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El linaje de Jesús


Rennes-le- Château, es un lugar en Francia, donde fueron quemados por herejes los cátaros en el siglo XII, por poner en duda la autoridad eclesial.


Pero esos tiempos habían quedado olvidados hasta que un cura con muchos secretos desencadenó una serie de sucesos que no dejaron a nadie indiferente, y llevó consigo un descubrimiento que iba a cambiar para siempre la historia de ese lugar.

Llegó con treinta y tres años, su nombre era Bérenguer Saunière. Su destino como cura era más bien una penitencia en aquella época, en una zona triste e inhóspita de Francia. Empezó reconstruyendo la Iglesia y lo hizo de forma espectacular, tal vez por haber encontrado un gran tesoro. Luego de su muerte, se contó que en una columna visigótica habría hallado unos tubos cerrados que contenían varios pergaminos.

La transformación

Al poco tiempo, en la entrada de la Iglesia emplazó la figura de un diablo que ahora mismo está allí, Asmodeo y una inscripción en lo alto que dice: ‘Este es un lugar horrible’.

Para muchos este hombre encontró algo más que un valioso tesoro, que envolvía a grandes personajes y que llevaba ni más ni menos que al tiempo de Jesús de Nazaret.

Entre tantos libros escritos sobre el tema, en El enigma sagrado de Henry Lincoln, Michael Baigent y Richard Leigh se cuenta que lo hallado por el párroco podría ser, ni más ni menos que el árbol genealógico de la descendencia de Cristo.

Un hombre que fue protegido y a la vez silenciado con muchos millones de francos de antaño.

Javier Sierra, famoso escritor de libros como La dama de azul o El ángel perdido, en el programa Milenio 3 del 28 de diciembre de 2002, realizó una rigurosa investigación in situ en Rennes-le-Château. Nos contó que quien lo visite, cerca de los Pirineos Catalanes, puede apreciar el legado del párroco que transformó el paisaje, construyendo la carretera para acceder allí y darse el lujo de subir el primer coche que llegó a la comarca y que se gastó un millón de francos oro, equivalente a tres millones de euros. Un párroco olvidado, sin influencias, hasta que encontró esos documentos.

Javier Sierra durmió en la cama del propio Bérenguer Saunière, en lo que hoy es la Villa Betania, la mansión que se construyó con ese dinero.

Pero la historia del padre Bérenguer Saunière comenzó en el año 1885, cuando fue destinado como párroco a esa Iglesia de un pueblo de cien habitantes. Lo único que poseía era un legado del párroco anterior que destinó a unas pequeñas obras en la Iglesia para arreglar puertas y tapar goteras. Solo pequeños arreglos para un sitio que necesitaba una reforma más a fondo.

El hallazgo trascendental

Al mover un pilar visigótico que servía de columna para el altar mayor fue cuando descubrió una oquedad y en su interior los famosos pergaminos. No tenía ni idea de lo que significaban y se los mostró al obispo de Carcassonne, que también se sintió imposibilitado de desentrañar lo que en realidad eran fragmentos en latín del Evangelio de Juan y la resurrección de Lázaro. Algo inocuo, pero que tenían unas letras mayúsculas intercaladas, como si de una clave se tratase. El obispo le aconsejó que fuese a París a descifrarlo.

Cuando volvió, era otro hombre. 
Luego de hacerse unos retratos costosísimos, compró en el Museo de Louvre el cuadro Los pastores de la Arcadia de Nicolas Poussin aparentemente sin objeto ninguno, pero que después si tendría que ver con el misterio. Comenzó a recibir transferencias de dinero de casi todos los países de Europa. Se convirtió en un hombre influyente y con relaciones como el archiduque Juan de Austria de la Casa de Habsburgo.  
Algo muy revelador tenía que haber descubierto para semejante cambio.

Separar al Jesús humano del divino

Sebastián Vázquez Jiménez, escritor y editor afirma que los documentos tenían que ver con el posible linaje de Jesús de Nazaret.

Hay que dejar al margen la imagen de Jesús desde el punto de vista del creyente. Si uno se remite a los Evangelios canónicos sólo dos hablan de su nacimiento como un ser divino y el resto de los textos solo hablan de su vida pública, cuando el empieza a predicar. De otras etapas de su vida no se sabe nada y lo más plausible es que hubiese estado casado y hubiese tenido familia e hijos.

A los veintinueve años, en una familia judía de aquel tiempo y momento histórico, era la norma. La expectativa de vida era mucho menor a la de hoy y lo mismo que con referencia a los Apóstoles no deja de ser extraño que todos fuesen solteros. Es de lo que podrían hablar estos textos ya que a Jesús se le otorga la condición divina en el Concilio de Nicea del año 325 d. C, donde se le separó de toda condición humana.


El nexo con el pueblo francés

Javier Sierra relaciona todo esto con Rennes- le- Château en que si realmente estos documentos ocultos reflejan una dinastía o genealogía de Jesús, Saunière pudo haber extorsionado con revelarlos al Vaticano o a clanes dentro de la Iglesia a los que no les interesaba que se mostrase a la luz una verdad tan incómoda.


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