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Juan José Benítez y el Caso del Cabo Valdés



Una patrulla del ejército chileno, que se enfrentó a lo desconocido con secuelas de por vida.

Como una espesa tela de araña, una red de silencio comenzó a extenderse por todos y cada uno de los protagonistas de esta historia. Con el decreto 1281, el caso fue torpedeado hasta enterrarlo en el olvido.

Muchos rumores y elucubraciones rodearon a lo que le sucedió al Cabo Valdés esos quince minutos que estuvo desaparecido, mucho silencio al porqué de las marcas de algunos de los soldados en la piel hasta el día de hoy. Cómo se explica que los fusiles aparecieran retorcidos según los que los vieron. Por qué algo que teóricamente no existe deja unos hoyos tan profundos como si hubiesen aspirado la tierra. Cuál era la tremenda broma que se dio cita esa noche en la línea fronteriza entre Chile y Bolivia.

A partir de ese instante se generó toda una trama de silencio que lo invadió todo, como la potente luz de aquella noche.

Seguramente hubo un caso primigenio real, al que luego se le fueron agregando ingredientes, tal vez por el silencio que dio lugar a las especulaciones que hizo que cada uno hoy tenga su caso particular.

Se dijo que Augusto Pinochet consideraba al Regimiento Rancagua como unos elegidos.

Un experto en estos temas

Juan José Benítez, el ampliamente conocido investigador y periodista, autor de Caballo de Troya, después de gestiones un tanto complicadas, tuvo la oportunidad de entrevistar al mismísimo General en el año 1989. En una conversación que duró cuatro horas, en su casa y de forma privada el General intentó esquivar el tema, a pesar de que Benítez por activa y por pasiva trató de que le hablase del caso. En el momento de la merienda, Pinochet salió de la habitación y telefoneó a alguien, pero aunque el periodista intentó sonsacarle algo fue imposible.

Al día siguiente, en la puerta de su hotel un militar le solicitó el pasaporte. Cuando tuvo confirmada su identidad, le entregó un paquete ‘de parte del General.’

Era el informe secreto, militar y confidencial en su totalidad, con todos los pormenores del caso. Entrevistado por Iker Jiménez en petit comité, le aseguró que no había cambiado mucho su visión de las cosas porque él ya había entrevistado a los protagonistas y había estado con investigadores chilenos que le habían dado a entender, que había pasado algo muy extraño y que todo era cierto. Estos papeles eran los informes médicos y psiquiátricos que efectivamente corroboran lo sucedido. Lo que sí le sorprendió es que los militares, tanto chilenos como estadounidenses, hubiesen intentado desvirtuar el tema de cara a la opinión pública y lo que demostraba este dossier, era que se lo tomaron de forma muy seria.

Secretos y vigilancia

Cuando unos meses más tarde Juanjo Benítez regresó a Chile, volvió a entrevistarse con el General Pinochet y le inquirió sobre la negación total y absoluta que mantuvo éste durante las cuatro horas que estuvieron conversando sobre el incidente, a lo que él le respondió en voz muy baja: ‘- Usted no lo va a creer, pero los norteamericanos graban todas mis conversaciones.’

Una historia con muchas sombras

El episodio se denominó ‘El caso del Cabo Valdés’, pero fue toda la compañía la que sufrió los desajustes de este incidente, si bien como apuntó J.J. Benítez el más afectado fue Valdés.
El acontecimiento es un tanto más extenso de lo que se contó al público. Los soldados que estuvieron allí, esos soldados apostados con sus caballos, en un lugar que parecía el fin del mundo y a quince grados bajo cero, vieron el desarrollo de unas luces que terminaron por descender a poca distancia de ellos y lo que sí le revelaron era que no era la primera vez que las veían sino que ya las habían visto en otras ocasiones.       

Por las conversaciones que tuvo él mano a mano con ellos, no cree que hayan sufrido ninguna disfunción en cuanto al tiempo, sólo el Cabo Valdés que se esfumó de la vista de la patrulla y a los quince minutos reapareció con el calendario del reloj alterado y con barba muy espesa. Él estuvo con la persona que habló antes que nadie con el Cabo e insistió en el detalle de que se había rasurado ese mismo día, antes de iniciar la guardia y volvió con una barba de cinco días.

También comentó el hecho de que a las pocas horas los separaron, sin darles la oportunidad de hablar sobre lo sucedido, cosa que los hizo sentir bastante frustrados.

Lo más serio de todo es que había una humilde familia que vivía cerca de allí y que al poco tiempo murieron de cáncer, probablemente debido a objetos que aparecieron llamativamente en el lugar, cogidos por estas personas.

Toda una historia paralela que no tuvo la suficiente investigación o al menos no se ha dado a conocer que nos habla de un caso muy complicado, con muchas aristas, y que se ha convertido en un clásico del fenómeno OVNI.

Hablando específicamente de Valdés, dijo J.J. Benítez que es una persona "muy en sus cabales",  pero que tuvo la fatalidad de hacerse adepto a una iglesia que le hizo asimilar su vivencia como un encuentro con el maligno.

El tiempo perdido

Nadie sabe qué sucedió con la distorsión del tiempo que sufrió Valdés, el gran dilema de todo el caso.

Para Benítez, aparecieron dos naves, una de ellas aterrizó y algo hicieron con este hombre, secuestrarlo, abducirlo, no hay una palabra certera, que al mismo tiempo significaron quince minutos y cinco días en nuestra lógica de espacio- tiempo y de eso está ‘completamente seguro’. Que el resto de compañeros fueron testigos en primera línea, sin olvidar a los trescientos caballos, testigos mudos de lo sucedido y la familia de campesinos que estaban muy próximos al escenario principal.

Para quienes creen y para quienes no, en el planeta tierra suceden cosas que escapan a la realidad más tangible.

Imagen: Wikipedia.org


@mamiroca


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