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La Isla de Pascua


Un lugar increíble, tal vez el más lejano de la tierra.


Dos millones y medio de años atrás, grandes cambios en la morfología terrestre y erupciones volcánicas crearon la misteriosa Isla de Pascua.

Un triángulo diseñado con suaves lomas y volcanes ya sin actividad que atrapa en el medio del mar.

Pero esta preciosa isla es sólo el punto más alto de una enorme montaña submarina de cuatro mil metros de altura con una base de doscientos kilómetros.

Inmersa en el medio del Océano Pacífico, la Isla de Pascua es uno de los lugares más remotos del Planeta. Su nombre original es Rapa Nui y fue descubierta en el año 1722, el mismo día en que se celebraba la Pascua de Resurrección, motivo por el cual se le cambió su nombre. 
En el año 1770 fue anexionada al Reino de España con el nombre de Isla de San Carlos, en honor a Carlos III, pero el 9 de septiembre de 1888 fue conquistada por Chile y hoy se encuentra bajo la jurisdicción de la región de Valparaíso.

Está a tres mil setecientos kilómetros de Chile y a cuatro mil cincuenta kilómetros de la Polinesia. Se habla oficialmente el castellano, pero las gentes del lugar tienen su propio lenguaje. 
Es una honorable sociedad, que dignifica a sus ancestros y que antaño bautizó a la Isla como Te pito o te henua, que quiere decir ‘el ombligo del mundo' y Mata ki te rangi, que equivale a 'Ojos que miran al cielo.'

Los señores de la roca

Lo más sorprendente y característico que tiene la Isla de Pascua, son unas enormes estatuas de piedra, llamadas moáis que representan figuras masculinas, pero mayoritariamente es sólo la cabeza lo que sobresale del suelo. Los primitivos habitantes las tenían por representaciones de sus antepasados y les adjudicaban un poder colosal.

Para confeccionarlas, sacaban la piedra del volcán Rano Raraku y todavía se pueden admirar trescientas estatuas sin terminar. Estas gigantescas efigies podían ser movidas a lo largo de varios kilómetros hasta dar con su lugar definitivo. 
Algunas poseen unos llamativos sombreros realizados con piedras de otra cantera y anteriormente sus ojos estaban adornados con trozos de coral y todos miran hacia el centro de la isla y no hacia el mar.

Historiadores y científicos han intentado desentrañar el secreto de cómo los aborígenes han puesto de pie estas maravillosas y gigantescas obras de arte.

El enigma de sus signos

Según una antiquísima leyenda los primeros habitantes llegaron a la isla, siguiendo a su rey en el siglo IV Hotu Matu’a. 
Probablemente venían de las Islas Marquesas y eran poseedores de una forma de escritura propia, que es la única de Oceanía que aún no ha sido descifrada. Se pueden ver en los rongo rongo, unas tablillas que se venden como recuerdo a los turistas.

Sus delicatessen y sus tesoros

La isla posee una exquisita gastronomía compuesta de langostas, rape o el curanto, una especie de cocido que se prepara al aire libre, en un pozo cavado  con piedras calientes en la tierra y el camote, una dulce raíz que viene de América del Sur y algunos historiadores consideran que fueron culturas preincaicas las que colonizaron la Polinesia y luego lugares más remotos como la Isla de Pascua.

En un amplio parque natural se hallan gran parte de lugares con atractivo cultural o arqueológico como Orongo, una antigua aldea ceremonial en el borde del volcán Rano Raraku con una magnífica vista del océano Pacífico.

La isla no posee ríos, por lo que los cráteres de los tres volcanes sin actividad se han utilizado como enormes depósitos de agua que se distribuye entre toda la población.

A poca distancia de la playa de Anakena hay una exótica piedra milimétricamente moldeada y redondeada, de la que se cuenta emana una energía muy especial.

Su flora y su fauna, únicas en el mundo sumado a las costumbres de sus apacibles gentes, hacen de la Isla de Pascua un museo a cielo abierto. 

Tan enigmático y bello lugar, me fue descubierto por Carlos Cala Barroso, en el programa Milenio 3 de la Cadena Ser.

Imagen: Tumblr.com




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