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Un rebelde de la ciencia



Nadie imaginó que aquel muchacho expulsado del colegio iba a ser el genio descubridor de uno de los hallazgos más importantes de la medicina moderna.

Wilhelm Conrad Röntgen nació en Lennep, ahora Remscheid, antiguamente Prussia, ahora Alemaniael 27 de marzo de 1845. Su padre se dedicaba al comercio textil y cuando tenía tres años se trasladaron Apeldoorn, Holanda. A los dieciséis años comenzó a estudiar en la Escuela Técnica de Utrecht y vivió con el químico Jan Willem Gunning.

Una broma muy cara

En el colegio, le atribuyeron la caricatura de un maestro, lo que forzó su expulsión, y lejos de la élite científica y señalado de por vida, empezó a investigar en un paupérrimo cuarto de una pensión.

Los albores de la Física y su constancia

A mediados del siglo XIX, la Física era un terreno prácticamente inexplorado, campo al que él decidió dedicar su tiempo y sus esfuerzos.

El 8 de noviembre de 1895, mientras experimentaba con los rayos catódicos unas pruebas sobre pantallas de platino-cianuro de bario, le hicieron llegar a un insólito razonamiento. Esa extraña luz que se plasmaba en la materia y la pasaba de parte a parte, mostraba sus entrañas.

Durante varios días con sus noches quiso estar seguro de lo que había encontrado. Según sus propias palabras, era más partidario de investigar que de pensar: “-Yo no pienso, investigo.” 
Esos rayos atravesaban distintos materiales como finas láminas de aluminio, papel o madera, pero no el plomo. Observó que al sustentar un aro de plomo, además del aro, también veía los huesos de la mano. Aquella luz enfocada hacia el cuerpo humano penetraba hasta el esqueleto y por primera vez lo mostraba tal y como era en realidad.

La incomprensión como pago por parte de la comunidad científica

Eufórico con su descubrimiento, se presentó a sus colegas de profesión con una carpeta estropeada cuyo título rezaba: Estudio sobre un nuevo y desconocido tipo de rayos.

Había sacado fotografías de la mano de su esposa, y de forma espectral allí por vez primera se podía ver lo que es común a todos nosotros, a todo ser, lo que fueron las primeras radiografías de la historia.

Los eruditos científicos lo tomaron como una auténtica herejía, la sociedad ultra católica europea hizo una campaña de descrédito en contra de aquellas emisiones del infierno que ponían al descubierto el alma de los seres humanos.  
En varias universidades tenía prohibida la entrada, sin posibilidad de mostrar su experimento, incluso fue ofendido y agredido con piedras en público.

El reconocimiento de Wilhelm Conrad Röntgen

Dos años más tarde, en el café del Vaso Verde, demostró a varios científicos más jóvenes su descubrimiento. Ese grupo de nuevos talentos lo recibieron con tanta admiración, que todas las universidades del mundo quisieron ver aquellos “rayos X”, llamados así porque Röntgen no quería que llevasen su nombre y al ser de origen desconocido, le pareció apropiado que se llamasen de esa manera.

La historia siguió su curso y el alumno expulsado recibió, en 1901 el primer Premio Nobel de Física. Rechazó la cuantiosa suma de dinero que tenía el premio, prefirió que fuese destinado a mermar las enfermedades que destruían y destruyen el mundo y juró que su invento sólo serviría para hacer el bien.

Lamentablemente, cuando alguien da a conocer al mundo algún hallazgo de tal importancia, ignora en qué manos puede caer, y así fue como médicos y militares se aprovecharon de su invento y sus patentes, llenándose los bolsillos de formas poco morales, mientras aquel hombre noble, se consumió lentamente en los barrios pobres de München, con apenas dinero para subsistir.

Su muerte y su gran contribución

El 10 de febrero, a los setenta y siete años, presa de un cáncer intestinal, lo encontraron muerto en una pensión casi tan mísera como en la que había hecho el gran descubrimiento, pero su forma de ir contra la corriente, su tesón, su acto de bondad y su generosidad sin límites no morirán jamás.

Esta historia de tesón, coraje y nobleza fue contada por Iker Jiménez en el programa Milenio 3 de la Cadena Ser.

@mamiroca

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