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La leyenda negra de Tutankamon


El descubrimiento más importante de la historia de la Arqueología, envuelto siempre en grandes incógnitas.


En el año 2002, en el Museo Egipcio de Turín, se produjeron según el Fiscal Raffaele Guariniello veintiséis desmayos, pérdidas de visión, náuseas y vómitos, en la Sala subterránea de las momias, pero no eran ni mucho menos el primer episodio extraño que rodeaba al mundo de la egiptología.

La sorpresa colosal

En noviembre de 1922, Howard Carter halló el muro exterior de la primera cámara de la tumba de Tutankamón, un momento trascendental que él había imaginado durante toda su vida. Ante la magnificencia y la grandiosidad de lo que vio, sólo atinó a decir:“- ¡Cosas maravillosas!”.

Cuando se cumplieron 80 años de ese fenomenal hallazgo, el programa Milenio 3 de la Cadena Ser, revivió la epopeya. Nacho Ares, director de la Revista Arqueología, habló sobre lo que pudieron sentir Lord Carnarvon y Howard Carter, a principios del mes de noviembre cuando encontraron los primeros peldaños y luego adentrándose en un orificio con una pequeña luz en lo que Howard Carter denominó como velos de oro, el fulgor de metal precioso que lo invadía todo, encerrado durante tres mil años.

Era la primera tumba hallada intacta dejando de lado el descubrimiento de Pierre Montet en Tanis, al norte de Egipto, porque aunque eran tumbas reales no tenían su lujo ni pertenecían a la etapa más convulsa del país, la de Amarna con el faraón Akhenatón.

No sólo se descubrió la tumba del faraón niño, sino que también comenzó la maldición de las momias y en el centro del Valle de los Reyes, en Luxor, una tumba particular, la KV62, no tocada jamás, de 1250 kilos de oro puro.

La certeza de un sueño

Lord Carnarvon habló a la BBC y contó que en una de las capillas que rodean los sarcófagos se encontró con los sellos intactos, una confirmación más de ese gran hallazgo, como si los hubiese esperado a ellos para darse a conocer.

Era un sueño que persiguieron toda su vida. En esos recintos todo era esplendor, miles de objetos en la antecámara en una primera habitación, objetos de madera recubiertos en oro, pero las piezas de oro macizo no se encontraron hasta la cámara sepulcral. Lo que llamó sobremanera la atención del arqueólogo Howard Carter fue que por primera vez tenía entre sus manos muebles, objetos y figuras que hasta ese momento sólo había visto en pinturas o relieves, como el reposacabezas y una lista reseñada de objetos que contaban una gran historia.

También se encontraron dos sarcófagos más pequeños, los cuales no todo el mundo conoce, de dos niños que no llegaron a nacer con sus máscaras mortuorias puestas, que estaban en la cámara del tesoro. Dos fetos que no se demostró que fuesen del matrimonio real. Un encuentro fuera de lo común que tiene similitudes con la tumba de uno de los hijos de Ramsés III en el Valle de las Reinas en la que también había un feto, probablemente como representación de renacimiento, pero no se ha llegado a ninguna conclusión.

Las inscripciones que llevan a la leyenda

En esa tumba había escritos extraños que instaban a no profanar ese espacio consagrado, sitio del que emergerá el faraón en su viaje al más allá, lugar para el que los egipcios se preparaban durante toda su vida.

“No se turbe la paz de los muertos”, decía el aviso que generó una gran cantidad de historias y una leyenda negra que envuelve una serie de muertes que sucedieron en el entorno del descubrimiento, ratificada además con certificados de defunción y películas de la época que hablaron de ella.


Boris Karloff interpretó una llamada La momia y asombrado ante la muerte ingente de personas lo dijo en pleno film: “- Pienso que este cofre traerá desgracia a quien lo abra”.

La lista de muertos

Iker Jiménez en el programa presentó una lista cuanto menos inquietante relacionada con la tumba.

Lord Carnarvon, el patrocinador de las investigaciones muere a las pocas semanas con 57 años debido a la picadura de un mortífero mosquito, presa de unas terribles fiebres. Los cronistas de la época comentaron que en todo el Cairo se apagó la luz.

La periodista italiana María Corelli al ver las cosas que acontecían escribió en un titular del Corriere della sera “sobre los intrusos de la tumba sellada cae el castigo más horrible”.

Aubrey Herbert, hermano de Lord Carnarvon, ante la muerte de su hermano se suicidó de forma súbita, lanzándose al vacío.

El secretario de Lord Carnavon, es encontrado en la cama muerto de una enfermedad desconocida a lo que el parte médico describió como una supuesta embolia.

Otro se precipita al vacío desde un séptimo piso, era el padre del secretario.

Tiempo después un profesor, el primer científico americano que entró en ese sitio muere en Luxor entre extraños estados febriles sin explicación médica.

Arthur Mass, del Museo Metropolitano de New York, que trabajó con Lord Carnarvon en la catalogación de los objetos siente esa peculiar fiebre, y muere al ser trasladado a Estados Unidos porque no quiere ser atendido en Egipto.

El que practicó la primera autopsia al faraón fue también otra víctima de esas fiebres que llegaban a los cuarenta y tres grados de temperatura y que destruía la sangre.

Así hasta veintiséis, todos los que en mayor o menor medida tuvieron contacto con el sarcófago fueron muriendo acrecentando la siniestra leyenda.

Nacho Ares, los egiptólogos y sus conclusiones

Nacho comentó que en los periódicos salieron listas un tanto abultadas con respecto al suceso, pero sí es verdad que al menos trece personas que asistieron a la apertura de la tumba murieron en extrañas circunstancias, todos con episodios febriles y con una salud anterior al hecho que no preveía la muerte como desenlace.

Francisco Martín Valentín, Director del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto dice que la maldición tiene su base en que en todas las tumbas hay textos avisando a los profanadores, pero que tomó más importancia con la tumba de Tutankamón por la cantidad de muertes irregulares. Curiosamente, Howard Carter fue el único que no falleció, el único incidente que sufrió, fue la picadura de un alacrán.

La ciencia obviamente afirma que esto no es posible, pero admite cuatro teorías. Un tipo de hongo el aspergillus niger, veneno en los vendajes de las momias, radiaciones y guano de murciélago.

La del aspergillus niger es la más aceptada y habla de un hongo que permanece latente miles de años que se reactiva con el oxígeno, además porque se probó que ha afectado a otros investigadores que trabajaron con papiros y maderas, elementos orgánicos que al pudrirse generan estos hongos que afectan al aparato respiratorio y al que actualmente no existe ningún medicamento para combatirlo.

Cuando falleció Lord Carnarvon el 5 de abril de 1923, en sus delirios decía: “- Escucho su llamada y le sigo”.  

@mamiroca


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