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El Ejército chileno frente al misterio


En el año 1977, una patrulla de soldados tuvo un extraño encuentro con unas luces que marcaron su vida para siempre.

En la frontera limítrofe entre Chile y Bolivia, el Cabo Armando Valdés Garrido, Humberto Rojas, Iván Robles, Germán Riquelme, Raúl Salinas, Pedro Rosales y Juan Reyes, fueron testigos de lo imposible. Una intensísima luz descendió a quinientos metros de ellos, se dividió en dos, dejando caer un artilugio del que poco se habló. El Cabo Valdés, sufrió una especie de alucinaciones y emitió unas frases totalmente incoherentes, o quizás no tanto: ‘- Ustedes no saben de dónde venimos, ni quiénes somos, pero regresaremos.’

Silencio impuesto

Poco después so pena de muerte, en plena dictadura chilena, fueron separados de sus destinos habituales, para nunca más volverse a encontrar.

Veinticinco años más tarde, en el programa Milenio 3, contaron su historia. Raúl dijo padecer secuelas aún hoy de ese encuentro y creer sinceramente que aquello era algo de otro mundo sin ninguna duda y que jamás podría olvidar. Un valiente que presenció un hecho complicado de descifrar en primera persona.

La Agencia France-Presse en Chile, dijo que todos los integrantes de la patrulla de Rancagua fueron exhaustivamente examinados, en los dos hospitales militares buscando una verdad incómoda. Jamás se dio a conocer ningún informe médico ni de otro tipo y el expediente aún no ha sido desclasificado, a pesar de haberse cumplido el término legal para darlo a conocer.

El Cabo Valdés desaparece

En el momento en que los soldados se internaron en la luz, una neblina lo inundó todo. Algunos sintieron el golpe seco como de una culata y se desvanecieron. Cuando despertaron, estaban todos menos el Cabo Valdés, sin que en esa inmensa llanura hubiera algún resquicio donde esconderse. Durante quince minutos no hubo rastro de él. Por fin, con una voz angustiada los llamó. Como un saco de pertrechos, apareció el soldado con todo su equipo, de la nada y pese a haberse rasurado esa mañana, con la barba crecida de varios días.

Pedro Araneda, un maestro rural que les dio cobijo al día siguiente, dijo que sus armas estaban completamente retorcidas. El reloj del Cabo Valdés marcaba el día treinta y no el veinticinco y estaba detenido en la misma hora en que vieron descender el objeto. Un año más tarde, habló con los periodistas Luis Daroch y Luis Maturana de la pieza, similar a un hierro de motor que encontraron los soldados. Ambos periodistas luego de manipular el artilugio enfermaron y Luis Daroch murió en el año 1985, de cáncer, pero tal vez solo sea un mito de este caso tan silenciado.

El Cabo Valdés fue obligado a guardar silencio, los soldados, destinados a lugares muy lejanos unos de otros, para impedir su comunicación. Un mutismo absoluto de veinticinco años, promovido directamente por el General Pinochet.

Distinción en el desfile militar

La Junta de Jefes del Estado Chileno se amparó en el Decreto 1281 para no revelar ni una sola coma del incidente. El 19 de septiembre de 1977, cinco meses después del hecho, nadie se explicó porqué Armando Valdés Garrido, el jefe y ‘punta de lanza’ del episodio, realizó el desfile militar anual, solo y encabezando a todos los mandos del Ejército.

Humberto Rojas, a día de hoy Suboficial de Carabineros contó que el día después vieron enormes marcas en la zona. Aseveró que quedaron dos cráteres como huella palpable. Según sus propias palabras el Cabo Valdés,  que era muy creyente se puso a rezar y los alentó a ello, mientras que gritaba para que lo que fuese se identificase.

Se da a conocer al mundo

Tres días después del descendimiento de la patrulla del Regimiento Rancagua, los periódicos más importantes de Chile, publicaron la noticia en primera plana informativa.

La versión militar

El único informe oficial de todo este controvertido suceso, fue el dado por la Junta de Gobierno Militar de Chile alegando, que el Ejército no se pronunciaba en cuanto a los hechos relatados por los soldados. Desde el momento en que acaeció hasta que se dio a conocer por los periódicos, no se había dado una versión oficial proveniente de la Institución. Además, se quiso dejar en claro que lo dicho por la prensa era, en general, semejante a lo expresado por los soldados.

Jorge Faundes quiso saltarse a la torera el decreto del silencio, el 1281 y mandó una carta al Gobernador y Coronel del Ejército Carlos Figueroa. Su respuesta fue firmada por él mismo dando autorización para entrevistar a toda la patrulla en relación con una ‘experiencia extraterrestre ocurrida el 25 de abril de 1977, en la localidad de Putre.’ Luego de esta contestación, negaron en rotundo la posibilidad de hablar con los testigos.


Acrecentando el misterio real, el silencio militar propició que el caso se convirtiese en uno de los grandes ‘Expedientes X’ del siglo XX.


@mamiroca

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