miércoles

Aquí el caso de la mano cortada


En la Delegación de la Consejería de Industria de Albacete han ocurrido casos extraños, casos que están relacionados con la antigua dueña de la propiedad, Doña Margarita Ruiz de Lihory.



En plena Calle Mayor de Albacete, hay un lugar encantado, con una fama singular. Pero hubo un periodista y una noticia de un hallazgo notable, un suceso trágico.

El experimentado director del semanario El Caso, declaró en reiteradas ocasiones en los sótanos de la Dirección General de Seguridad. Aquella portada, simplemente era impublicable. Un montón de diarios recién salidos de la imprenta se apilaron en una esquina. En portada, una foto desconcertante: en una antigua lechera de hierro, una mano cortada de mujer.

El porqué de aquella primera plana era una historia tan real como espeluznante. 
Margarita Ruiz de Lihory y Resino, mujer de alcurnia, fama y fortuna, había matado a su hija Margot. Fue hallada por la policía sobre su cama, con la lengua, el bello del pubis y su mano derecha arrancados. Sin ningún signo de violencia, los primeros exámenes parecían indicar que había sido víctima de un extraño virus.

Los registros que se hicieron a las posesiones de la marquesa, lograron dar con la clave. La señora era admiradora de la magia y el ocultismo, fue espía infiltrada en el norte de África y conocida por sus diversos romances. Margarita era la propietaria de un caserón en la Calle Mayor de Albacete. Ese fue el cuartel general de sus macabros experimentos.

Los agentes tuvieron que cubrir sus rostros para evitar las arcadas, al entrar en los sótanos y encontrar los símbolos pintados con sangre en las paredes. En unas ollas había huesos de diferentes tamaños y atravesados por acero, esqueletos de perros y otros animales amputados.

Las pesquisas fueron desvelando un mundo completamente atroz para la mentalidad de aquella época. Durante bastante tiempo, la marquesa había entregado su vivienda a unos médicos altos y rubios, de aspecto escandinavo, que salían de noche vestidos con batas blancas y sólo a ciertos lugares de la ciudad. El más frecuentado, el cementerio de Albacete, donde fueron descubiertos por varios vecinos, mientras desenterraban un cadáver.

Los más duros interrogatorios no hicieron confesar a la gran dama. La leyenda cuenta que sus muchas influencias en las más altas esferas libraron su pellejo de la pena cárcel. Se comentaron muy enfáticamente teorías sobre secretos de estado, el valor de un silencio, experimentos biológicos y un presunto virus que cultivó con esos extraños doctores, que terminó consumiendo la vida de su propia hija.

Una historia que nunca fue esclarecida, dolorosa, que en el año 1954 fue récord de ventas en España. Eugenio Suárez, el periodista de El Caso, alterado por la cerrazón de la censura, con su propia mano, en la portada, escribió lo que sigue: ‘Aquí el caso de la mano cortada.’

La idea fue un hecho periodístico sin parangón, el hambre de los lectores por ver las fotografías en el interior del periódico, los hizo acudir por cientos de miles a comprarlo. Pero a la noche siguiente, todos los chatarreros de España encontraron por las calles muchas viejas lecheras de hierro. Súbitamente, todos habían sentido rechazo, por aquel objeto tan cotidiano.

¿Conocías esta historia? Yo lo hice a través del gran periodista Juan Rada en el programa Milenio 3, de la Cadena Ser




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