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La otra historia de Bélmez



Bélmez tiene otra historia, desgarradoramente real, de la que no se ha contado nada, hasta ahora. Un suceso negro, extraño y muy poco conocido de la Guerra Civil Española.


Sucedió a fines de 1936. Ciento sesenta y cinco Guardias Civiles, junto con sus familias y cuatro sacerdotes, que hacían un total de 1.135 personas se resguardaron en el Santuario de la Virgen de la Cabeza, un templo del siglo XIII, situado a 33 kilómetros de Andújar, en la provincia de Jaén.

Eran nacionalistas, aunque la provincia era principalmente republicana. La zona fue sitiada por el Frente de Linares y ellos quedaron atrapados. Al mando de todos ellos, el Capitán Santiago Cortés González. Esperaron el auxilio de Queipo de Llano, pero éste nunca llegó. Una verdadera matanza, algunos estudiosos hablan de ciento cincuenta y tres muertos por disparos, mortero y cañón y doscientos cincuenta heridos de gravedad.

Iker Jiménez

Como siempre en su programa Milenio 3, este escritor y periodista que se caracteriza por desvelar historias que la mayoría no se atreve, reveló al gran público este aterrador suceso dentro del holocausto que fue la Guerra Civil Española. En ese asedio fue asesinada la familia Chamorro. La hermana, el cuñado y cinco sobrinas de María Gómez Cámara, la propietaria de la casa de Las caras de Bélmez.

En una fosa común

Los cuerpos están enterrados en un hoyo y sus nombres son Miguel, un Guardia Civil destinado en el santuario, su esposa Isabel, y sus hijas Juana de veintitrés años, Ana de veintiuno, Carmen de dieciocho, Remedios de ocho y Paquita, de apenas cuatro años. La familia de la mujer cuyas caras se reflejan en las paredes de su casa y que aún hoy, no tienen explicación.

En el momento en que todo esto ocurrió, María tenía catorce años.

Hipnosis regresiva

En una sesión en la que se llevó a cabo este proceso, una persona con toda la subjetividad que se le puede adjudicar a esto, reveló datos que después de todos los libros y las investigaciones que tuvo este caso, nadie había podido descubrir.

Ana Castillo, tuvo la visión del asesinato de una familia de forma muy vívida. Fusilamientos, el desplome de un edificio, niños pequeños ardiendo, hombres a caballo, una madre a la que le era arrancada su niña de sus brazos, una experiencia muy desagradable. Algo que se corresponde, causalmente con la historia de la familia de María.

El asedio

Enrique Gómez, integrante de la Real Academia de la Historia y representante del Instituto de Estudios Giennenses, comentó al programa de la Cadena Ser cómo fue aquel momento, abril de 1937, cuando sucedió este terrible acontecimiento.

Hubo víctimas entre los sitiados, pero también personas que murieron por falta de alimentos, enfermos y carentes de todo. El ataque definitivo comenzó en abril. Los que estaban en el lugar nuevo, también guardias civiles, regresaron al santuario cuando el asedio se hizo más cruento. Se habla de mil republicanos que participaron en la batalla. Enrique Gómez por su parte desmiente la presencia de brigadas mixtas, como se apuntó en alguna oportunidad, aunque sí de tanques, que sumado al bombardeo del ejército republicano terminó con los alojados en el templo, que ya llevaban demasiado tiempo en el lugar.

El desencadenante del fenómeno

Todo el pueblo sospechaba que algo cruento y espantoso tenía que haber sucedido para que se desatasen esas manifestaciones. Cuando Iker Jiménez investigó el caso por primera vez, descubrió que se inició con una piedra del siglo X de una mezquita funeraria que está guardada en el Museo de Jaén y una iglesia donde existen dos cementerios adosados a la misma, y también donde la Brigada de Investigación Criminal halló restos de niños.

Pero había algo que se escapaba y era que la familia de María murió de esa forma y una de las que sobrevivió fue Isabel Chamorro, una de las sobrinas de María que aún tenía una fotografía de la familia asesinada, las que efectivamente, tienen un parecido significativo con las caras.

Según palabras de la propia Isabel: “- Las otras murieron, mi madre y las otras, lo mío fue un milagro. Yo salí muy herida, porque cuando se disparó el cañonazo que derrumbó el santuario, el capitán Cortés dijo que cada uno se metiera donde pudiera, que ya estaban dando allí. Pero como se quedó mi madre con las cinco más chicas no había dónde meterse. Nos metimos en una cueva, murieron todos, mi madre partida por la cintura, mi hermana del medio la cabeza por un lado, el cuerpo por otro. Mi otra hermana se iba a meter en la cueva y un guardia civil la cogió de un brazo y se la llevó mientras miraba hacia atrás, viendo cómo caían los cañonazos en la cueva. Cuando vino se quedó sin habla, y siempre ha estado muy mal de los nervios.

En un impresionante testimonio, Isabel también contó cómo era el lugar donde está su familia. En ese sitio hicieron una gran fosa y los que iban muriendo cada día eran envueltos en mantas y tirados allí por lo que no sabe exactamente en qué lugar exacto está su familia.

Los capitanes Cortés, Rueda, García, Ruano, Beltrán y Porto con sus familias enteras perecieron el 28 de abril de 1937 cuando llegó el armamento pesado de la República, que veía que ese bastión del bando nacional permanecía irreductible durante demasiado tiempo.

“Las tragedias en las guerras son de cualquier bando y de cualquier tipo.” Iker Jiménez.

Hay artículos que me cuestan más y otros que me cuestan menos... pero este es de los artículos que hacen que me duela el corazón, sin mirar de qué color es la bandera y en el que una vez más, la estupidez humana se me muestra de forma más encarnizada.



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