jueves

El proyecto H.A.R.P. y su fin


Un tema que ha hecho correr más de un río de tinta, clásico en el terreno de las conspiraciones que ya es historia.

El cambio climático es una especie de soniquete que nos persigue a todos desde hace muchos años y que nos tomamos más o menos en serio, dependiendo de nuestra conciencia moral o de si un día salimos a la calle en mangas de camisa y al día siguiente con tres jerseys de cuello vuelto. Pero en este tema también se esconde la conspiración y el intento del ser humano por dominarlo todo.


El proyecto H.A.R.P. es un experimento extraño y científicamente comprobado, que tiene como objetivo domeñar las corrientes climáticas entre otras cosas y que el periodista y escritor                     Santiago Camacho desveló para el programa Milenio 3 en el año 2003.

En el Ártico, en un lejano paisaje de Alaska existe una enorme instalación que posee ciento ochenta antenas de sesenta metros de alto cada una. Pero… ¿qué son y para qué sirven? Según la versión oficial es un centro científico de investigación, ¿pero es eso cierto o la realidad es otra?

Ecologistas, científicos y periodistas en gran cantidad aseguran que el H.A.R.P, que es como se llama este complejo es, ni más ni menos que el asentamiento de un arma letal sin parangón y  juguete predilecto del villano de turno, es decir un dispositivo capaz de transformar el clima a placer en cualquier lugar del mundo.

El Pentágono, dueño de este recinto niega en rotundo estas afirmaciones, pero la patente del dispositivo, registrada en la Oficina de Patentes de los Estados Unidos bajo el número 4686605 detalla muy específicamente los posibles usos nada pacíficos de la creación con la que se está experimentando en Alaska.

Entre las muchas cualidades aceptadas del H.A.R.P. se encuentra la de disuadir y apartar de su recorrido misiles y aeronaves e incluso estrellarlas o anular las comunicaciones en vastas zonas del mundo. Esto, dejando de lado la posibilidad de interrumpirlas u obstruirlas a voluntad en cualquier sitio.

Pero una de sus cualidades más atemorizantes, es que actúa produciendo peligrosas alteraciones en la ionosfera, una capa de nuestra atmósfera ultrasensible que nos cuida de las peligrosas radiaciones espaciales. Sus efectos en el tiempo de esta suerte de manejos aún no se han medido ni cuantificado y podrían hacer peligrar la vida en la tierra, tal como la entendemos.

Sí, en este mundo vivimos, lo que hace un par de décadas podía parecer una película de bajo presupuesto con un científico chiflado haciendo ridículos experimentos, hoy forma parte de la “investigación de vanguardia.” Y Santiago Camacho advierte: “- Tal vez sería oportuno que en estos días en que los Estados Unidos habla de armamento prohibido, reflexionara si no está padeciendo aquello de ver la paja en el ojo ajeno.”

Imaginemos por un momento la posibilidad de crear sequías o inundaciones ex profeso como una forma de manipulación política que desencadenen hambrunas, guerras civiles y movimientos migratorios.

“El hombre es un lobo para el hombre.” Thomas Hobbes.

Si has leído hasta aquí, es porque el tema te interesa y como me gusta que tengas información de último momento, contarte que Santiago Camacho, persona más que cualificada en estos temas, contó nuevamente en el programa de la madrugada del 15 de junio de 2014, que luego del verano, o sea, ahora mismo, el proyecto H.A.R.P. sería una cuestión del pasado, pero que lo relevaría de su puesto un proyecto quizás que da mucho más miedo

Aquí tienes el fragmento de Milenio 3 con la continuación de esta información que puede dejarte el corazón en un puño. 


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