sábado

Panamá



Es un pequeño tesoro de América, tan desconocido como embriagador. Aparte del popular canal, que fue iniciado a finales del siglo XIX por el ingeniero Ferdinand de Lesseps, este país cobija enormes maravillas para el viajero aventurero.


Milenio 3 y la voz de Carlos Cala Barroso, en su programa del 14 de abril de 2003, nos conducen por este destino con una mirada diferente.

Fue descubierto en 1501 por Rodrigo de Bastidas que se ha ido transformando en un crisol de razas, como queda de manifiesto en su capital.

A tan sólo ocho kilómetros de la boyante y nueva, se encuentran los restos de la vieja ciudad, que fue arrasada por el pirata Henry Morgan, que luego de llevarse sus riquezas, la incendió por completo.

Pero Panamá también es una capital moderna como podemos ver en los enormes rascacielos de su centro financiero en la que se conoce como “Reina del Pacífico.” En contraposición, a pocos kilómetros se encuentra otro punto de interés turístico, “La ciudad colonial.”

Iglesias, museos, ruinas, calles empedradas y la Catedral, están hechos en tres estilos constructivos diferentes: el italiano, el francés y el español.
En el casco antiguo, existe una antigua prisión española, el arco chato también llamado “Las bóvedas.” También podemos ver el Palacio del Presidente o la Iglesia de San José que nos deslumbra con un imponente altar completamente de oro.

La segunda ciudad relevante es Colón, en la desembocadura del Canal de Panamá en su vertiente atlántica. A treinta kilómetros nos encontramos con El fuerte de San Lorenzo, un recinto español fortificado preservado de la mejor manera.
Cerca de allí, podemos ir a Portobelo, uno de los sitios con más historia de la nación, ya que fue donde Cristóbal Colón desembarcó en 1502 y la mayoría de su arquitectura ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En la parte central de la costa oeste se halla la provincia de Los Santos, en la península de Azuero, la mayor de Panamá de donde nos llegan sus más variadas artesanías y folclore y La villa de los Santos fue el primer lugar que reclamó la liberación del imperialismo español.

David es la tercera ciudad en orden de importancia y es la capital de la provincia de Chiriquí, en donde podemos ver El Parque Internacional de la Amistad, que también es Patrimonio de la UNESCO. Muy cerca está Boquete, en el Valle de las Flores, con sus maravillosas plantaciones de café y frutas, y con sus 3.475 metros el volcán Barú, la elevación más alta de Panamá.

Más de quinientas islas conforman este bello país. Entre muchas otras Isla Grande, Contadora, San Blas, Isla de Taboga o las Islas de Boca del Toro. Pero el misterio más profundo se encuentra en el sur, en Darién, en el punto limítrofe con Colombia.

Darién es la zona menos visitada de Panamá, aunque el Parque Nacional tiene una extensión en la que conviven trescientos tipos de aves diferentes en plena selva. Especies como el águila arpía, es además el símbolo nacional que podemos observar en su escudo. El parque en su conjunto fue declarado Reserva Mundial de la Biosfera.

Muchas razas aborígenes viven dentro del Darién, con sus diferentes ritos y creencias, aunque es complicado sumergirse en el sitio, porque solo puede adentrarse si remontamos el río Tuira, ya que no existe otro medio de comunicación. Allí se cuenta uno de los relatos más hermosos y enigmáticos que aún perviven en Panamá.

Donde desemboca este río, hay una isla de nombre “El encanto.” Los habitantes del lugar, en los meses de mayo y abril cuando navegan cercanos a sus aguas, dicen oír una música, la cual no se sabe de dónde procede.
La mayoría de las veces es un violín, otras una flauta, otras un piano, pero siempre parece provenir de un lugar mágico. A medida que remamos por el río, al sumergir los remos en el agua, el sonido se hace más fuerte, como si el embriagador músico quisiera acercarse a nosotros.

Una leyenda nos dice que los conquistadores españoles tuvieron varias reyertas en ese sitio con un pirata inglés que viajaba con frecuencia junto con su hija. El pirata fue asesinado, más no su hija, que fue aprehendida y llevada prisionera a la fortaleza de la isla. Un militar español de alto rango quedó prendado de ella, consintiéndola de mil formas, aunque la muchacha siempre rehuía de sus requiebros.
Todo lo que ella pedía, era para él una orden y al ser muy versada en música, no dejaba de solicitar instrumentos musicales. Pero despechado al fin, comenzó a pretenderla con frecuencia por los pasillos de la fortaleza. Intimidada, confundida y temerosa, sin saber qué hacer y sin escapatoria posible, una noche se lanzó por una ventana a las aguas del oscuro río.

Desde ese día, bellas melodías acompañan a quien se adentra en la inexpugnable naturaleza de Panamá, embriagándonos con sus sonidos, sus colores y su música.