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Conclusiones sobre Palomares


Lo que ocurrió en ese bello pueblo de Almería, hay que verlo ni más ni menos que como un milagro. Un renacimiento para un lugar en el que una bomba recuperada del mar y las tres restantes, cayeron dejando al descubierto restos de su material radioactivo, con el que jugaron los niños en aquel año 1966.


Jesús López es capitán del Ejército del Aire e Ingeniero Técnico y la persona que hizo la evaluación de los perjuicios de un habitante de Palomares.

Iker Jiménez lo entrevistó para su programa Milenio 3 de la Cadena Ser en el año 2003. Según cuenta, hubo un sólo vecino que se atrevió a recurrir la decisión administrativa que enterraba todo lo sucedido en Palomares en el año 1966. 

Un Ingeniero de Minas de nombre Francisco Cervantes al que la Administración siempre le denegó sus derechos y que falleció antes de ver satisfechas sus reclamaciones, alegando que esos terrenos era inútiles ya que según ellos no tenían ningún valor y que el campamento norteamericano que se había apostado allí no le había acarreado ningún inconveniente.

Se ocultó la información

Acudiendo a las hemerotecas se puede comprobar que durante varios meses la población no supo que allí había artefactos explosivos con carga radiactiva.

Según Jesús López, comenzaron a dudar cuando vieron la actuación norteamericana. Su desconcierto comenzó cuando vieron llegar un montón de barcos y ocupar la zona de facto, internándose y apropiándose de una gran cantidad de hectáreas. 
En concreto el señor Cervantes tenía novecientas y ocuparon las que creyeron pertinentes. Tal vez el revuelo fue porque los norteamericanos se llevaron un metro de tierra de altura a los barcos y luego lo tiraban al mar, si no dónde, y por algo sería. Jesús López advirtió que fue una sinrazón, que una superficie tan enorme la llevasen a otro lugar.

También habló la familia del señor Cervantes. A él no llegó a conocerlo, pero sí a su hija. Nos cuenta que es una familia culta, el padre como apuntó anteriormente era Ingeniero de Minas, son gente instruida y creían que aquello no llevó consigo más riesgo que el que ellos pasaron, ya que el hijo le contó que era la primera vez en la historia que se ponía a prueba ese tipo dispositivo de seguridad

El seguro del que iba provisto el artefacto hizo que la bomba no explotase al caer. En las alegaciones que constan en poder del abogado, se afirmó que era la primera vez que se probaba in situ la fiabilidad de tal artilugio, ya que aunque hubiesen efectuado otro tipo de pruebas, arrojándola, era la primera vez. Algo que no era de ningún modo indemnizable.

El Tribunal Supremo afirmó que no se había causado ningún perjuicio, pero lo que sí era argumento para ser indemnizado era la depreciación del valor para poder vender esos terrenos, ya que cualquier persona interesada en comprar fincas por la zona, compraría cualquiera menos aquellas. También se sembró muchísima desconfianza sobre las exportaciones de todos los productos de cultivo y todo lo que allí se producía.

Javier Sierra nos habla de Palomares

En Nuevo Méjico, Javier Sierra tuvo la oportunidad de ver una de las bombas. Entró a visitar el Museo Nacional Atómico de Alburquerque y entre reproducciones de cohetes y de las bombas de Hiroshima y Nagasaki, según él muy diferentes una de la otra, hay un panel que reza ‘Palomares, Spain’, y sobre un mapa de España se especifica claramente dónde tuvo lugar el accidente. 
En el suelo, una de las bombas, tal vez la que rescató “Paco el de la bomba.” Javier Sierra la describió como “larga y muy grande con una abolladura tremenda.” Probablemente sea solo la parte exterior del artilugio y un anciano acompañó a Javier Sierra directamente allí, ya que España no le sonaba por Madrid o Barcelona, sino más bien por Palomares, por la bomba que ellos tienen en su museo.

Conspiración en España de primerísimo nivel. Plena Guerra Fría. Se rumoreaba que un buque soviético merodeó por las costas españolas. España fue en el año 1966 la zona militar más candente de la tierra y de eso, jamás se enteraron las nobles gentes de Almería.

Un tema por demás escabroso del que aún hoy, casi cincuenta años después del terrible accidente, no se sabe nada o casi nada.



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