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El viaje del alma



En diciembre de 2002, la divulgación de un experimento desató el asombro en la comunidad científica.

Las agencias de noticias lo publicaron escuetamente, sin darse cuenta del universo de posibilidades que se abría a partir de ese momento, en el Hospital Universitario de Ginebra.

Una mujer de cuarenta y tres años puso a disposición de los médicos su cerebro para ser estimulado por medio de electrodos e inducir en plena vigilia la total sensación de abandonar su cuerpo. Levantarse y verse a sí misma, recostada en la cama. Por primera vez la ciencia había originado un viaje astral.

Lo que fue diferente en esta situación fue el reconocimiento por los más afamados neurólogos del mundo, de la facultad de crear estados alterados de conciencia, horrendas visiones o desdoblamientos fuera del cuerpo. Temas hasta hoy ligados a lo paranormal o lo místico que hasta hace unos años, eran prohibidos y ridiculizados.

Un conocimiento exclusivo que los servicios de inteligencia de varios países y los militares utilizaban ya desde los años cincuenta.

El nombre científico

Estimulación magnética transcraneana o E.M.T., una noticia que puede ser el punto de inflexión de una época y que pasa desapercibida en la vorágine diaria. Mediante un intrincado sistema de electrodos, los doctores han conseguido que una paciente tenga esa vivencia de la que ya hablaban Goethe, Dostoyevski, Edgar Alan Poe y Hemingway en sus obras, el llamado viaje astral.

En la época de los egipcios se lo denominaba ‘Ba’, un pájaro con cara de hombre que está dibujado en las tumbas y que se alzaba encima del cuerpo. El espíritu se desdoblaba y tenía conocimiento reflexivo por sí mismo. Puede parecer una película del futuro o un guión muy bien hilado, pero se trata de la actualidad más tangible de la ciencia.

La manipulación del cerebro humano

Anteriormente, en varias ocasiones, los científicos hicieron experimentos tratando de domeñar el cerebro, no en exclusiva para realizar viajes astrales sino también para infundir temor automático en la población. El dominio de la psique es algo cuanto menos inquietante pero cierto. Altas esferas gubernamentales fácilmente permeables a utilizar estos métodos con fines poco claros, de los que se habla muy poco o nada.

La música de la sincronización

Javier Sierra, famoso escritor de best sellers como El Ángel Perdido o La dama de azul, estuvo en el programa Milenio 3 hablando sobre una música de nombre Hemy-Sinc que está ideada con una tecnología que si se la escucha con determinadas premisas, como utilizar cascos y en un nivel alto de decibelios, puede llegar a crear la sincronización de los dos hemisferios cerebrales. Cada hemisferio funciona con una frecuencia diferente y oyendo esta música que tiene acordes distintos para cada uno, se estimula y estabiliza el cerebro, lo que daría como resultado el viaje astral.

Las investigaciones empezaron en los años cincuenta; el ingeniero de sonido Robert Monroe, tuvo viajes astrales de forma natural, lo que le provocó un terrible susto. En su cama padecía de parálisis y se veía fuera del cuerpo a sí mismo. Llegó a creer que estaba enfermo o que podía padecer de un tumor cerebral. Pero descubrió que cada vez que le sucedía, había una vibración dentro de su cabeza. Él por su profesión, sintetizó dichos sonidos, los ordenó y los probó con personas normales. Una de cada cuatro de ellas, escuchándolos en la secuencia correcta, tuvo un viaje astral.

Tres formas de investigar

El doctor Michael Persinger, es psicólogo de la Universidad de Ontario en Canadá y también es el Jefe de Neurología del grupo que hizo los experimentos desde el año 1996. Algunos se hicieron por ejemplo con un casco con electrodos que emitían corriente directamente al lóbulo temporal derecho, y que lograban que pacientes absolutamente escépticos tuvieran espantosas visiones, delirios, la sensación de levitar en el aire o experiencias próximas a la muerte. Persinger ha dicho que en siete años de investigaciones abordó tres canales muy diferentes. El primero, manipular ciertas zonas del cerebro desencadenando sensaciones místicas, como las de Santa Teresa por ejemplo y que el cerebro padeciese tanto que generase heridas en el cuerpo, otro el del placer sexual, tan sólo con tocar un electrodo y el tercero con el que creó en los pacientes bienestar.

El interrogante es ¿cuántos conductos más existen para ser investigados y hasta donde se puede llegar con ellos?

@mamiroca



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