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Una patrulla militar frente a un OVNI en Chile



En el desierto que conduce a la frontera con Bolivia, los soldados se protegían del frío, a dieciocho grados bajo cero.

Alrededor de las tres y media de la madrugada, una extraña luminaria se presentó sobre el monte, lo que provocó que la patrulla se pusiese en situación de ataque. A la voz de alto, una luz lo inundó todo, convirtiéndo la noche en día. A partir de allí, nació uno de los expedientes OVNI más intrigantes de la historia reciente y que continúa siendo alto secreto militar para el gobierno chileno.

Todo ocurrió el 25 de abril del año 1977 y Oscar Figueroa, Gobernador Civil de la provincia de Arica y Coronel del Ejército Chileno, declaró la Ley de Restricción Informativa por decreto 1281, y con ello tapó con un manto de silencio el caso OVNI del Cabo Valdés.

Departamento de Granaderos del Regimiento Rancagua, zona de conflictos entre Chile y Bolivia, la Pampa Lluscuma, entre desierto y arboledas a cinco kilómetros de Putre, a cuatro mil metros de altura y a dos mil ciento setenta kilómetros de Santiago de Chile, lo que podría parecer el último lugar del mundo.

Los testigos de lo increíble

La patrulla estaba compuesta por el Cabo Armando Valdés Garrido, Humberto Rojas, Iván Robles, Germán Riquelme, Raúl Salinas, Pedro Rosales y Juan Reyes, todos ellos actores de una ficción real.

Algo muy extraño sucedió aquella noche que hizo que el General Pinochet de su puño y letra ordenara censura total a todo lo referente al caso. Pero que a su vez, trastoca la vida de estas personas para siempre.

Armando Valdés fue el Cabo que sin quererlo fue el protagonista de este peculiar relato. Según sus palabras, ‘fue una pesadilla’. Al día siguiente de ese 25 de abril, regresó de las montañas, asustado, blanco como el mármol, lo mismo que el resto de sus compañeros. Pedro Araneda, maestro rural, los hospedó en su casa, tratando de tranquilizarlos.

En unas declaraciones al programa Milenio 3, afirmó que se encontraban de guardia, conversando para acortar la fría y dura noche y los soldados acudieron a avisarle que algo sucedía en el exterior. Fue hasta donde le indicaron y vio que un objeto luminoso descendía y se perdía detrás del cerro, aproximadamente a mil quinientos metros. Luego un segundo aparato, bajó a quinientos metros de ellos e hicieron apagar la hoguera que tenían encendida, por si los alertaba porque parecía que les llamaba la atención.

Los soldados estaban petrificados con la vista al frente y un objeto que pareció dividirse en dos aparatos circulares y luminosos aterrizó en el desierto. La patrulla los observó durante un tiempo. Valdés propuso acercarse, pero Germán Riquelme le advirtió que eso no era nada conocido por el hombre.

El soldado Rojas, uno de los primeros alarmados comentó también, que estando juntos Raúl Salinas, Iván Robles, Germán Riquelme y él, Pedro Rosales gritó: -‘¡Miren lo que viene ahí!’. Asustados por sus alaridos, salieron corriendo y vieron una luz enorme que bajó del cielo y se posó enfrente de ellos. Durante casi una hora estuvo el objeto emitiendo luz intermitentemente delante de su mirada pasmada.

Un lugar extraño

Este lugar es bien conocido en Chile por sucesos extraños, anteriores a este. El periodista científico Cristian Riffo Morales, que hizo para el programa una reconstrucción de los hechos, contó que no es un lugar desértico sino más bien una arboleda muy verde con unas caballerizas abandonadas, por eso este fue un lugar estratégico del Ejército Chileno que en aquella época tenía varios problemas limítrofes con sus países vecinos.

El instinto animal

Armando Valdés afirmó que los trescientos seis caballos de ese regimiento se pusieron en fila, mirando la luz. Eso provocó que los militares tomasen las armas y se dirigieran directamente hacia ella.

El periódico La voz de Arica, fue el primero que publicó la noticia, sus colaboradores fueron al sitio y tomaron fotografías. Toda esa zona está catalogada como un lugar en el que se producen avistamientos de OVNIS.

Un caso anterior fue el de un boliviano que afirmó tener unas marcas triangulares, huellas del encuentro con el misterio.

Algo parecido a lo que les sucedió a los soldados, que mientras corrían hacia el posible objetivo, sintieron como si alguien les diese culatazos. A todo esto se suma algo ya clásico en la ufología, la pérdida de la noción del tiempo, una somnolencia rara, y todos los soldados lo recordaron perfectamente. El Cabo Valdés estando en primera línea de fuego, vio como el objeto se retiró hacia atrás, ellos se identificaron como corresponde a todo militar porque podía ser ‘cualquier cosa’, y con la intención de que lo que fuese también lo hiciese para establecer algún tipo de comunicación. Durante una hora estuvieron en esa tesitura, sin lanzar ni siquiera un disparo al aire.

Si hubiesen tirado un tiro

Tal vez se arrepintieron de no haberlo hecho, ya que después comenzaron a sucederles cosas extrañas a nivel individual. Al soldado Raúl Salinas, que iba justo detrás del Cabo Valdés, esa noche le había tocado la primera guardia y la custodia de las caballerizas con su compañero Robles, dos soldados cada dos horas y los llamaron para guarecerse. Cuando llegaron al encuentro con sus compañeros vieron una especie de estrella que cayó detrás del cerro de un color amarillo verdoso. 

El miedo lo dejó inmóvil y cuando intentó moverse, sintió un golpe fuerte en su espalda del cual aún conserva las marcas como de una vacuna, que lo dejó aterrorizado. Volvió a mirar hacia el monte y vio una neblina blanca a mil quinientos metros, de esa neblina ‘salió una nave’. El pánico comenzó a hacer mella. La nave se acercó a quinientos metros y entonces todos sintieron calor y sueño. Durante diez minutos perdieron la conciencia y se despertaron de golpe. Entonces, se dirigieron prestos hacia un muro y algo cayó a sus pies.

El soldado Valdés entró en un estado de locura transitoria, llamaba a su madre, reía y lloraba al mismo tiempo y con la barba crecida de una semana, pronunció unas frases que quedaron para siempre en la memoria de los demás: - Ustedes no saben de dónde venimos, ni quiénes somos, pero regresaremos’.

Ya en plan de confesión, Raúl Salinas le habló a Iker Jiménez sobre el objeto que estaba detrás del muro. En ese momento no quiso echar más leña al fuego, pero era una cosa dorada, que era algo dorado que brillaba, e hizo dibujos del mismo.

La patrulla se disuelve

Una vez que pasó todo, cuando llegaron a la población de Putre, los altos mandos del Ejército se encargaron de separarlos y de realizar un seguimiento de todos ellos. Después de más de veinticinco años no habían podido hablar entre ellos de lo ocurrido. Según las propias palabras de Salinas les dijeron que si hablaban mucho los iban a mandar para el otro lado’. Una amenaza en toda regla

Imagen: Tumblr.com



@mamiroca