sábado

Misterios que caen del cielo


De vez en cuando el cielo arroja sorpresas que no se cuentan.


Siete de julio de 1997, muy próximo a Finisterre. Del cielo cayó algo inexplicable del que fue testigo un buque maltés. Lo comentó para Milenio 3, Miguel Pedrero.

En pleno día y con un cielo diáfano, la mar tranquila, el buque Marieta 2, haciendo la ruta Casablanca - Marruecos destino Francia, un oficial y un marinero en estado máximo de asombro le contaron al capitán que vieron caer un hombre con las piernas y brazos extendidos, vestido con un traje verde ajustado y una escafandra en la cabeza.

Según ellos, cayó al mar y desapareció en las aguas. Todo ello ocurrió a sesenta metros de donde ellos estaban. Seguidamente, echaron anclas para poder rescatar el cuerpo. Llamaron a Salvamento Marítimo de Finisterre que envió dos helicópteros, una lancha, la Salvamar Atlántico y el Remolcador Ría de Vigo. Lo primero que se dio a conocer a la prensa es que no se encontró nada. Como en muchos casos, silencio absoluto.

Cuando Pedrero fue al Centro de Salvamento Marítimo, se topó con un secretismo inaudito, además de que ni siquiera lo dejaron acceder a las instalaciones, sino que tuvo que esperar a que saliese algún trabajador para poder recabar algo de información. No está de más decir que pudo observar cómo se les daba instrucciones de no hablar con el periodista
Miguel Díaz Piñeiro, presidente de la Cruz Roja lo sorprendió comentándole que pensaba que algo extraño se ocultaba detrás de esta historia.

La roca de Getafe

Francisco Contreras Gil recogió un caso contundente. El día veinte de julio de 1994 José Luis Martín conducía su coche por la autovía de Andalucía dirección Getafe, cuando a media tarde una piedra incandescente entró por el parabrisas de su vehículo, golpeó el volante y su brazo derecho para terminar en la parte trasera del coche. Fue el cuarto ‘agredido meteóricamente’ durante el siglo pasado. El volante quedó deshecho y Adrián Cruz, uno de los mecánicos de BMW afirmó que era casi imposible destrozarlo a base de martillazos, pero lo más curioso llegó más tarde cuando Jesús Martínez Frías, miembro del CSIC procedió a investigar la muestra y no pudo concluir de qué material estaba compuesto.

Juguetes del cielo

Mariano Fernández Urresti recogió un caso en una casa de unos ganaderos. El cabeza de familia tenía 59 años, su esposa 56 y su nuera 27. 
En pleno verano y al caer la tarde, cerca de la entrada a las cuadras y donde guardaban la hierba con la que alimentaban al ganado sintieron un viento súbito y extraño. Una luz cayó en el patio de la casa y más tarde se fue extinguiendo, pero a esa luz le siguieron otras más hasta acercarse a la media docena. 
Temerosos de que aquello pudiese incendiar la hierba cuando intentaron apagarlas, notaron que no era nada conocido, sino que lo caído eran como una especie de muñecos con una luz en su interior que se apagaba poco a poco en unos segundos. Al tacto eran fríos y se deshicieron de todos menos de uno, que es el que el periodista mandó a analizar. 

Un objeto antropomorfo de tres por cinco centímetros que parecía ser el tronco de un muñeco, que se hubiese desprendido en la caída desde ningún sitio; de color hueso, los brazos saliendo del tronco en línea frontal y uno roto a la altura del codo, con manos y uñas. La cabeza era extraña como una meseta y más dura que el resto del cuerpo de centímetro y medio de diámetro, sin ojos ni cara y su interior era hueco, por lo que el origen de la luz es inexplicable. Lo más incongruente de todo es que las baterías de los artefactos se descargaban cuando el muñeco estaba cerca.

Los interrogantes son muchos, si es una broma, de quién, en un pequeño pueblo. Si hubiese sido así, alguien se tomó un trabajo digno de mérito, como volar sobre una casa a más de cinco metros de altura sin ser visto, esquivar un tendido eléctrico cercano y con la exactitud de un acróbata, además de provocar un viento extraño que no se sabe de dónde  vino y lanzar la lluvia de los mentados objetos luminosos, previamente construidos por él.

Qué motivo podría existir para esto, se preguntaba este historiador de Torrelavega, Cantabria. En la Universidad de Bilbao afirmaron que no se trataba de ningún juguete patentado al menos en España.

La bóveda celeste a veces juega con el ser humano y sus bromas siguen sin tener solución.

@mamiroca

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