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Una boda en Extremadura


Cáceres, una de las regiones menos conocidas, más hermosas y más arrobadoras de España. Allí se celebró un banquete nupcial un tanto diferente.

En la Ermita de San Marcos, situada entre Santiago del Campo y Talaván, hubo una populosa villa hoy despoblada. La capilla fue erguida como un anexo a la gran residencia de la que eran dueños una acaudalada familia extremeña. Hoy, esta mansión en ruinas es llamada ‘la casa de la boda negra.’

En los años treinta los propietarios, de apellido Los Cerros, tenían una hija única heredera de toda la cuantiosa fortuna de nombre María, unigénita a la que profesaban un gran amor.
Por esas tierras también había otra familia de la misma clase con tres hijos, y el mayor, Isidro tenía los mismos años que María.
Ambos se enamoraron, o así se cuenta, y quisieron casarse aunque hay quien piensa que todo era por puro interés.

El día esperado, el de la boda, fue perfecto en la Ermita de San Marcos y más tarde todos fueron al banquete. Allí estaban todos los invitados, en el primer piso donde se festejaba el convite. María fue a cambiarse a su cuarto para estar más cómoda en la fiesta. Pero luego de un rato bastante largo, su madre notó que María no bajaba. El novio y la madre fueron a averiguar el porqué de la tardanza, pero camino a la habitación, en el pasillo, se encontraron con una pierna bañada en sangre. Al oír los gritos, subieron algunos más, que al contemplar el horrible escenario se espantaron. El hilo de sangre continuaba hasta el dormitorio, pero un poco más adelante encontraron un brazo, y luego, algún otro vestigio del cuerpo. Cuando llegaron a la recámara, sobre la cama, estaba la cabeza de María.

El horror más indescriptible se apoderó de ellos, pero un grito desgarrador se oyó desde el jardín. Despavoridos, corrieron escaleras abajo y se encontraron con la criada que gritaba con todas sus fuerzas y señalaba a un árbol, de donde pendía el cadáver de Isidro, ahorcado, al que además le habían arrancado las manos.
Los invitados salieron en estampida por todos los lugares posibles y los padres llamaron a las autoridades.
Luego de las pesquisas no se encontró al autor de los hechos. Interrogados uno por uno los asistentes a la boda, nadie se percató de nada inusual.
Dos días más tarde fueron enterrados juntos y se celebró una misa por sus almas. En mitad de ésta, apareció un muchacho de una de las familias con una caja y una inquietante nota que decía: “Abrir inmediatamente.”

El padre de la muchacha fue el encargado de la desagradable tarea y al instante la dejó caer al suelo, dejando ver el macabro contenido, las manos de Isidro y María pero sin sus respectivos anillos de casamiento. 
Dentro de la caja un mensaje decía: ‘La unión de los dos será prohibida, sólo hice lo que debía hacer.’

Al ser interrogado el joven sobre quién le entregó ese espantoso paquete, explicó que había llegado por correo y como era una entrega urgente, la llevó a la iglesia.
Luego de ese mal trago, además del terrible duelo que acababan de vivir, los padres comenzaron a tener pesadillas con espantosos rostros que les impelían a salir del pueblo, olvidando lo sucedido. Hartos ya de esta pesadilla, ordenaron a la policía que dejase de investigar y debido a sus influencias, callaron todas las bocas y los rumores.

Un año más tarde, sentada en la puerta de la ermita, vieron a la hija de un humilde campesino, vestida de novia, arrullando a un niño y entonándole cantos de boda, mientras que con su mano derecha se acariciaba una reluciente alianza.
Cuando se aproximaron, se dieron cuenta que el niño estaba muerto y que la madre, lentamente, iba perdiendo el sentido y moría envenenada.

Se dijo que a la pareja la habían matado los enemigos, que tenían algunos. Otros decían que había sido un muchacho enamorado y despechado de la joven y la que parece acercarse más a la realidad, era la que hablaba de un antiguo empleado de la casa de los Luceño, que tenía una hija a la que supuestamente Isidro había violado y dejado embarazada antes de casarse con María. Al intentar el padre de la joven que se hiciese cargo de sus actos, toda la familia había sido echada a la calle como perros junto con la niña embarazada.

De todas maneras, desde esa época muchos novios del lugar, los días previos a su casamiento, aseguran soñar con una bellísima novia que grita desconsolada a la que persigue una sombra negra con una hoz en la mano y otra joven que se asfixia lentamente, en tanto que una soga que cuelga del árbol viejo va apretándose en su cuello, el mismo árbol de aquellos años que aún perdura, frente a los restos de la vieja casona.

Una terrorífica historia, verídica o no que fue contada por Katia Rocha en el programa Milenio 3 de la Cadena Ser en abril del 2003.