miércoles

Investigando en Palomares


Hasta la duquesa de Medina Sidonia, Luisa Álvarez de Toledo investigó in situ, el terrible suceso de las cuatro bombas atómicas que cayeron en Palomares, Almería, en el año 1966.


Se encontró con imágenes que jamás se borrarían de su retina. La Guardia Civil la invitó cortésmente a irse y lo contó cuando fue entrevistada por Iker Jiménez para su programa Milenio 3 de la Cadena Ser.

“- Sobre todo, lo peor era que se estaban comiendo los tomates con plutonio. Los campos se contaminaron, claro. Y entonces, automáticamente tendrían que haber prohibido la ingesta de absolutamente todo. Pero no, durante varios días estuvieron tranquilamente comiendo y de pronto llegaron los americanos como una tromba, se llevaron toda la comida, arrasaron el campo, los sacaron de su casa cuando ya habían pasado quince días… Oiga, ¡a la vejez viruelas!”

Según Andrés Martínez Lorca de la UNED, a día de hoy no existe ningún informe sobre ese primer estadio de contaminación, en qué cantidad existió ni de qué forma.

Los diarios de aquella época llevaron la información por otros derroteros, de lo que fue en sí la búsqueda de la cuarta bomba. La pesquisa terminó cuando un avispado pescador de nombre Francisco Simó Orts, la encontró aunque las máquinas decían que no estaba allí.

Un novato J. J. Benítez

El diario La verdad de Murcia, envió a un periodista para el cual este fue su primer gran reportaje, Juan José Benítez.

Cuando llegó, se encontró con la Guardia Civil y los norteamericanos, que habían armado una instalación que llamaron el ‘Campamento Wilson’, al que no dejaban entrar a nadie, convirtiéndose según sus palabras en ‘territorio USA’, de acceso imposible. 

Recuerda haber visto el casco de un soldado en un sitio y la cabeza por otro, ya que como tardaron en llegar pudieron aprovechar esa oportunidad de oro para poder realizar fotografías, hablar con los vecinos, incluso incursionar en la zona contaminada, como periodista de campo que era.

También hablando para el programa, contó todas las mentiras que se dijeron durante aquellos meses del año 1966. 
En sus propias palabras: “- Fraga no se bañó nunca en la playa de Palomares con el Embajador.” Además está todavía en duda si falta una bomba por rescatar. Ese tema sigue en la nebulosa de aquella oscura época. 

Francisco Franco, la dictadura, la Guerra Fría,que en aquellos tiempos a los norteamericanos se los consideraba lo máximo, el Plan Marshall y un inoportuno accidente que aún tiene secuelas para los vecinos de Almería.

La otra bomba

El 10 de junio de 1986, veinte años después se detectó en la llamada Área 2, novecientos treinta y ocho microbequerelios, es decir, una radiactividad superior doscientas veces a las mediciones del centro del pueblo. En síntesis un área muy específica de la que no se sabe nada, en la que se quemaron las cosechas y las tierras y no se sabe si eso sigue radiando hacia la atmósfera. J. J. Benítez recordó que los estadounidenses se llevaron camiones enteros de tierra, sin saber con qué destino. Toneladas de tierra y la sospecha de otra bomba aún sin aparecer.

‘Paco el de la bomba’, encontró una, pero pescadores, vecinos y otra gente del lugar aseguraron que existía otro artefacto que nunca fue encontrado y tal vez eso explique la enorme radiactividad del lugar. Benítez explicó que “las bombas no se abren y el plutonio se extiende, no es un producto que se derrama como el aceite.”

Francisco Simó, después de tantos años afirmó que aunque le fueron prometidas muchas recompensas, incluso el siete u ocho por ciento del valor de la bomba, unos cien millones de dólares, no recibió gran cosa. Con la típica autenticidad de un pescador le dijo a Iker Jiménez que los norteamericanos le repetían una sola frase: “- No comment.

Aquí está recogido su testimonio de sus propios labios: “- Donde cayó la bomba, a veinte o treinta metros de mí, que yo pensaba que era medio cuerpo de una persona y también vi caer el paracaídas, la caja negra… “- No comment”, me lo decían a cada momento y que sería reconocido y recompensado. Reconocido sí lo he estado, pero compensación… aún no me ha venido, a lo mejor cuando me muera…”

Una potencia cien veces superior a la de Hiroshima. Qué diferencia si aquello en vez de caer y abrirse, hubiese estallado.

Benítez contó que fue un camionero el que les avisó del desastre y no le creyeron hasta que llegaron al lugar y lo más irritante según él es que no dejasen pasar a los propios españoles al sitio, tal y como si fuese terreno americano. Era una zona infranqueable hasta para los dueños de las fincas, todo se hizo con malas formas y prepotencia.

La duquesa de Medina Sidonia

Luisa Isabel Álvarez de Toledo, finalmente fue expulsada por la Guardia Civil, ya que ella se negaba a irse si el mandato venía de los yanquis. Se le entregó un documento y habló de un fenómeno que ella denominó “pluma radiactiva” y habló de varios muertos.

“- La contaminación seria fue en el momento, la pluma radiactiva que se respiró y que cogió a los que estaban en casa de Halcón, que estaban matando el cerdo, que estaba toda la familia y a los que vivían en la parte del cementerio, que fueron dos bombas las que se abrieron y soltaron lo que técnicamente se llamó la pluma radiactiva. Muertos ha habido. Un Guardia Civil precisamente que durmió en la cabina del avión, cosa que no había hecho en su vida y algún civil. Y luego se han muerto muchos de cáncer.”

La Alcaldía de Palomares complementa esta información afirmando que la gente tiene que seguir acudiendo a Madrid a realizarse chequeos periódicos, como una rutina, casi como un paseo a la capital de España. 
Es un seguimiento que realiza el Centro de Investigación Energética Medioambiental y Tecnológica, dependiente del Ministerio de Industria. Como todos sabemos, la contaminación radiactiva tarda miles de años en desintegrarse.

En Tarifa, Cádiz existen medidores de radiación, medidores militares de contaminación radiactiva altamente secretos de los cuales nadie sabe su verdadera función.



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