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El misterio de Las Meninas



Cualquiera que haya visitado el Museo del Prado puede contemplar este impresionante cuadro, que guarda algunos secretos.

Hasta hace unos años, en el museo había un espejo que daba la posibilidad a quien se mirase en él, de verse dentro del cuadro de Las Meninas. Situándose de espaldas al cuadro y contemplándose en el espejo, casi se podía tocar a los personajes que representaban la famosa escena del siglo de oro español.

Nacho Ares, Licenciado en Historia Antigua por la Universidad de Valladolid y director de la Revista de Arqueología, además de presentador del programa Ser Historia de la Cadena Ser, investigó este cuanto menos curioso suceso.

Sus orígenes y sus misterios

Las Meninas o La familia de Felipe IV, según figura en el inventario de 1734, es la obra más importante del pintor español Diego Velázquez y posiblemente la de mayor relevancia en la pintura de España, pero este es uno de los pocos argumentos en los que están de acuerdo la mayoría de los críticos.

El cuadro tiene una complejidad insospechada en diversos aspectos a nivel pictórico, mágico y humano y a su vez refleja al pintor español en sus matices más desacostumbrados.

Se sabe hoy que fue pintado en un salón de la esquina sureste de la planta baja del antiguo alcázar de la noble familia de los Austrias, en Madrid. Pero lo que no se sabe a ciencia cierta es el enigma que esconde el retrato de la familia de Felipe IV.

Algunos críticos creen haber descifrado el código secreto que encierra.

El nombre del cuadro

En el año 1843, en el catálogo del Museo del Prado realizado por Pedro de Madrazo, es cuando por primera vez se le denomina Las meninas, debido a la descripción hecha por el escritor y pintor Antonio Palomino en su libro El museo pictórico y escala óptica, donde usaba el término meninas de origen portugués para referirse a las acompañantes de alta cuna, que asistían como doncellas de honor a las infantas, hasta que se hacían mayores de edad.


Una escena poco común

Además plantea serios interrogantes que aún no se han podido resolver satisfactoriamente, como el estilo pictórico, que no encaja dentro de ninguno de los estilos tradicionales. Tampoco es un retrato de familia al uso, sino más bien como si los personajes observasen a quien se acerca a ver el cuadro, más bien como cuando alguien entra a un gran salón y sorprende a los que están dentro realizando sus actividades. Tal vez el propósito fuese que el observador de la escena fuese el propio rey Felipe IV.

Pinceladas de astronomía

Uniendo el corazón de las figuras que se consideran principales: Velázquez, la menina Agustina Sarmiento, la infanta Margarita, la menina Isabel de Velasco y el aposentador de la reina José Nieto, se puede recrear la constelación Corona Borealis, en la cual su estrella más brillante y que ocupa el mismo sitio que la infanta tiene su nombre, Margarita.

Por otro lado, si se unen las cabezas de las personalidades del cuadro, con el perro incluido, da como resultado el símbolo de Capricornio, signo del zodiaco al que perteneció Mariana de Austria y su círculo que contiene y protege las figuras de los reyes en el espejo del fondo del salón, además de que algunos sostienen que por la forma en que la luz entra por la ventana es la del 23 de diciembre de 1656, fecha en que la reina cumplía años.

Una sincronía asombrosa

Parece como si todo estuviese concatenado de una forma peculiar. Cuando murió Velázquez fueron encontrados en sus aposentos libros de Euclides, Leonardo Da Vinci, Jerónimo de Chaves el astrónomo, catorce tomos sobre astronomía y cosmografía y nueve que versaban sobre astrología, y esto añadido a los cinco telescopios de los que era poseedor, no es extraño pensar que Las meninas contengan en sí mismas un oscuro lenguaje y un intrincado horóscopo.

Imagen: Tumblr.com

@mamiroca



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