miércoles

Los periodistas espías de la CIA


Campañas de desinformación para manipular la opinión de las masas.


Santiago Camacho, escritor y periodista experto en conspiraciones, el día 3 de febrero de 2003 nos contaba que en Estados Unidos, el gobierno aprobó la creación de ciertas agencias de noticias que según algunas teorías fueron los encargados de distribuir informaciones falsas.

Periodismo para la guerra

El en aquel momento presidente George W. Bush anunció su intención de abrir un departamento de desinformación, que publicase noticias tendenciosas con el fin de que la opinión pública apoyase sus proyectos bélicos. Pero esto, aunque puede llamar la atención no es nuevo, ni mucho menos.

En el año 1977, el periodista Carl Bernstein quien trabajó junto a su compañero Bob Woodward desentrañando el caso Watergate afirmó algo inaudito en este tema.

Según él, más de cuatrocientos periodistas estadounidenses trabajaron en secreto para la todopoderosa CIA, en el período comprendido entre los años 60 y 70. La mayoría eran espías en toda regla, disfrazados de reporteros. Otros conseguían emplearse en grandes medios de comunicación y agencias para extender la propaganda gubernamental de forma soterrada.

Berstein no se quedó solo en eso, también dio a conocer una extensa lista de nombres que dejó sin habla a todo el conjunto de periodistas norteamericanos. En esa reunión se encontraban los primeros espadas del periodismo de ese país, desde la Revista Time hasta la NBC.

La revista Life

Un caso especial es la Revista Life, una de las más importantes de los Estados Unidos, que llegó a colaborar tan estrechamente con la CIA que su editor C. Jackson, llegó a ser “asesor especial del presidente en armamento psicológico.” Algo anecdótico cuanto menos.

Causalmente fue esta revista la que adquirió la única filmación diáfana sobre la muerte de John F. Kennedy para ocultarla durante años en una caja fuerte, y sólo la sacarla a la luz a petición del Senado norteamericano.

La dictadura chilena

Estos periodistas espías fueron eficazmente utilizados para incitar la caída del presidente de Chile, Salvador Allende. Al mismo tiempo que agitaban el clima político con sus escritos, distribuían fondos y consignas en el bando de los que finalmente, destituirían al mandatario elegido y sumiesen a Chile, en una de las dictaduras más terribles de América Latina en aquellos años.

Santiago Camacho hizo una reflexión en primera persona para el programa Milenio 3 de la Cadena Ser y nos dice: ‘Como periodista, siempre he considerado que con las grandezas y las miserias que conlleva esta profesión, ser centinela de las libertades, contar la verdad a los ciudadanos, es una de las misiones más nobles que existen. Aquellos que quieren contaminar este propósito, son los mayores miserables, porque el que roba la verdad, roba la esperanza.’

Y yo, además de suscribirlo, añadiría algo más: durante toda la historia siempre se ha ocultado más de lo que se ha sabido, y me hago una pregunta ¿por qué nos tienen tanto miedo?



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