lunes

La dama de Elche


Hay algunas obras de arte que reflejan lo más excelso de dicha expresión humana y que nos transportan a regiones desconocidas.


Cualquiera puede estremecerse ante un resto arqueológico de cientos o miles de años de antigüedad, como un sarcófago o una pieza de arte íbero, son piezas que provocan emociones encontradas e indescriptibles. Objetos que presenciaron hechos en la historia de los cuales hoy sólo se puede tener una idea a través de ellos.

Nacho Ares investigó una pieza enigmática y fascinante como pocas, plagada de interrogantes, que es patrimonio español y que sigue generando controversias.

Su aparición

El 4 de agosto de 1897, un médico de Alicante, llamado Manuel Campello, que como hobby solía comprar y vender obras de arte, halló en unas propiedades que poseía en La Alcudia, localidad cercana a Elche, del que se sabe que fue un enclave del pueblo íbero, un busto de mujer de poco más de cincuenta centímetros de alto. Dispuesta entre seis losas verticales, dentro de un estrato de época romana, la que hoy es conocida como ‘La dama de Elche’, fue datada en el siglo V antes de Cristo. Está tallada en piedra caliza con una oquedad en la que posiblemente se introducían ofrendas al difunto, objetos sagrados o reliquias.

Sus vestiduras son totalmente íberas, una túnica de lino azul, una mantilla sostenida por una peineta o tiara que cae sobre el pecho. Un manto de color marrón de tela gruesa que la cubre. Además lleva unas joyas características de los íberos, unas ruedas que cubren las orejas sujetas por unas cadenas que le surcan la frente.

El descubrimiento tuvo una notoriedad importante, a tal punto que investigadores del Museo del Louvre, entre ellos Pierre Paris, adquirieron la pieza por la suma de cinco mil doscientas pesetas de plata de aquella época y sólo en 1941 fue recuperada por el Museo del Prado y treinta años más tarde, trasladada al Museo Arqueológico Nacional.

El centenario y serias dudas

Cuando se celebró el centenario del hallazgo de la obra, el Museo Arqueológico realizó una exposición denominada ‘Cien años de la Dama de Elche’, pero se creó una gran controversia cuando un grupo de investigadores afirmaron que era tan sólo una falsificación que no tiene más de cien años de antigüedad.

El profesor de Arte la Universidad de Nuevo México en Estados Unidos, John Moffitt, en el año 1995 escribió un polémico libro llamado El caso de la Dama de Elche, crónica de una leyenda, en el que sugería que Campello, el dueño del lugar donde se encontró la pieza, mandó ejecutar el fraude a un genial falsificador del siglo XIX, Francisco Pallás y Puig.

Lo raro de encontrar una pieza de tamaño natural, la atípica base de forma cuadrada de la dama, el que fuese un busto y la expresión de su cara, además de las circunstancias en las que fue encontrada dan mucho que pensar.

El verdadero descubridor fue un muchacho de catorce años del mismo nombre que el médico, pero que nada tenía que ver con él. La criatura explicó que la tierra en derredor estaba suelta, como si hubiese sido puesta allí recientemente, dato al menos extraño. 
Fue hallada en un estrato de época románica, dudas que comprensiblemente para Moffitt se convirtieron en indicios suficientes de que la escultura no encaja dentro de lo que se considera arte ibérico en el sentido estricto del concepto.

Moffitt y algunos más anteriormente a su hipótesis también pusieron en duda que la dama en cuestión no era lo que pretendía ser, y aunque su libro contiene varias erratas, las pruebas alegadas por él y otros arqueólogos dan que pensar al menos sobre la autenticidad de la misma.

Solución posible

Haciendo un sencillo análisis de los restos de pintura que aún quedan en la superficie de la obra, se podría verificar y comprobar fehacientemente su origen, verdadero o falso, pero aún no ha habido nadie que haya tenido los redaños necesarios para efectuarlo. 


Imagen: Tumblr.com

Publicar un comentario