John Lennon y se dice que vivió Aleister Crowley, un misterioso personaje con una historia demasiado oscura.

Antonio Moyano, experto en trilogías norteamericanas, recuerda también el caso de Poltergeist, donde no solamente muere la angelical Heather O’Rourke, atrapada entre los dos mundos con la televisión como nexo, sino que hay dos muertes más.

Jesús Palacios también intentó  investigar estos hechos en la esfera nacional pero se enfrentó a una barrera de hermetismo y secretismo, ya que algunos pertenecen a sectas o tienen intereses ocultos que no les interesa que sean revelados.

Paul Naschy

Jacinto Álvarez Molina, el mayor creador en España de películas de terror, con una ingente cantidad de premios, como por ejemplo los de Cine Fantástico de Madrid, París y Sitges, con más de 113 películas en su haber, comentaba a los micrófonos del programa Milenio 3 de la Cadena Ser, que había presenciado y padecido fenómenos cuanto menos intrigantes.

Cuando filmó El mariscal del infierno en el Castillo de San Martín de Valdeiglesias, que ya de por sí tiene su propio misterio, tenía como dueño un personaje más que peculiar llamado Juan Fernández de Ganza, que se vestía de militar, el cual era adepto a organizar misas negras y practicar la ouija, le invitó a una suculenta cena, y mientras estaban tomando unas copas, se encerraron con una leona que vivía con él y le comentó a Paul Naschy que  el director era una reencarnación de un antiguo personaje del lugar. Parece ser que este hombre de gran envergadura física no terminó muy bien sus días, ya que supuestamente se suicidó y en unas obras que se realizaron en su castillo se encontró su cadáver y otros enterramientos clandestinos.

En la película Inquisición, que fue filmada en un monasterio, cuenta que se encontró con un muro que le hizo pensar que detrás había algo más. Efectivamente, después de hablar con las autoridades eclesiales pertinentes, se derribó el muro y aparecieron varios cadáveres momificados pertenecientes al año 1600, época de la peste.

Su película El jorobado de la morgue fue todo un impacto porque lo que se había rodado y lo que se había hecho, había sido real y hubo incluso personas que no quisieron entrar en la sala de disección.

Por último comenta que en la película El gran amor del Conde Drácula, una actriz tiene un grave accidente en el que prácticamente se abrió la cabeza, se cayó un andamio y hubo varios heridos y relaciona el hecho de realizar una película que toca temas escabrosos y sinuosos con lo que sucedió con el descubrimiento de la tumba de Tutankamon y todas las desgracias que sucedieron a los que teóricamente habían profanado el sarcófago. Reiterativas y negativas leyendas que parecen cobrarse sus víctimas.

Magistralmente, Paul Naschy advierte: ‘-Cuando uno juega con esa barrera terrible que hay entre la vida y la muerte, quién sabe qué hay del otro lado.’

@mamiroca