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La aventura de filmar al calamar gigante


Una expedición española en busca de una leyenda.

En las costas asturianas, a veintidós millas del Caladero de Carrandi, se encuentra una fosa abisal de cuatro mil metros de profundidad en la cual no penetra la luz del sol, con animales no catalogados todavía por la ciencia. Hasta allí en el año 2002 fue una expedición de la productora española Transglobe Films en busca del Kraken, Architeuthis o calamar gigante, el mayor invertebrado conocido nunca visto por el hombre. 

La expedición, apoyada por el CSIC, fue llevada a cabo por científicos sin miedo a investigar en el abismo bajo las costas españolas, donde hay peces de grandes bocas a mil metros de profundidad, con clima desapacible y en plena altamar. Hubo pescadores en Carrandi que con anterioridad a esta expedición, capturaron quince cadáveres de aproximadamente dieciséis metros, pero nunca se lo pudo filmar en libertad.

Toda la tecnología

Fondearon el vértice del cañón que empieza en 500 metros, continúa en los 800 o 900 y  llega a los 4000. Fernando González Sitges, fue el Director del Proyecto. Se colocaron tres boyas para acotar una zona triangular del océano, y debajo de cada una, cámaras a mil metros de profundidad para poder verlo en tiempo real y grabar sin interrupción imágenes que se enviaron al buque oceanográfico Investigador, una cámara en el barco y dos robots submarinos similares a los que mostraron al mundo el Titanic, el Hyball y el Sea Rover. Fueron  dos años de trabajo y cuarenta personas dedicadas a la expedición. Fue como ir a otro planeta. Era un lugar que no se había visto jamás en la historia ni nadie lo había iluminado, salvo los propios peces y la luminiscencia del fondo marino.

De leyenda a realidad

Escritos del Medievo cuentan que el Kraken era un pulpo gigante que emergía a la superficie de vez en cuando y se tragaba las embarcaciones y más aún, en la antigüedad se creyó que era una bestia legendaria que se dispersaba en la superficie en forma de islas, que comía durante meses y que se detenía a excretar durante un mes, pero esos excrementos tenían un olor y un sabor maravilloso para el resto de animales e incluso para los humanos, lo que aprovechaba él como trampa para devorarlos.

Con el tiempo, los naturalistas comenzaron a ver que en las playas aparecían restos de animales que podían encajar con la descripción de un calamar gigante y en 1760 un naturalista le puso el nombre de Architeuthis, y aunque aún no existía la criptozoología, dejó de ser una leyenda para pasar a ser un animal real.

El programa Milenio 3 fue testigo de esta expedición. Se utilizó un tipo de cebo especial que consistió en harina y aceite de pescado, sangre y algo de vainilla muy oloroso para atraer a peces que podrían a su vez atraer a otros o al mismo calamar gigante hecho por José Castro, especialista en cebos y uno de los mejores pescadores de España.

La expedición paso a paso

Fernando González Sitges comentó mientras descendían lo que iba sucediendo. A partir de los doscientos metros es imposible bucear ni siquiera con un equipo especial, la oscuridad es total y la presión podría aplastar a un hombre en una décima de segundo, empiezan a aparecer los peces que viven en la fosa abisal. Estos tienen el fondo marino a quinientos metros por eso nunca lo tocan, en  la negrura del abismo no ven, se guían por el olfato y estímulos eléctricos.

A los seiscientos metros -en realidad desde los cuatrocientos- ya es territorio del calamar gigante. Fue la primera vez que se sumergió una cámara a esas profundidades. Fue como estar en el espacio exterior pero debajo del agua, sin sol, sin luna y sin estrellas. Las únicas luces las emitían algunos animales fosforescentes fantasmales que atraen al enemigo con sus emisiones u otros que sueltan chorros de material luminiscente para despistar a los posibles predadores. En realidad  no sabían con lo que se podían encontrar.

Joaquín Gracia fue el Técnico que manejó todo el equipo, un sistema diseñado por ellos mismos. Cámaras de alta sensibilidad  dentro de unos cilindros preparados para aguantar altas presiones sumergidas a seiscientos y ochocientos metros. Un módulo de control en la cubierta del barco donde se recibían las señales de fibra óptica a superficie y la boya mandaba una señal al módulo de control o en la que también podían activar cebos electrónicos de baja frecuencia.

El “kraken” y otros animales abisales peligrosos

Los científicos Ángel Guerra y Ángel González, dijeron que era posible que por sus características el kraken tenga que comer de forma permanente y que seguramente sea agresivo. En donde estuvieron investigando es el área de la caída de la plataforma continental donde también hay tiburón blanco. En doce años hubo dos capturas. Es muy habitual encontrar al tiburón peregrino, que puede medir doce metros y se alimenta de masa plactónica y al marrajo que es verdaderamente peligroso. Un marrajo, aún después de eviscerado y en cubierta puede cortar un pie a un pescador distraído. También investigaron la posibilidad de ver al Taningia danae, un poco más pequeño que el kraken de unos 150 kilos, pero con garfios en los tentáculos, más agresivo, más buscado porque es muy plano y chato, con unas grandes mazas terminadas en órganos bioluminiscentes que utiliza para comunicarse.

En los quince días que duró la investigación se pescó un calamar gigante  de cinco o seis metros que tenía unos tentáculos gruesos y dentados. Era un kraken, el tan buscado Architeuthis, aunque no se lo pudo grabar en libertad. De todos modos, una gran expedición y todo un hallazgo criptozoológico, que fue todo un hito y que seguramente llevará a más investigaciones.

@mamiroca


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