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Los testigos de Roswell



Jesse Marcel Jr. es la voz de una de las historias más extrañas del fenómeno ovni. Es una de las voces del caso Roswell.


‘- Mi padre nos despertó a mí y a mi madre para enseñarnos los restos que había cogido en el desierto. Estaba muy exaltado, dijo que eran pedazos de un platillo volante. Había fragmentos que parecían de metal, estaban retorcidos como si los hubieran arrancado. También había piezas que parecían pertenecer a un timón. Recuerdo que tenían algo escrito, unos símbolos grabados en la parte inferior. En un primer momento pensé que eran jeroglíficos, pero si los mirabas bien, no se trataba de eso. No sé lo que era.’

La noche del 7 de julio de 1947, su padre llevó a casa un objeto insólito. Una serie de metales que se dilataban casi como si fuesen líquidos y que mostraban raros signos en su exterior. Así comenzó un relato que se ha convertido en un clásico de los fenómenos extraterrestres, el caso Roswell.

Jesse Marcel padre era un oficial de inteligencia del escuadrón 509 de Bombarderos de Roswell. Famoso por su bombardero Enola Gay, que lanzó la bomba atómica de Hiroshima. 
En la base aérea más importante, algo muy extraño había sucedido. Un hombre de campo, William Mac Brazel en una zona cercana entre Roswell y Corona, tuvo una rara sensación. Al ir a investigar se encontró con restos de una explosión que no supo explicar. Acudió al sheriff Gary Wilcox con aquellos artilugios en su coche. Nadie pudo decirle nada.

Milenio 3

El programa de Iker Jiménez recogió el testimonio de Jesse Marcel, que en 1978 habló para la WWL de Estados Unidos, luego de un largo silencio y dijo que recordaba vagamente el incidente en el que tal vez un militar, por primera vez, se enfrentaba con inteligencia extraterrestre.

‘- Me sorprendió lo que vi, tantos restos esparcidos sobre una extensa zona. Me llevó un tiempo darme cuenta de que en todo esto había algo raro. Cuanto más veía los fragmentos, más evidente se me hacía que me hallaba ante algo desconocido. Traté de quemar los restos, pero no ardían. Intenté romperlos pero no lo conseguí. Si se trataba de un asunto militar, no habría ningún motivo para ocultarlo tanto tiempo y si era una nave espacial, sería otro motivo para mantenerlo oculto hasta que nosotros hubiéramos averiguado algo más. Creo que en este asunto, no se ha dicho toda la verdad.’

El ovni en titulares

Sesenta años después, nuevas pruebas hicieron que se vuelva a hablar del caso. Algo pasó en el desierto de Roswell. Una leyenda del siglo veinte o un caso del que no se dijo todo, aún. El coronel de la base Walter Haute obligó a realizar un parte de prensa y de radio atípico el día 8 de julio de 1947:

‘- Algo se ha encontrado en el desierto de Roswell, el Ejército lo tiene en su poder, creemos que es un platillo volante.’

Javier Sierra estuvo allí

Primero en 1991, cuando Roswell era un caso olvidado, en España se publicó un libro que llamó la atención de este escritor de best-sellers como El ángel perdido o La dama azul. El libro se llamó El incidente Roswell, escrito por Charles Berlitz y William Moore, que fue lo que motivó su primer viaje.

Se encontró con un pueblo semiabandonado, donde se entrevistó con un teniente Walter Haute ya retirado, entrado en años, su esposa y su perro y aún dice recordar, en el porche de su casa, a una persona que más tarde se convirtió en alguien de renombre, detallando lo que sucedió aquel verano y llegó a una conclusión que a Javier Sierra lo dejó asombrado: pese a todos los años que habían pasado, el aseguró que la primera noticia sobre Roswell de que habían sido recogidos por primera vez los restos de un plato volador era la pura verdad, y la versión que le obligaron a decir un día más tarde de que lo recolectado era un globo sonda era falso. 
Con esa información Javier Sierra hizo un libro Roswell: Secreto de estado.

Todo el mundo intentó conectar aquel día con la base, para saber qué estaba pasando, pero todo se trastocó cuando se supo que entre los restos había cuerpos pequeños, tal vez de niños, en la Base de Forth Worth, Texas, la base más cercana y la principal de la octava región aérea, en aquel momento, la zona militar más importante del mundo después de la Segunda Guerra Mundial.

Cambio de planes

Al día siguiente, todo se transformó. Los mismos militares que contaron lo que se había recogido, desdicen a los suyos y hablan de un globo sonda.

Todo esto comenzó en realidad el día 4 de julio de 1947, cuando William Mac Brazel observó que su campo estaba cubierto en una extensión de un kilómetro cuadrado por unas planchas de metal y una especie de barras pequeñas. Asombrado, se acercó hasta la base y avisó al sheriff y al resto de autoridades militares que recogieron todo el material.

Pero esto fue sólo un fragmento de la historia, en un lugar que se encuentra a 70 kilómetros de Roswell. En otro sitio lejano llamado Los llanos de San Agustín, no encontraron pedazos caídos del cielo, sino un aparato enterrado en el suelo. Se comentó que unos arqueólogos llegaron a ver incluso los cadáveres de sus ocupantes que habían sido eyectados del prototipo y a una tropa militar limpiar todo el sitio, y perseguir a los posibles testigos para que firmasen un “pacto de silencio.” Pacto que duró más de cuarenta años.

Extraños seres

Unos dibujos que se hicieron en su momento dieron una imagen de lo que se pudo encontrar. Seres de pequeño tamaño de 1,20 m. aproximadamente, piel color gris, frágiles y cenceños, cabeza enorme, manos con la particularidad de tener el índice muy largo con una especie de tela entre los dedos. Todos y cada uno de los testigos que declararon antes de 1995 los describieron así, pero ese año apareció una película de una autopsia a un ser hallado en Roswell que nada tenía que ver con esa descripción.

Un testigo determinante fue Glenn Dennis, un muchacho que trabajó en la única funeraria, de nombre Ballard. Glenn recordó que ese día lo llamaron desde la base preguntando si tenían féretros para niños, por un accidente ocurrido ese mismo día. Se sorprendió considerablemente, ya que la base contaba con armas atómicas y no vivían familias dentro, tan solo oficiales y soldados adultos varones. Un poco más tarde una enfermera de Roswell se encontró con él en la base, y se mostró visiblemente contrariada, hablándole sobre estos pequeños cuerpos, de ojos oscuros y dedos largos, para los que probablemente necesitaron los ataúdes.

¿Niños minusválidos?

Francisco Máñez, experto en la historia de la Aeronáutica, planteó una teoría completamente distinta a la de los extraterrestres. Según él eran pruebas terrestres, pero igualmente macabras. Sostuvo que se hicieron experimentos con niños discapacitados utilizados como cobayas humanas, verdaderos kamikazes en los primeros prototipos aéreos, en la base militar más secreta, vigilada y relevante del mundo en el año 1947.

En su libro Historias aeronáuticas que nos hicieron creer en ovnis, se muestra bastante contrario a las creencias en extraterrestres. Habló de niños dirigiendo esas naves y porque para él los testigos los describieron así, con la salvedad de las enormes cabezas.

‘- Estaban describiendo en realidad cadáveres de niños y para decirlo me basé en las declaraciones de los propios testigos. Casi todos ellos eran gente que nunca habían visto un cadáver, eso lo primero y lo vieron todos en un accidente, y empezaron todos a describirlo y a compararlo con niños. Todos decían que tenían la estatura de niños, la piel como niños, la mano como niños… Los ufólogos tradujeron estas características a un extraterrestre bajito, como de un metro o una cosa así. Empecé a rascar, a mirar concretamente lo que estaban diciendo estos testigos, y me di cuenta de que lo más probable es que estuvieran describiendo algo similar a niños, algún experimento muy extraño, tal vez. Precisamente a Los Álamos, estaban llevando niños con deficiencias psíquicas y físicas para ser sometidos a experimentación. Ahora ya es muy conocido por los investigadores y los historiadores que en esos años, y además empezó concretamente en el año 1947, eran transportados a Los Álamos en avión, niños para ser inyectados con materiales radioactivos y luego comprobar cómo se desarrollaba o qué tipo de enfermedades provocaba la radioactividad. Estamos hablando de unos años en que todo esto era completamente nuevo. La radioactividad no era ni conocida prácticamente.’

Roswell en el Congreso de los Estados Unidos

Javier Sierra acota una historia acaecida en el año 1994 para explicar este tema. Ese año el senador por Nuevo México, Steven Schiff empezó a investigar en todas las instituciones sobre qué paso aquel verano de 1947, del que él era su representante. Al notar que el secretismo era absoluto, en una apropiada artimaña, presentó el caso ante la Oficina General de Cuentas para que dicho organismo realizara una auditoría a todo el gobierno incluidos los servicios de inteligencia, para averiguar a qué se destinó el dinero de los ciudadanos en ese período del año 1947, en relación con el caso Roswell.

Después de una intensa búsqueda, lo que salió a la luz fue lo siguiente:

Primero, que no había habido ningún tipo de accidente de ninguna nave de los Estados Unidos, ni fabricada ni contratada en ese país en esas fechas, y segundo que las comunicaciones internas de la base habían sido quemadas por personas no autorizadas unos años atrás. Algo bastante extraño, si se quiere.

Bill Clinton en el año 1995 presidente de los Estados Unidos, ordenó que se desclasificase una tonelada de expedientes secretos de la Guerra Fría y de fechas posteriores a la Segunda Guerra. Entre ellos, aparecieron muchas actividades entre los años 1940 a 1950 en Nuevo México en los que no surgió nada de niños sometidos a radioactividad, ni que pilotasen naves. Pero se aceptó que el gobierno había irradiado a soldados que se habían ofrecido voluntariamente en la zona de Los Álamos. Se admitió  por primera vez en la historia que se habían hecho pruebas con soldados del Ejército de los Estados Unidos, a los que debían, además de una disculpa del propio presidente, una indemnización.

El museo de Roswell

July Sister es la encargada del museo. Una canadiense fascinada con la historia que lo dejó todo para irse a vivir allí y fundar el museo. Según ella, está convencida de que algo fuera de lo común pasó aquel verano. Todos en el lugar tienen alguien que vivió aquello y que relató su historia. No saben explicar lo que sucedió. Para todos algo misterioso sucedió y fue ocultado por el gobierno. Una de sus teorías es que en el año 1947 el país estaba saliendo de una guerra mundial, con lo que el ambiente estaba bastante caldeado, además justo pasó diez años después de que Orson Welles hiciera La guerra de los mundos, el espectáculo radiofónico que creó tanto terror. 
Tal vez las autoridades pudieron pensar que la población no estaba preparada para recibir una noticia como la existencia de vida extraterrestre. Luego, fue imposible reconocer que no habían dicho la verdad.

La hija del jefe del cuerpo de Bomberos contó al programa una anécdota muy corta, pero que tal vez clarifique un poco más, cómo vivieron los testigos durante toda su vida:

‘- Llegó un hombre que parecía un funcionario. Le dijo a mi madre que se sentara y empezó a hablar conmigo. Me dijo: - Parece ser que dices que has visto algo. Yo contesté: - Bueno, he visto un trozo de material extraño. Pero él me corrigió: - No, no has visto nada. Yo no entendía por dónde iba, así que insistí: - Sí, sí que lo he visto. Cuanto más repetía yo que sí lo había visto, más insistía él en que no había visto nada. Al final me dijo: - ¿No entiendes que no puedes contar lo que ha pasado, no te das cuenta de la gravedad del asunto? No podrás decir nada al respecto en toda tu vida.’

Para Javier Sierra la importancia del caso Roswell no radica tanto en lo que sucedió sino en todo el mutismo absoluto que se creó en derredor al fenómeno ovni, no solamente en Estados Unidos sino en todo occidente.

Los primeros proyectos como “El libro azul” se crearon luego de este incidente y algunos para ocultar este hecho. Su conclusión final es que para él no eran niños, sino algo de procedencia no humana.

¿Alguna vez sabremos la verdad?




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