miércoles

La verdad sobre los zombis



Los zombis, autómatas que el cine ha ridiculizado en películas hechas de bajo presupuesto son una realidad más que tangible en algunos lugares del mundo.

Los casos reales de zombis son mucho más complejos e intrincados que lo que se muestra en esos filmes.

En el centro del África negra, hace cientos de años, en las profundas selvas del Haute-Volta, las etnias fon y yoruba establecieron una religión feroz como defensa y ataque de sus adversarios. Contiendas de magia extendidas a lo largo de los siglos, que fueron refinándose en su propia vileza.

Un resultado aterrador de estas batallas se ha trasladado a otros lugares del mundo a través de la esclavitud y es lo que dio como resultado el rito de la ‘zombificación’. Temido y odiado a partes iguales, convierte a los individuos en restos humanos sin raciocinio, que quedan suspendidos por siempre en un tenebroso mundo de oscuridad.

Un zombi de carne y hueso

Clairvius Narcisse en septiembre de 1980 tuvo una conversación con la policía de Haití que fue noticia en todo el mundo, gracias al libro del antropólogo canadiense Wade Davis El enigma zombi.

En su declaración, este ciudadano decía lo que sigue: ‘- Ésta es mi tumba, aquí me sepultaron. Yo morí el 3 de mayo de 1962 y fui enterrado al día siguiente. Me metieron aquí debajo y estuve más de dos días sepultado. Después vinieron a buscarme. Me tuvieron trabajando dos años y nueve meses en una plantación.’

Clairvius Narcisse fue según los médicos un caso de ‘zombificación’, esa especie de leyenda que el cine ha desprestigiado con personajes ridiculizados, pero que en algunos países existen de verdad. Personas que creen firmemente en que alguien puede adueñarse de su espíritu y manejarlo a su merced.

Dueños de sus almas

Hechiceros capaces de crear autómatas con lo que se da en denominar ‘polvo zombi’, una fuerte droga cataléptica, una estudiada mixtura de plantas tales como cedro, aloe, huesos triturados, cerillas, azufre y el veneno de un pez mortífero llamado tetrodotoxina, quinientas veces más potente que el cianuro y sesenta mil más que la cocaína, para que luego sean sus esclavos.

El presidente de la Asociación Geográfica Española, productor de documentales de TVE y corresponsal de guerra Juan José Revenga, estuvo en el programa Milenio 3 del 22 de diciembre de 2002, para aclarar este mundo lleno de sombras. Según sus acertadas palabras esto es un fenómeno religioso que se arraigó en el Caribe con la llegada de gente de las tribus yoruba y fon entremezclado con el vudú y de todo ello nació el zombi, palabra que proviene del congoleño y quiere decir literalmente ‘diablo’.

Lo que se intenta es despojar de la personalidad a alguien por medio de hechizos, conjuros o el polvo zombi. Simplemente con soplárselo al rostro es capaz de dejarlo con dos pulsaciones por minuto, lo que hace que no precise oxígeno, de esa forma se lo puede meter en un ataúd y mantenerlo vivo durante una semana.

Juanjo fue un explorador en primera persona de todo este mundo y vivió experiencias fuera de toda la realidad establecida.

En el Caribe más primitivo, viven personas que no han tenido trato con el hombre blanco, aparte de los esclavos y él tuvo no pocos problemas, hasta que un anciano se le acercó con un bastón en forma de serpiente y le dijo: ‘- ¿Tú qué buscas? Aquí nadie viene por nada’. A lo que él le respondió que iba a buscar la verdad sobre los zombis.

Cara a cara con la magia negra

Al caer la noche el hombre lo llevó a presenciar una ceremonia vudú. Un ritual en el que el sacerdote apareció, deambuló entre la gente, comenzó a pincharse en la cara con alfileres, cantó una especie de mantra y bebió unas pócimas que lo llevaron al estado de trance que es por el cual un médium manifiesta fenómenos paranormales. Luego trajeron una gallina negra, que es de donde él iba a extraer el poder. 

Cogió al animal y sobre un círculo satánico blanco pintado en el suelo, en medio de un monte y rodeado por apenas cincuenta personas bebieron, entonaron cánticos y celebraron una ceremonia vudú tal y como se hace desde el año 1790. Cogió el cuello y lo arrancó de un bocado, bebió íntegramente su sangre porque nada debía caer al suelo, ya que esto enfadaría a Loa, el espíritu que estaba poseyendo la zona en ese instante y que iba a adueñarse del chamán. Con la muerte del animal se convirtió en el intermediario entre el mundo visible y el invisible.

En Haití, uno de los países más pobres del mundo, entierran a sus difuntos en sus propias casas, desde donde pueden verlos, para impedir que el brujo venga por la noche a levantarlos y llevárselos convertidos en zombi. A algunos muertos se los decapita o se les cosen los oídos o la boca para que no puedan oír al hechicero y ser esclavizados.

Hoy mismo en pleno siglo XXI, en la Ley de Haití, el Código Penal, en su artículo 249, se puede leer textualmente: ‘Que cualquier persona que intente quitar la voluntad a otra por medio de hechizos será castigado con la prisión, pero si intentando esto llega a la muerte será acusado de homicidio.’


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