martes

Amityville: se vende o se alquila


Una historia clásica que sigue despertando emociones fuertes.

Sucedió en el año 1974 y aún hoy en el número 112 de Ocean Avenue, existe una casa que sigue en venta, con su tenebroso y macabro secreto.

Una lista de asesinatos que desencadenaron un episodio imborrable para cualquiera que la escuche tan solo una vez. Cualquiera que la conozca, con solo decirle Amityville, sabe de lo que se le está hablando.

Un terrible comienzo

A las tres y cuarto de la madrugada del 13 de noviembre de 1974, Ronald Defeo asesinó a sus padres y sus hermanos, después de haberles dado una ingente cantidad de somníferos durante la cena. Los seis cuerpos fueron encontrados ejecutados y boca abajo con la cabeza sobre los brazos cruzados. El joven explicó a la policía que fue el propio demonio el que lo forzó a cometer los asesinatos.

El hogar ideal

Un año más tarde, la casa fue comprada a muy bajo precio por un matrimonio felizmente casado, con sus tres hijos y su perro, que habían creído encontrar la casa de sus sueños, porque incluso tenía embarcadero propio. Pero lo que no sabían era que comenzaba de nuevo el horror en Amityville.

El sacerdote de nombre Frank Mancuso fue a bendecir la casa el mismo día que los nuevos propietarios, la familia Lutz, se trasladaron a vivir allí. El padre guardó silencio, pero oyó una voz que le dijo: "-¡Váyase!". Voces que también había oído la dueña de casa en varias ocasiones. Camino a su iglesia le ocurrieron algunos incidentes cuanto menos extraños. Su coche se detuvo sin explicación, los limpiaparabrisas comenzaron a moverse solos y tuvo un leve accidente sin consecuencias.  

A pesar de las reiteradas ocasiones en las que la familia le pidió al sacerdote que volviese, su negativa fue total. Poco tiempo después enfermó, quedando postrado en su cama y cuando intentó ponerse en contacto con la familia vía telefónica, siempre sucedía algo que impedía la comunicación.

En primera persona

Los dueños de la casa poseída supuestamente pudieron vivir en carne propia sucesos terriblemente extraños y atemorizantes, que crecían en intensidad a medida de que el tiempo transcurría. En la casa donde imaginaron pasar un tiempo idílico, sucedió todo lo contrario. Riñas diarias, puertas que se abrían y cerraban sin motivo aparente y una especie de fluido oscuro que atiborraba las cañerías hasta inundar el inodoro.

El cabeza de familia dejó de acudir a su trabajo dedicándose a una única tarea como si de una obsesión se tratase: cortar leña para mantener la chimenea encendida debido al intenso frío que recorría las estancias. Además, algo sin nombre, durante todas las noches, exactamente a las tres y cuarto lo despertaba. Una voz lo llamaba desde el embarcadero. Una de esas noches, al regresar a la casa vio como la puerta de entrada estaba arrancada de cuajo desde dentro. 

En otra ocasión, como diría Iker Jiménez, ‘con el miedo inmaculado en el cuerpo’, vio a su hija pequeña y detrás de ella la cabeza de un cerdo, ambos mirándolo muy fijamente. Presa del terror corrió apresuradamente a la habitación de la niña para comprobar con alivio que esta estaba plácidamente dormida.

Pero eso no fue todo. Hasta el perro perseguía algo que nadie más podía ver y una enorme nube de moscas recorría la casa. El teléfono sonaba insistentemente, pero cuando iban a contestar, no había nadie al otro lado de la línea. Un crucifijo apareció invertido en una pared, mientras que una hamaca se balanceaba sin que nadie la empujara.

El acabose

Una terrible noche, la madre aparece levitando sobre la cama y su apariencia era la de una mujer muy mayor, como si hubiese envejecido repentinamente una gran cantidad de años. Un cúmulo de sinsabores demasiado difíciles de soportar para una familia que solo quería vivir plácidamente.

Luego de veintiocho angustiosos y horripilantes días y muy a su pesar, la familia Lutz decidió irse de una casa donde habían depositado tantos sueños para no regresar jamás. Después de poner algunos bártulos en la camioneta e intentar arrancarla varias veces rezaron una plegaria, lo que tal vez hizo que el motor se encendiese para dejar atrás toda aquella demoníaca pesadilla.

@mamiroca



Publicar un comentario