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El significado de las profecías mayas



Una cultura impresionante que dejó un legado prodigioso que intenta remover conciencias.

El escritor y periodista Alberto Granados ha publicado un libro Los vigilantes de los días.

El título ya habla de los mayas como escrutadores de los cielos, personas que en la antigüedad dedicaban su tiempo a analizar los fenómenos y cambios de las estrellas, para registrarlos y dejarlos como legado a la posteridad.

Conocidos ampliamente son sus calendarios y en uno de ellos cada persona que nacía en esta cultura era incluida en un sitio específico, tenía su día propio y toda su vida giraba en torno a él.

Todo ello les permitía según sus cálculos hacer predicciones sobre el futuro y llegar hasta una fecha cercana que no es ni más ni menos que diciembre de 2012.

Los mayas tenían varios calendarios, en concreto para la predicción del fin del mundo o de este mundo tal y como se conoce, el llamado ‘de la cuenta larga’, que dura cinco mil ciento veintiséis años y que finaliza en diciembre de 2012.

Este pueblo hizo muchas predicciones acertadas entre las que figura la llegada de los colonizadores a América, y este calendario ya advertía que el 2012 sería una época de transformaciones.

Hay quien lo toma en clave catastrofista y otros piensan que es una evolución a nivel de la conciencia global del ser humano.

Las profecías ya están aquí

Las revoluciones en el mundo árabe, el quebrantamiento de los límites impuestos por las dictaduras, el movimiento 15-M y la crisis económica mundial configuran una serie de acontecimientos que hablan por sí solos, y que dan pistas al observador de un cambio de mentalidad.

Ofrendas a los dioses

Para escribir su novela, el periodista investigó sobre esta gran cultura y los sacrificios que estos ofrecían a sus dioses para apaciguarlos. Según los códices antiguos, la creencia era que los dioses necesitaban alimentarse del espíritu de los humanos, en la forma de su corazón y su sangre, como los humanos necesitan comer animales para poder nutrirse.

Para ello ofrendaban centenares de personas a las divinidades, principalmente enemigos aprehendidos en las guerras, que eran objeto de estos rituales.

Sobre las pirámides, se abría a las víctimas en dos y mientras la sangre estaba aún caliente, con sus propias manos, cogían el corazón y lo devoraban.

Cuando llegaron los españoles quedaron espantados por estas ceremonias. Al ser cristianizados no se dejó piedra sobre piedra en lo concerniente a estos asuntos y todo aquello quedó definitivamente desterrado.

En la actualidad hay muchos descendientes de los mayas, poblaciones que hablan hasta treinta dialectos distintos.

Las siete profecías

Son siete y la primera habla de que el sol ‘recibirá un rayo sincronizador’. Probablemente un llamamiento de esta cultura para promover en los seres humanos de este tiempo un cambio de paradigmas, un intento de humanización del propio hombre, más que la destrucción material y tangible del planeta como tal.

Cada vez que finalizaba un calendario maya, el siguiente empezaba nuevamente desde el número uno, con lo que también da una idea de nuevo comienzo, de que cuando termine este calendario, se volverá a iniciar otro, con otros cinco mil ciento veintiséis días para hacer las cosas de forma diferente. Se podría pasar de un ciclo radicalizado por el materialismo feroz y el canibalismo del poder a un período más centrado en el espíritu, en lo intangible.

La segunda profecía ya estaría en marcha y es la que dice que el Sol tendría cambios que a su vez derivarían en mutaciones en las personas. Esta teoría proviene de las manchas solares, ya que el sol como toda estrella tiene un principio y un fin, y la dependencia que tiene el planeta tierra de él hace que el destino de uno esté ligado al del otro.

La tercera apunta a los desequilibrios climáticos en la que los científicos ya están realizando sus investigaciones en ambos polos.

La cuarta habla textualmente de una "ola de calor", cosa nada ajena a lo que sucede actualmente con el aumento de las temperaturas, lo que provocaría el derretimiento de los polos.

La quinta insta a consustanciarse con la naturaleza, a imbuirse de sus ritmos, a hacerse uno con ella, ya que de ella proviene nuestra esencia.

La sexta alerta de la llegada de un cometa de enormes dimensiones y también meteoritos.

Y por último la séptima habla de la esperanza, de cómo después de cada tormenta llega la calma, de que después de cada noche llega el amanecer, habla de que un nuevo mundo es posible.

Tal vez ahora, con la lección bien aprendida.

Imagen: chiwulltun.blogspot.com



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