miércoles

Una leyenda en la Universidad



Esta es una historia que lleva varios años contándose en las residencias universitarias.

Evidentemente esto es una leyenda urbana, al menos por lo que se sabe hasta la fecha, aunque podría ser un caso real ya que no hay fantasmas ni seres espectrales de por medio que se escapen del mundo de lo tangible, y puede resultar atractiva ya que no está de más a veces internarse en este mundo, el universitario, donde al parecer todo les sonríe a los jóvenes y la vida es un maravilloso lugar donde las hormonas están a flor de piel y todo está por vivir y por descubrir.

La historia

Según se cuenta, una muchacha compartía habitación en la universidad con una compañera. Ambas tenían una gran complicidad e iban a todos los sitios juntas. Pero la intimidad es poca en el pequeño habitáculo de una residencia universitaria, lo que hizo que cuando alguna de las dos quisiera disfrutar de una velada especial o de un romance nocturno con un chico, hubiesen llegado a un acuerdo. El pacto consistía en que si alguna de las dos quería estar a solas con alguien, colocaría en el pomo de la puerta una banda elástica a modo de aviso, con lo que la otra advertiría que no era el momento apropiado, porque su amiga estaría disfrutando de una noche en compañía masculina, dándole a entender además que tendría que quedarse a esperar pacientemente y en silencio en la escalera hasta que todo terminase.

A veces las cosas no salen como uno quiere

En una noche fría de truenos y tormenta y calada hasta los huesos llegó a la residencia una de las chicas. Era ya tarde en la madrugada y corrió raudamente hacia la habitación con el único pensamiento de darse una tibia ducha, cambiarse de ropa y cobijarse al abrigo de las cálidas mantas. Al llegar a su destino, tocó el pomo de la puerta para abrirla y al girarlo notó con sorpresa que justo esa noche en que ella necesitaba entrar más que nunca, su amiga estaba divirtiéndose. Hoy no era grata su presencia en casa. El frío y la humedad de la residencia estaban haciendo mella en su cuerpo a medida que iban penetrando por su ropa, y sumado al cansancio acumulado por los estudios y el miedo que tenía a la oscuridad, decidió que entraría de todos modos, con  la mayor precaución para no hacer demasiado ruido, no encender la luz y no molestar.

Entrando muy despacio

El pomo de la puerta sonó imperceptiblemente, retiró la goma y en la misma puerta se quitó la ropa y muy sigilosamente se metió en su cama, escuchando los jadeos y susurros de la pareja de amantes, pero que pronto dejó de oír al colocarse los tapones de estudiante y pensando que ya mañana daría las explicaciones pertinentes por haber irrumpido en tan mal momento.

El día después

Llegó la mañana siguiente, y un sonido agudo y penetrante la despertó antes de la hora programada. Era su teléfono móvil. Un zumbido repetitivo y molesto. Se sintió extrañada y molesta por un mensaje a esas horas tan intempestivas. En la oscuridad, para no molestar a sus acompañantes, atinó a coger el móvil de su bolso y en el mensaje pudo leer: ‘¿-No te alegras de no haber encendido la luz?’.

Contrariada por el enigmático mensaje, así lo hizo y posó sus ojos sobre la otra cama.

Lo que vio

Con horror descubrió que su amiga estaba atada de pies y manos a la cama, con una bola de tela tapándole la boca y abierta en dos como un animal en el matadero, la sangre salpicaba las paredes y lo inundaba todo. Otra vez el zumbido que venía del móvil, con otro espantoso mensaje: ‘-¿Te alegras o no?’.

Este relato fue contado por Katia Rocha, en el programa Milenio 3 de la Cadena Ser.


@mamiroca

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