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Animales desconocidos en el Museo de Ciencias de Madrid


Hoy te propongo un viaje, para hallar la explicación a un extraño ser que aterrorizó a la población de Rosario, en Argentina y que puede encontrarse en un sector del Museo de Ciencias que no está abierto al público, en el centro de Madrid. ¿Me acompañas?


Los que son seguidores de este blog, saben que me gusta desarrollar los casos que escucho en el programa Milenio 3 de la Cadena Ser. Y esta vez, di con uno sumamente extraño que entroncaba, nada más y nada menos, que mi tierra natal, animales extraños y la criptozoología más desconocida.

El hecho ocurrió en marzo de 2003, cuando los vecinos y la policía de Rosario, rastrearon la zona debido a un extraño y enorme animal de casi dos metros, con enormes garras y cortantes colmillos que tenía aterrorizada a toda la zona.
Este animal, en el que algunos creyeron ver expresiones humanas, se comió a varios caballos e intentó atacar a algunas personas que lo vieron huir sobre dos patas y gritando estrepitosamente.

De la misma forma inesperada en la que se supo de él, luego y sin explicación alguna desapareció.

La Criptozoología es la especialidad científica que se ocupa de descifrar de qué hablamos en realidad cuando nos encontramos con animales como estos, y los criptozoólogos son los intrépidos investigadores gracias a los cuales podemos entender que en el planeta tierra hay muchas más criaturas de las que suponemos…

Iker Jiménez tenía a su corresponsal en Argentina, pero muy cerca, en Madrid, nada más y nada menos que en el Museo de Ciencias, en unos sótanos que no están abiertos al público, existen una gran cantidad de colecciones archivadas desde el 17 de octubre de 1771, en las que Pedro Franco Dávila reunió las primeras piezas para comenzar a investigar.

Las búsquedas iniciales de animales extraños en las colonias, costaron vidas humanas y ahora están ahí para poder desentrañar cientos de misterios animales, que aún hoy siguen sin clasificar.

Con un permiso especial, el programa fue a realizar una investigación en vivo y de noche, en un edificio peculiar, muy visitado durante el día y en su parte alta, pero desconocido e inexplorado en su subsuelo.

Los guías para esa aventura, Fernando González Sitges, biólogo y parte de la empresa de documentales Transglobe Films y Oscar Soriano, Investigador Titular del Museo de Ciencias Naturales y del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

Antes que nada Iker le preguntó a Oscar si era cierta la leyenda del propio museo, que dice que durante la Guerra Civil se perdieron importantes colecciones. Una leyenda que nos habla de masonería, de los verdaderos custodios de los misterios de esos sótanos, y también de la más absoluta desidia durante el régimen del franquismo.

Efectivamente, cuando comienza la contienda el museo se preserva, pero cuando el bando nacional va a incursionar en Madrid, la mayoría de los científicos (masones y republicanos) se exilian en México y el museo queda abandonado. Según Oscar Soriano, sólo comienza a recuperarse en el año 1975, con la muerte del dictador, tal vez porque en aquella época tendría cierta relación la masonería con la investigación y el conocimiento.

Frente a unas puertas de metal, todo un mundo oculto, con miles de animales sin catalogar y también con ‘ejemplares tipo’, es decir, los animales por los cuales se clasifica toda una especie, los ejemplares más perfectos, los que jamás son expuestos.
Y allí comenzó la exploración de “el otro” Museo de Ciencias.

Lo más asombroso si cabe, es que los animales que se encuentran allí, son la constatación real, la prueba empírica de leyendas que se transmitieron de generación en generación
Animales como el ‘perico ligero’ o perezoso, grandes insectos, animales que se trajeron de en medio del Amazonas o que aún hoy se traen, peces desconocidos; todo ello se encuentra en estos espacios subterráneos. 
En las propias palabras de Fernando González Sitges “un encanto maravilloso.”

A medida que se internaban en las dependencias, se encontraron con cajones metálicos que producían sonidos inquietantes y aparecían cosas “de película” como bivalvos de trescientos kilos con apariencia de carnívoros y que posiblemente hayan atrapado a varios nadadores y algún expedicionario que quisiese hacerse con alguno de ellos. Y no son pocos los que dejaron sus identificaciones en el museo, como prueba de su epopeya.

Oscar Soriano, con un ejemplar de este portentoso animal, nos explicaba lo siguiente: 
“- Una tridacna es una almeja gigante del Indo-Pacífico, que tenía fama antiguamente de que si algún submarinista distraído se sumergía en las profundidades y por descuido metía la pierna entre las dos valvas, ésta se podía cerrar y ahogarlo."

En algunas investigaciones murieron varios científicos por las penosas condiciones en las que vivían, dado que no les llegaba el sueldo y la desorganización era total, entonces vivían en una penuria casi absoluta, en algunos casos de la caridad y  de algunos acomodados curiosos de la biología, que al verles llegar los invitaban a su casa.”

A veces creemos que solo se pierden vidas en batallas contra otros seres humanos, pero la búsqueda del conocimiento, el querer ir “más allá” también se cobra vidas.

En otra sala un cartel que reza Cefalópodos: enormes e inmensos pulpos, como los vampyroteuthis infernalis o calamar vampiro, y se metieron allí.
En el sótano del museo, en la parte más subterránea hay un laboratorio con una cantidad ingente de frascos de cristal, como en una antigua farmacia y en su interior seres sorprendentes, con etiquetas que dicen “sin identificar.” ¡Qué no habría en ese sitio, cuántos misterios esperando ser analizados y descubiertos!

Un brazo cortado hace unos siglos de un kraken, de algo que no se creía su existencia y por el que tomaron por loco a Julio Verne. Fue recogido en Palma de Mallorca, y ahí estaba, en una esquina. El primero de esta especie que fue examinado es uno que encontró un marinero noruego de doce años flotando en el mar, cuando aún estaba vivo. Cortó una de sus mazas y se la enviaron a un naturalista y fotógrafo de Terranova y este a su vez, conocedor de la leyenda lo envió a un zoólogo especializado en moluscos de la Universidad de Yale y él fue quien hizo el primer estudio serio de un architeuthis.

Otra dependencia, más escondida contiene peces que parecen de “otro mundo,” pero no, son de este. Fernando González nos hablaba de arcanos medievales. Los joyeros que realizaban piezas artísticas grabaron peces como el “celacanto,” un pez prehistórico que volvió a surgir en el siglo XX.
En la baja Edad Media los orífices, sin ninguna explicación hicieron diferentes dibujos de celacantos e incluso aún hoy existe uno en una iglesia de Bilbao, además es un animal que no puede dar pie a equívocos por la forma de las aletas y de su cuerpo. ¿Cómo es posible?

Más al fondo, el esqueleto de algo similar a una anaconda enorme, y en una pared lo que podría ser un pez raya antiguo, con unas fauces a modo de sierra, colgado y disecado allí, probablemente desde que Carlos III abrió el museo.

Un animal que ahora trata de reconstruirse genéticamente porque ya no existe es el “lobo de Tasmania” o tilacino, pero en los sótanos del Museo de Ciencias de Madrid, hay uno, un marsupial que llevaba sus crías en su panza y que era muy agresivo, debido a lo cual fue exterminado por el ser humano. Una de las grandes maravillas naturales, oculto de las miradas indiscretas.

Pero con la incógnita de lo que podía ser el animal que atacó a la población rosarina, seguía Iker Jiménez en la cabeza. Un oso hormiguero gigante, un simio de enormes garras y por fin, dio con lo que tal vez tenía la clave. Un animal denominado ‘megaterio’ que vaga entre el mito y la realidad. También representado en estos sótanos, que no se sabe si era carnívoro pero sí que habitaba en esa zona de Argentina.

Oscar Soriano nos da una explicación: “- El megaterio es un mamífero de gran tamaño, parecido a un perezoso y su postura natural era sobre sus dos patas traseras y con las delanteras cogía los alimentos de los árboles.” Tal vez un ejemplar perdido o una mutación,  que por alguna circunstancia enloqueció y estuviese atacando a la gente.

Existe una historia de un naturalista inglés contratado por el Museo de Historia Natural de Londres, que se internó en plena Patagonia y en la cerca de una granja descubrió una piel y unos excrementos de un animal al cual no pudo clasificar, pero que los indígenas le confirmaron que efectivamente, eran megaterios que rondan la zona.

Lo más apasionante de todo esto es todo lo increíble y maravilloso que en este mundo y relativamente a nuestro alcance, queda aún por descubrir.

Imagen: flickrhivemind.net


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