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Jesús de Nazaret


Sobre el año 30 después de Cristo, surgió en Palestina una secta judía que publicaba a viva voz que un tal Jesús era el Mesías.


Su ministerio duró tres años. Veinte siglos más tarde, se tienen muy pocos datos sobre el hombre que cambió el curso de la Historia.

Uno de los primeros huecos sobre su vida aparece a partir de que cumple doce años, en un tramo de su historia en el que los estudiosos tratan de encontrar algo de claridad.

Nacho Ares, director de la Revista de Arqueología y director y presentador del programa Ser Historia, estuvo en Milenio 3 de Iker Jiménez del 24 de diciembre de 2002 y afirmó que es muy poca la documentación que se tiene para atisbar apenas quién fue Jesús de Nazaret.

Pruebas físicas, arqueológicas o materiales no existe absolutamente ninguna. Sí una serie de documentos que tienen el mismo valor científico para probar su existencia, como los evangelios, tanto los apócrifos como los canónicos. Con respecto a las numerosísimas reliquias que hay por el mundo, Nacho Ares comenta que muy pocas podrían pasar la criba y retroceder a la fecha de Jesús. La mayor parte son falsificaciones de la Edad Media para aprovechar el brote de fe de aquel tiempo.

Excepto por las dudas científicas que giran en torno a la Sábana Santa, sí que es muy probable que efectivamente sea una pieza de lino de hace dos mil años.

Dueño del tiempo

La imagen de Jesús ha causado una huella imborrable en la cultura de occidente. Simplemente que se cuente el transcurrir de los años tomando como referencia la fecha de su nacimiento, sea esta exacta o no, es lo que ya habla de su trascendencia.

Cualquier experto en Evangelios sabe que los cuatro aceptados por la Iglesia Católica fueron escritos muy posteriormente a los hechos que relatan, por lo que su autoría no podría atribuirse a Mateo, Lucas, Marcos y Juan, sino a partidarios de su doctrina que volcaron en papel la vida del Maestro, muchos años después de su muerte.

Con esta escasez de datos fiables, son muchos los interrogantes que plantean los Evangelios oficiales en sí mismos. El básico, saber si lo que se relata en las Sagradas Escrituras es tal y como se ha contado o sólo una fábula. Sin embargo, no todos los documentos serían igual de fútiles.

Una prueba fiable

En el Colegio de la Magdalena de Oxford, el papirólogo anglicano Carsten Peter Thiede, solicitó que le mostrasen los manuscritos de San Mateo, conservados en una vitrina. Ante sus ojos, un tesoro inimaginable.

Para el doctor alemán las cinco líneas entrecortadas del Magdalene GR17, no eran del siglo 2 d. C., como la gran parte de los textos que se conservan del Nuevo Testamento, sino de principios del siglo I.

Retrotraer el texto a un tiempo tan cercano a la fecha de la vida de Jesús, significa que su fe fue aceptada desde el principio de su predicación, pero lo fundamental es que esto implica que fue escrito por alguien coetáneo de Jesús, alguien que tal vez le conoció y convivió con él.

Una guerra espiritual en toda regla

Sólo a partir del siglo XVIII, de la mano de Konstantin von Tischendorf se puso en duda la existencia de Jesús y se expuso que los Evangelios eran una simple fuente de apología y propaganda que no tenían base en documento alguno, que ningún historiador judío habla de Jesús y genera toda una ola contestataria.

El Talmud sí habla de Jesús, pero de forma despiadada, dice que se asignaba la condición divina sin tenerla, según sus creencias.

La mayor parte de los Evangelios apócrifos hablan de un Jesús completamente distinto del que muestran los canónicos. Los de la infancia por ejemplo, dicen que fue un niño violento, que atacaba a sus amigos y que mató a uno de ellos, tal vez por eso no hayan sido incluidos en la doctrina cristiana.

Aunque existan controversias sobre su origen y su identidad, su mensaje sigue estando igual o aún más vigente si cabe.


@mamiroca

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