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Un lugar extraño en Sevilla


Una inscripción en latín que invita a dejar a los muertos en paz.

Sevilla, barrio de la  Macarena. Un solar en la calle San Luis que fue un antiguo hospicio y unas palas excavadoras que encontraron seis esqueletos, tal vez de la misma familia, con unas vasijas y una inscripción en latín: -‘No turbar la paz de este lugar’.

De leyenda urbana a suicidios

José Manuel García Bautista y Rafael Cabello Herrero son los investigadores sevillanos y los verdaderos descubridores de los sucesos de este macabro sitio.

Buscando una leyenda urbana, se encontraron de improviso con testigos reales que con desazón y angustia les relataron lo que sucedía. Esto los llevó a investigar y encontraron a más personas e intentaron descubrir el porqué gente de diferentes edades, que no se conocían entre sí y en distintas fechas contaban lo mismo.

Este lugar fue dedicado a los difuntos, cultura tras cultura. Muy cerca de allí, se halla el Centro Andaluz de Interpretación, que es parte del mismo conjunto arquitectónico donde se producían muchos fenómenos paranormales.

Manuel Fernández, Guardia de seguridad comenta que él y sus compañeros se sentían terriblemente inquietos. 

Risas, sonidos, pisadas que se formaban delante suyo, como si hubiesen pasado a través de ellos; escalofríos, perros de seguridad que gruñían y mostraban miedo, y todos los testimonios que coincidían en ese frío que los atravesaba cuando se internaban en determinados sitios como cuchillos, en los que también veían una luz resplandeciente que no llegaba a enceguecerlos.

Los obreros de la construcción se resistían a trabajar a causa de desapariciones de herramientas ya que eran reñidos por sus jefes, sumado a trabajar en un ambiente por demás incómodo. Incluso el jefe de obras se negó a seguir trabajando, después de que herramientas guardadas bajo llave aparecían sueltas a cincuenta metros de distancia.

Un frío que traspasa los huesos

Desde principios del siglo pasado en Francia e Inglaterra los primeros investigadores de renombre de estos temas como Charles Robert Richet y Sir William Crookes, observaron que el frío es la tónica dominante en estos casos y solían llevar rudimentarios termómetros para medir las diferencias de temperatura, porque los testimonios de sus testigos también hablaban de sentir un frío tremendo aunque la temperatura ambiente fuese agradable.

Descripción del lugar

Carlos Barroso enviado por el programa Milenio 3 de la Cadena Ser, estuvo en el recinto en vivo para dicho programa el día 24 de agosto de 2002, en la trasera de la calle San Luis, y contó que mide 110 metros de largo por cuarenta de ancho, con un muro en uno de sus lados y el resto delimitado por vallas metálicas, que hay bastante vegetación y está descuidado. Una iglesia que ya no está dedicada al culto, excavaciones de ruinas romanas, probablemente un establecimiento rural de la época romana o necrópolis, y le llamó la atención la soledad, el silencio; notó al desplazarse por el lugar que los caminantes que pasaban por la calle lo hacían de prisa, sin mirar atrás, y encontró también un pequeño pasadizo o puente y pequeños habitáculos, que pudo ser un cortijo y esa sería la zona de labranza.

En primera persona

Pelayo Roldán era un viajante, de buena posición económica, al que sus vecinos echaron en falta después de un tiempo y que atribuyeron a uno de sus viajes, pero cuando dieron la alarma a la policía, al entrar en la casa se lo encontraron dentro de un viejo arcón en franco estado de descomposición. La escena que vieron los bomberos fue cuanto menos dantesca, traumática para ellos.

Manuel Cantelar fue presa de la angustia y la desolación al padecer en primera persona todos estos acontecimientos. En su casa no entraba la luz, aunque fuese de día, veía en el terreno vacío luces que él primeramente creyó que eran porque una mujer echaba desperdicios de pescado a los gatos, pero poco después, esa misma luz entró en su casa, lo que lo llevó a la desesperación. Ya presa del pánico, lo comentó con un amigo en un bar, tomando una cerveza y le dijo: ‘- A mí no me cogen, soy capaz de suicidarme.’

Y lo hizo brutalmente, incrustándose un cuchillo con sus dos manos, atravesándose el corazón de parte a parte. El amigo con quien hizo el comentario de su desasosiego era Rafael Cabello, uno de los investigadores de este extraño caso. 

Salvador Ortega, uno de los fundadores de la Policía Científica en España, analizando el suicidio, dijo que es atípico, ya que un suicida elige otros métodos más rápidos y menos dolorosos, en tanto que este tenía visos de ritualidad por el cuchillo y la forma violenta de utilizarlo. Según él, podría haberlo hecho de otras maneras, apuntó que fue un ‘suicidio con algo más’. Cuando lo encontró la policía lo describió como un señor anciano, su edad era de 58 años, pero García Bautista comentó que lo que le ocurrió lo envejeció prematuramente.

Otro hombre acaudalado de la zona del que no es posible revelar la identidad, vivía cerca de la parte del terreno que daba a lo que había sido el hospicio. Durante noches enteras salía a su balcón intentando inútilmente que se callasen unos niños que sólo él veía y escuchaba, porque desde hacía más de veinticinco años no había ningún niño, incluso pedía ayuda a la gente para que los mandasen callar. Harto de las burlas de los niños, presa de la desesperación, la señora de la limpieza se lo encontró ahorcado con la cinta de una persiana.

En ninguno de los casos relatados se han violentado puertas o existe la posibilidad de que haya podido entrar alguien, los balcones y ventanas  estaban cerrados por dentro.

Con nombre y apellidos

Macarena Rodríguez Pérez vio una sombra, escuchó mucho griterío pero al acercarse no había nadie. La llamaron por su nombre y su prima experimentó lo mismo. Otras personas escucharon que se reían de ellos. En esa calle fue muy sabido todo esto, pero nadie quiere comentarlo quizás por los hechos luctuosos que trajo consigo

Remedios Sánchez escuchó como trabajaban en la obra, le llamó la atención porque no había luces para trabajar. Al observar detenidamente vio herramientas que se movían solas, y la recorrió un frío en el cuerpo que no fue su imaginación, porque sintió una sombra que le tocó la piel. Su ventana daba al solar, y percibía ruidos extraños como si arrastrasen cosas, y una sombra que se movía muy despacio. Con su pareja buscaron a alguien que proyectase dicha sombra de forma humana pero no había nadie.

A todos los testigos les cambió la vida y se cuestionaron porqué les ha pasado a ellos, ya que no podían atribuirlo al simple hecho de la sugestión y no volvieron a ser los mismos.

Asesinatos, suicidios, visión de cosas extrañas, todos concentrados en un mismo palmo de terreno.

José Manuel García Bautista en la primera conexión dos meses antes de ese programa, desde el centro del solar se sentía vigilado como si no se pudiese mover. Una vez en su casa al irse a dormir se apoderó de él una intensa fiebre y delirios. Soñó con una cara que le repetía continuamente:-‘Es sólo un aviso.’ Se despertó, se volvió a dormir y otra vez el mismo hombre con gafas, le repetía lo mismo. 
Un expediente médico confirmó que en seis horas desapareció la fiebre, no siendo un hecho muy normal. Cuando el otro investigador Rafael, trajo las fotos de los suicidas, una de ellas era la de Manuel Cantelar, la cara del hombre que entre pesadillas lo había perseguido la noche anterior.

Dos investigadores que sólo buscaron una leyenda urbana y que se chocaron frontalmente con el terror.


@mamiroca

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