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Desaparecidos sin dejar rastro



La desaparición de un ser querido deja un inconmensurable dolor en su familia y un pozo sin fin de interrogantes.

Noche de San Juan de 1986, Puerto de Somosierra.

Andrés Martínez conducía su camión de mercancías peligrosas, junto a su esposa Carmen Gómez, cuando tuvieron un cruento accidente con el vehículo en el cual ambos fallecieron.

Activado todo el dispositivo policial de emergencias, se recibe una llamada de María Legaz Jiménez, sumamente angustiada preguntando por un niño de unos diez años, hijo del matrimonio y nieto de la misma.

Búsqueda infructuosa

El entonces Jefe de Protección Civil de la Comunidad de Madrid, Rafael Noja Ortega junto con todo su equipo comienza una búsqueda que no arroja ni el más ínfimo detalle de una tercera persona, y mucho menos un niño, una uña, una pieza dentaria, algo que pudiera ayudar al hallazgo de la criatura.

El químico Alberto Borrás explicó que un cuerpo sumergido en ácido sulfúrico, que es el líquido que transportaba el camión en el momento del suceso, durante un día, sigue intacto, probablemente con una mayor fragilidad, pero reconocible, incluso llegó a afirmar que, como cuando la lógica parece ausente, sugirió la posibilidad de que hubiese ocurrido algo y el muchacho hubiese pasado a un universo paralelo, a otra dimensión.

Interpol y estadísticas

José María Seara, Portavoz de la Policía Nacional y Encargado de desapariciones ocurridas en España contactó con Interpol para que trabajaran juntos en la investigación, pero con el mismo resultado negativo.

Se pensó que el vuelco del camión pudo deberse a una rotura de frenos, se dijo que alguien había visto una camioneta blanca con unas personas de acento extranjero por la zona. El tacógrafo del camión mostraba que el mismo había parado tres veces desde que salió de Murcia.

La última persona que habló con ellos fue Felipe Alhambra, camarero de un bar que afirmó que Andrés Martínez había pedido un café para él, un  café con leche para su mujer y una mayonesa y una gaseosa para el niño. Una familia normal en toda regla, de viaje. El pequeño iba con ellos porque sentía curiosidad por ver pastar las vacas, ya que nunca las había visto de cerca.

Como dato a tener en cuenta, en un año en España hay un promedio de 14.500 desapariciones, con un volumen de trabajo de 50 desapariciones al día y 2 cada hora.

En Estados Unidos hay una desaparición cada 8 minutos.

También apariciones

Toda esta información está recogida en el programa Milenio 3 del 15 de junio de 2002, y Javier Sierra también apunta que no sólo ocurren desapariciones, sino también apariciones.

En el año 1828, en Nürnberg, Alemania, aparece un adolescente de unos dieciséis años, en un estado totalmente deplorable, del cual luego se elucubraron unas cuantas leyendas, entre las que se encontraba la de que era un supuesto hijo ilegítimo de un monarca.

Carlos Cala aportó la interesante historia de Oliver Barach, el día 24 de diciembre de 1890, en el que sólo quedaron de él las 28 huellas en la nieve, el cubo de metal con el que iba a recoger agua y el sonido recurrente en los oídos de su desesperada madre pidiendo: ‘¡Socorro!’, en South Bend, Indiana, y con la irrefutable prueba de que no había ninguna otra huella alrededor que pudiese arrojar alguna pista.

En Brasil, Pablo Villarubia, cuenta la historia de Rivalino Mafra Da Silva en agosto de 1962, en Minas Gerais. Este señor era un buscador de oro que iba con su hijo y se encuentran dos figuras similares a dos armadillos, éstas se iluminan y en menos de diez segundos el hombre, ante la atónita vista de su pequeño se esfuma en pleno aire.

Embarcaciones y aviones

Javier Sierra también comenta, que no sólo ocurren desapariciones humanas. Meramente como muestra valga recordar casos de embarcaciones y aviones en pleno vuelo en el Triángulo de las Bermudas o el siempre recordado autor del El Principito Antoine de Saint- Exupéry, al que aún hoy se busca.

Casos todos, en un sentido u otro que se intentan explicar con las más diversas teorías, universos paralelos, agujeros de gusano, sólo hipótesis que no se pueden confirmar. Las explicaciones racionales fallan y hay un pequeño porcentaje de casos que se escapan de las manos de los investigadores más voluntariosos y refutados expertos.

Imagen: Tumblr.com

@mamiroca