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Versión oficial versus hechos



Las diferencias entre los hechos y la versión oficial sobre el 11 de septiembre abren una brecha difícil de cerrar.

El 11 de septiembre de 2001 Mohamed Atta estrella un avión Boeing 767 contra el World Trade Center de Nueva York. Eso fue lo que se pudo o se creyó ver en millones de hogares de todo el mundo a través de la televisión. Pero a partir de ese día también, muchas personas que no se conformaron con la versión oficial comenzaron a hacerse preguntas. Comenzaron a indagar sobre una posible manipulación de la información, sobre gobiernos ocultos que manejan los destinos de la humanidad y que pudieran estar interesados en que no se sepa la verdad sobre lo ocurrido.

Horas previas

La revista Año Cero publica, en su edición de agosto de 2002, que cuatro horas antes en la base militar de Rota había una alarma general. La CBS publicó el 15 de mayo de 2001 la existencia del Informe Fénix, en el cual el agente del FBI Kenneth Williams afirmaba que se había comunicado al gobierno de clases de pilotaje que habrían estado siendo impartidas a miembros de Al Qaeda en Estados Unidos.

Coleen Rowley, del FBI de Minneapolis en un informe asegura que la propia CIA había ignorado los avisos que se habían hecho de que podría producirse un atentado.

C. Jhon, agregado de prensa de la delegación diplomática estadounidense en Madrid, confirma que desde el día 7 de septiembre había situación de máxima alerta.

Tatiana Kolagina, delegada y economista rusa, ha dicho a diversos medios de comunicación que  el suceso del 11 de septiembre está motivado por un grupo de poder oculto que maneja activos de trillones de dólares.

Van Romero, vicepresidente de investigación del Instituto de Minería y Tecnología de Nuevo México, asevera que las torres no explosionaron sino que implosionaron, mediante explosiones internas y controladas aniquilando cualquier tipo de prueba que pudiese dejar rastro.

Dudas lógicas y plausibles

Enrique de Vicente, director de la revista Año Cero, acarrea serias dudas sobre todo lo concerniente a esa fecha, que marca un antes y un después y que es mucho más, un punto de inflexión.


Santiago Camacho, escritor del libro Top Secret: lo que los gobiernos ocultan, también sostiene que no se ha contado ni todo, ni toda la verdad, y que las nuevas revelaciones no sólo no van en apoyo de la teoría oficial, sino que tienden más a apoyar y sustentar las otras teorías que emergen desde ese día.

Se sabía que algo iba a ocurrir

Javier del Pino, corresponsal de la Cadena Ser en Nueva York, dice que no fueron capaces de hilvanar toda la información que tenían para poder establecer un modus operandi a la hora de actuar,  que había suficientes datos pero que nadie fue consciente de lo que estaba por venir.

Santiago Camacho también afirma que algo debían de saber porque 48 horas antes, el FBI había detenido al quinto piloto suicida del avión que posteriormente se estrelló en Pennsylvania y que por eso el avión llevaba cuatro personas y no cinco como el resto.

Tuvieron tiempo de realizar todo tipo de investigaciones con el terrorista detenido y las autoridades oficiales aseguran no tener información. Además, se recibieron correos electrónicos anónimos en las Torres Gemelas avisando que algo iba a ocurrir y por eso ese día, a pesar de la gran cantidad de gente que se pudo ver en la huida, había menos personas de lo habitual.

Lo que también lleva a los investigadores a querer desentrañar esta trama, es que es imposible que unos pilotos, habiendo tomado unas pocas clases con avionetas tipo Cessna, pudiesen estrellar los aviones con tal precisión.

En el programa Milenio 3 de la Cadena Ser del 17 de agosto de 2002, Santiago Camacho también relata que los supervivientes contaban que ese día había interferencias en la televisión, que no se podía ver bien y que se veían rayas, además un radioaficionado dijo que si hubiese habido sendas radiobalizas dirigiendo a los aviones hacia sus blancos, alguien solo tendría que  haber colocado el ordenador en piloto automático y el avión hubiese sido dirigido con exactitud milimétrica hacia su objetivo, por eso es un dato que se intenta ocultar, ya que eso significaría que alguien desde tierra los hubiese podido estar ayudando.

Agentes del FBI impotentes

Enrique de Vicente apunta que existe en manos del ejército norteamericano la tecnología de la cual habla este radioaficionado y que apenas se publican detalles porque todos estos temas son políticamente incorrectos, que sólo son portada de algún medio, como por ejemplo en el caso de la agente Rowley, que se vio forzada a dar a la revista Time el memorándum luego de que sus jefes lo ignorasen y ocultasen, y además le impidiesen sistemáticamente y por todos los medios llegar a la documentación del quinto piloto.

Disidentes de la CIA y el FBI hablan de una guerra de desinformación y que el desastre se podía haber evitado o que el estallido del avión jamás se habría producido.

Thierry Meyssan

Este experto en Derechos Humanos, de la Conferencia de la Seguridad y Cooperación Europea, ha publicado el libro La gran impostura, en el que revela informaciones que se alejan diametralmente de la versión del gobierno de los Estados Unidos. En su libro cuenta que el objeto que impactó contra el edificio del Pentágono sólo lo hizo con la primera pared y en ella abrió un gran boquete, lo que sería hecho con un misil y no con un avión de línea como se intentó hacer creer.

El objeto que penetró en el Pentágono abrió una gran puerta que tenía cuatro o cinco metros pero no provocó grandes daños, cruzó una serie de pasillos a través de tres anillos e hizo un agujero circular de dos metros treinta centímetros de diámetro, lo que se corresponde más con los efectos de un misil y debería llevar un código amigo que le permitiese entrar en dicho lugar vulnerando todo tipo de seguridad.

Como apunta Santiago Camacho siempre que ocurre un accidente aéreo, se encuentran rastros por demás elocuentes de lo sucedido, en este caso, no se encontró la más mínima pieza de ningún avión, incluso algunas hechas de aleaciones de titanio que son prácticamente indestructibles. Nuevamente según Thierry Meyssan, cuenta que la fachada cayó tras una  hora de incendio, nadie vio estallar el avión y muchos testigos hablan de un objeto alargado de alrededor de ocho a diez metros y su descripción coincide con la del misil AGM de carga vacía y punto de uranio empobrecido, que causa un calor de 2000 grados capaz de fundirlo casi todo.

Danielle O’Brien controladora aérea del aeropuerto de Dulles, afirmó en televisión que el eco aparecía en el radar y su velocidad y sus características eran las propias de un prototipo militar.

Sin duda un tema para profundizar si las teorías oficiales no satisfacen a la opinión pública.

@mamiroca