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Drácula, Vlad Tepes y Transilvania



Un lugar lleno de leyendas y de miedos sanguinolentos, que aún hoy estremece con sólo nombrarlo. 

El príncipe, el personaje y Bram Stoker

En ese lugar vivió Vlad Tepes que no es el mismo que el Conde Drácula. El príncipe Vlad Tepes, al empalador, se le solía llamar así debido a su costumbre de atravesar a sus enemigos con enormes estacas hasta la muerte, organizando cenas en medio de los empalados y no es el mismo que Drácula, el célebre personaje de Bram Stoker, el escritor que murió en una mísera pensión, entre delirios y repitiendo: ‘- Strigoi, strigoi’, vampiro, vampiro.

Mientras que Vlad Tepes sigue siendo recordado por haber luchado contra el Imperio Otomano, la gente no quiere ni oír hablar del Drácula de Bram Stoker.

Hay una leyenda que dice que en una fuente que había en uno de sus castillos, Tepes puso una copa de oro llena de piedras preciosas y perlas, y nadie jamás se atrevió a tocarla por el miedo que infundía en su pueblo. Cuando esa copa desapareció, supieron que Vlad Tepes, había muerto.

Nosferatu, el vampiro

En Transilvania un miedo extraño lo envuelve todo y envuelve de forma dramática a ciertas personas. Una de ellas fue Max Schreck, el actor alemán célebre por su actuación en la película del año 1922 Nosferatu, uno de los films de terror más enigmáticos del cine, en la que este actor interpreta a un personaje muy alejado del vampiro romántico que se suele ver en las interpretaciones modernas. Era un ser con un rostro macilento, huesudo, largas uñas en forma de garras, de caminar pesado y envolvente, elevándose sobre un ataúd, que al verlo incluso sin maquillaje producía una sensación inquietante y que además muere en confusas circunstancias.

La película tuvo un gran efecto e intentaron quemarla. Los productores de Bram Stoker, se enfadaron de forma descomunal, ya que según ellos no tenía mucho que ver con la célebre novela, y además no querían que llevase el mismo nombre porque el personaje era realmente terrorífico.

Los paisajes

Transilvania se encuentra en Rumanía, en los Montes Cárpatos. Sus profundos y oscuros bosques, son de colores intensos entre el verde y el negro, llenos de luces y sombras que van tejiendo una metamorfosis espectral.

Es donde nació Drácula, un vampiro que surge al amparo del personaje real de Vlad el empalador, un noble sanguinario que disfrutaba con sus matanzas, que aprovechó sus luchas para decapitar y beber la sangre de los infortunados que caían en sus oscuras manos.

La zona fue habitada por los dacios antes de ser conquistada por los romanos en el año 105 A.C. Luego pasó a formar parte del imperio gético y posteriormente sería eslava. En el siglo XVII se la disputaron húngaros, austríacos y rumanos. Un sitio romántico por excelencia que tiene una importante raigambre cultural, límite de la lengua latina y un paisaje natural lleno de sorpresas.
Ir a Transilvania es recorrer valles, bosques y colinas, Sighisoara, ciudad medieval declarada Patrimonio de la Humanidad, el castillo de Bran, el lago Rosu, o Cluj- Napoca, la propia capital.

Hay muchos recorridos posibles, el de los monasterios, el de los parques, y obviamente el del misterio.

En ese caso el recorrido empieza en Bucarest, para luego ir a Targoviste y el monasterio de Curtea de Arges, antes de alcanzar el castillo de Bran, donde vivió el príncipe, pero antes está Brasov, donde se encuentra la iglesia negra, un monumento del siglo XIV. Miercurea, Paso de Borgo y Bistrita y por fin Sighisoara que es un reloj detenido en el siglo XIV, la casa del príncipe Vlad, la fortaleza. Una de las ciudades medievales mejor conservadas, con todas sus historias y misterios.

Sin lugar a dudas, un lugar donde vivir una película espeluznante.

@mamiroca


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