jueves

El amante despechado


Algunos emails esconden un terrible secreto.


Los correos electrónicos son uno de los instrumentos hoy en día más utilizados para comunicarse, tanto en el trabajo como en la vida familiar. Pero lo que es desconocido para la mayoría es que desde hace años, algunos de ellos guardan consigo una extraña maldición.

Mal de amores

La leyenda comenzó en el año 1947, en el sur de España. La protagonista de la historia fue una muchacha que tenía por nombre Cristina Balmayor, que recibió la carta de un antiguo amante al que ella había despechado que, inmerso en el dolor, cegado por el enfado y la rabia por el desplante que le había causado su amada, quiso vengarse de tal forma que ella no se olvidase nunca de él. El escrito que contenía la carta, decía lo siguiente: 

‘Querida Cristina, no sé por qué se me ocurrió esto pero desde que te vi lo único que pude hacer es pensar en ti, hacerlo todo por ti y para que estés junto a mí. Viendo que nunca me diste la importancia que yo merecía y que además te burlaste sin piedad de todos mis lamentos, mis ruegos y mis súplicas, te condeno a una vida de sufrimiento y dolor. Quiero que sepas que si tú no vas a ser mía no vas a ser de nadie
Te condeno a la soledad más absoluta y a una vida llena de tristeza y amargura. Te conocí y me di cuenta de que eres la mujer más egoísta y materialista que hay en el mundo. Altiva, engreída, orgullosa y sin corazón. Por eso vendí mi alma al diablo y juré a Satanás que no me importaba en lo más mínimo lo que pudiese pasar con mi vida. El Señor de los fuegos y del terror absoluto me dijo que haga un sacrificio, pero que la maldición no sólo iba a recaer en ti Cristina, sino en toda la gente que la leyera. Nunca nadie volverá a quererte, lo mismo que tú nunca fuiste capaz de amarme a mí. Junto a todos los que te rodean iréis formando una cadena de desconsuelo, igual al que yo siento y que tú me has provocado.’

Un remedio para la maldición

¿Qué hacer con semejante misiva? ¿De verdad había provocado un dolor tan inconmensurable en aquel muchacho como para que reaccionase así? ¿Era en verdad como él decía? ¿Qué podía hacer para reparar el terrible daño? 
Luego de leer la carta, Cristina fue corriendo presurosa a la Iglesia para pedir consejo al párroco. Atemorizada y temblando le contó lo sucedido al padre, y este le aseguró que podía romperse el maleficio, tal vez de una forma un tanto extraña. 
El único camino era pasar la maldición a diez personas. La muchacha, olvidándose de cualquier tipo de remordimiento y demostrando el egoísmo del que hablaba el joven al que había roto el corazón, sin importarle de nadie más que de ella, envió sin dudarlo la misma carta a otros diez incautos, dando origen a la macabra cadena del amante despechado. A quien le llegue, tendrá que hacer lo mismo, y así una y otra vez hasta que la cadena termine.

Cristina finalizaba su carta diciendo: ‘Les pido disculpas por pasarles la maldición a ustedes, ya que si no la paso podría actuar sobre mí. Ahora ya saben, tienen que contarle esta leyenda a diez personas o serán condenados a pasar el resto de sus vidas llenos de dolor, soledad, sufrimiento y desprecio.’

La leyenda continúa

Y así la contó Katia Rocha en el programa Milenio 3 de la Cadena Ser, de Iker Jiménez del día 30 de diciembre de 2002, para que cada uno pueda contarla a diez personas más e ir acrecentando la cadena de desdicha.

Imagen: Tumblr.com

@mamiroca


Publicar un comentario