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Puerto Hurraco







La simple mención de Puerto Hurraco hace que se recuerde una de las peores matanzas entre vecinos, ocurrida en España en los años noventa.

El 26 de agosto de 1990, en una pedanía del municipio de Benquerencia de la Serena, en Badajoz, pasadas las diez de la noche, dos hombres con atuendo de cazadores, llevando escopetas de calibre doce se bajan de su Land Rover a escasos metros de la calle Carrera. Sus nombres son Antonio y Emilio Izquierdo de cincuenta y tres y cincuenta y ocho años de edad, que saben muy bien por qué están allí y qué es lo que pretenden. Acabar con la familia Cabanillas en su totalidad.

El origen

La familia Izquierdo, también llamados los ‘pataspelás’ y la familia Cabanillas a los que llamaban ‘amadeos’, durante más de treinta años han visto crecer el odio en sus entrañas. Un asunto no resuelto por los límites de unos terrenos fue lo que creó las desavenencias entre las dos familias que terminó por declararlos adversarios a muerte cuando un romance entre Luciana Izquierdo y Amadeo Cabanillas finalizó con el crimen de éste a manos de Jerónimo Izquierdo, el jefe de familia en enero del año 1967. Luego llegaron las amenazas, los improperios y las cuchilladas en diversas peleas y como colofón el fallecimiento de Isabel Izquierdo, la madre de Antonio y Emilio y de otros cuatro hermanos en un incendio provocado que nunca fue aclarado. Los hijos de Isabel acusaron a la otra familia.

La matanza

Los hombres armados con escopetas, esperaron agazapados la aparición de sus futuras víctimas, Antonia y Encarnación Cabanillas de catorce y doce años de la familia de los Izquierdo y les apuntaron con sus armas.

Manuel Cabanillas rompió en un grito desgarrador al contemplar la escena desde el bar de al lado. Corrió desesperado, pero cinco disparos terminaron con él. Antonio Cabanillas, su hijo fue alcanzado por un disparo en la espalda al intentar resguardarse.

Los asesinos volvieron a cargar las escopetas y dispararon contra Aracelli Murillo Romero, muriendo instantáneamente mientras contemplaba el paisaje en su silla de mimbre. José Penco Rosales intentó mover a los heridos y llevarlos a un lugar seguro, pero los Izquierdo arremetieron contra él y una bala que entró por el cristal delantero lo dejó muerto sobre el volante del vehículo. No satisfechos aún, caminaron por el centro del pueblo apuntando a todo lo que se movía. Manuel Benitez, su hermano Reinaldo y su cuñada Antonia Fernández intentaron desesperadamente huir pero no tuvieron suerte. Mataron a Reinaldo y Antonia, y Manuel acabó muy mal herido.

Todo indicaba que ya habían cumplido su macabro objetivo, que su venganza por fin estaba cumplida, los pocos que lograron escapar dieron parte a la Guardia Civil en Monterrubio de la Serena, de donde salió presto un coche patrulla. Los dos guardias civiles no pudieron detenerlos, ya que los hirieron de gravedad dentro del mismo vehículo policial.

Aún no eran las once de la noche cuando Puerto Hurraco era una sangría humana. El resultado de la matanza fueron siete muertos en el acto y ocho heridos graves, dos que fallecieron tiempo más tarde.

Los hermanos dieron por concluido el trabajo y huyeron al monte. Más de doscientos agentes realizaron una redada que duró toda la noche en la que los habitantes de Puerto Hurraco se encerraron a cal y canto en sus domicilios.

La captura y el desenlace

A las nueve horas de búsqueda, Emilio es apresado junto a la casa de dos de sus víctimas y al tuerto lo cogieron en el monte intentando huir.

Para la gran mayoría del pueblo, ellos no fueron los únicos que pergeñaron todo este horror. También se señaló a Ángela y Lucía, las dos hermanas de los criminales que vivían con ellos, acusadas de ser el cerebro de la trama.

En cuanto se supo lo que había pasado, las dos hermanas habían salido del pueblo. La policía las localizó cuatro días después, en la estación de trenes de Atocha, vestidas de luto, como lo hacían desde la muerte de su madre.

Su informe psiquiátrico, solicitado por el juez del caso confirmaba que ambas padecían paranoias que podían haber inducido a los asesinos. A pesar de ser dos mujeres, el exhaustivo examen médico aseveró que eran dos cuerpos que funcionaban como un solo cerebro.

Dos años más tarde fueron exculpadas por no existir pruebas contundentes de su implicación y fueron internadas en el hospital psiquiátrico de Mérida. Los hermanos, encarcelados en la prisión de Córdoba tuvieron otro destino, la condena fue de seiscientos ochenta y cuatro años de cárcel.

Durante el entierro, el obispo de Badajoz instó a todo Puerto Hurraco a ser un pueblo heroico, a perdonar, olvidar y vivir en paz.

Imagen: fotolog.com


@mamiroca


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