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Estigmas: El Padre Pío




Las palmas de las manos presentan orificios, como si clavos invisibles las torturasen. A veces algo similar a espinas aparece en medio de la frente, causando un terrible dolor. Es el día a día de los estigmatizados, un universo envuelto en interrogantes, creencias y poder divino. Hablar en lenguas muertas, levitar, o entrar en éxtasis son cuestiones que estos místicos padecen en silencio.


El diccionario de la RAE nos dice que la palabra estigma significa marca o señal en el cuerpo y proviene del latín stigma. Existen personas que en las festividades de la Pascua católica, presentan las mismas heridas que Cristo sufrió en su Calvario. Casos que desafían toda lógica y toda regla. Que rompen todo pensamiento preestablecido.

Poco se sabe de ellos, en parte porque el secretismo del Vaticano es absoluto. Casos que como dijo Iker Jiménez en su programa del 18 de abril de 2003, pueden denominarse “Expedientes X de la Iglesia.”

Misterios de la Iglesia

Es un libro escrito por Carmen Porter, en donde desentraña todos estos casos, fascinantes e inquietantes, precisamente por lo poco o nada que existe publicado al respecto.

Al parecer es un fenómeno propio de Europa, aunque a finales del siglo XX se supo de casos en América y alguno en Asia, pero básicamente es un enigma de la Iglesia Católica. Según cuentan, San Francisco de Asís fue el primer estigmatizado en septiembre de 1224, cuando algo atravesó sus manos y sus pies de los que comenzó a brotar sangre por el resto de su vida.

Son cuatrocientos los expedientes acompañados de los documentos necesarios, y trescientos que sucedieron desde el siglo XIX. Precisamente esos, son los que figuran en algún dossier secreto del Archivo Vaticano.

Milenio 3 es un programa objetivo y riguroso que quiere mostrar todas las vertientes y advierte que hay bastante fraude en este tema, aunque no deja de observar que la mayoría de las estigmatizadas son mujeres, a lo que los médicos responden que pueden ser casos muy específicos de histerismo, depresiones y culturas muy concretas.
Antiguamente, sólo eran hombres los que padecían estos flagelos. Y dentro de los casos masculinos, hay uno que destaca por sobre todos los demás. Un caso realmente imponente. El Padre Pío.

El caso del Padre Pío

Es el caso más sobresaliente, mejor investigado y más especial de todos, aunque también uno de los más truculentos.

El Padre Pío de Pietrelcina es uno de los casos más enigmáticos de la Iglesia Católica. Durante toda su vida llevó unas heridas lacerantes en sus manos, atravesadas de un lado al otro. Luego, una herida igual que la de Cristo en su costado y las terribles batallas con un ser que él sabía que era el diablo. En contra de lo que podría creerse, en vez de ser tratado con veneración, fue tratado como poseedor de una peste, como si él mismo renegase de los dogmas de la religión.

Fue un muchacho corriente que a los quince años entró en un monasterio. Desde ese instante, comenzó a sufrir una serie de hechos entre los que figuraban los estigmas. Un día en el que estaba rezando en la iglesia de su convento, pudo ver una silueta que bañó de luz todo el recinto y que le lanzó unos rayos. Entonces notó que sus manos se abrían y que estaban heridas, también sus pies y un terrible dolor en su costado, lo que equivaldría a la lanzada. En su cuerpo llevaba los tres estigmas más comunes de las heridas de Jesús en la crucifixión, aunque también se incluyen las heridas de la corona de espinas.

Hasta la década de los años treinta el Vaticano no investigó científicamente las heridas de este padre que jamás cicatrizaron. Durante sesenta años, médicos de todas las religiones y culturas examinaron las llagas de las que manaba sangre sin tregua. La mayoría llegó a la resolución de que eran “sobrenaturales,” que no solamente no se cerraron en todo ese tiempo sino que, como todos sabemos una herida abierta es muy fácil que contraiga una infección, cosa que nunca sucedió, además de perder cien gramos al día de sangre.

Un experimento que hicieron con él fue poner un periódico y leer a través de su mano, dando señal inequívoca de que un clavo invisible estaba clavándose allí.

El lugar donde vivió se convirtió en auténtico lugar de culto y peregrinación para todas las personas que supieron de este sacerdote.
Su compañero de cuarto, nos ofrece este testimonio: ‘- El 20 de septiembre de 1918, estaba el Padre Pío en frente del cuerpo resucitado de Cristo. De las señales de la crucifixión en el cuerpo de Cristo, salieron unos rayos de luz. Un doctor de Dublín me dijo que pudo tratarse de una fuerza de energía. Los rayos atravesaron la habitación y se proyectaron sobre el Padre Pío, abriéndole unas heridas secretas que han estado sobre su cuerpo durante años.’

Además de los estigmas, el Padre Pío comenzó a sufrir todo tipo de manifestaciones inexplicables que toda clase de investigadores no pudieron descifrar.

El Padre Pío levitaba, profetizaba e incluso tenía encuentros con el demonio. Las profecías que relacionan al sacerdote y a Juan Pablo II, es lo que hicieron que llegue a la relevancia que tiene incluso hoy mismo.

Veinte años antes de que lo nombrasen papa, impelido por los acontecimientos que rodeaban al cura, fue a Pietrelcina a averiguar qué había de real en todo aquello.
Se decía que en sus confesiones, podía leer la mente de los feligreses. Gente de todos los países iba a confesarse y él se entendía perfectamente con ellos, contestándoles en su idioma natal sin haberlo estudiado nunca, un fenómeno llamado xenoglosia, la capacidad sobrenatural de hablar lenguas desconocidas.

Cuando Karol Wojtyla se confesó con él, le vaticinó que iba a ser Papa y que iba a padecer un sufrimiento físico. Esto sucedió en el año 1947, treinta y un años antes de que se convirtiese en realidad, cosa que al revelarse dio aún más fama a este fraile.
Varias veces volvió a visitarlo, incluso a su tumba, además procedió a su beatificación y su canonización en el año 2002.

Falleció en 1968. Era un hombre de contextura importante, barba espesa, manos ásperas siempre atravesadas por las llagas y cubiertas por unas vendas o guantes, ya que no hacía ostentación de su padecimiento. Todo lo contrario, fueron sus colegas los que se dieron cuenta de lo que sucedía.

Tuvo la capacidad de profetizar su muerte, la fecha exacta en la que finalizó la construcción de un hospital que lleva su nombre, Giovanni Rotondo. Un hombre terriblemente singular, que se convirtió prácticamente en un profeta de la Iglesia, y que fue reprobado por el mismo Vaticano.
Un hombre muy enfermo desde pequeño hasta el fin de su vida, aparte de todos los signos que vivió en cuerpo y alma derivados de su religiosidad.
Fue encarcelado en una celda durante diez años, ajusticiado por el propio Santo Oficio, en su propio convento, a la vista de sus compañeros y vigilado con micrófonos para ser controlado y espiado, para ver qué era lo que sucedía con él.

El poder de la mente, ¿hasta dónde llega?

Fernando Fariñas, el director del Instituto Andaluz de Microbiología y Patología, intervino en el programa y comentó, desde el punto de vista de la ciencia, que la mente tiene un poder impresionante en procesos vitales, pero también “ a la hora de establecer incluso una fenomenología paranormal.’

Los estigmatizados no suelen sentir dolor en sus heridas, pero no fue así en el caso del padre Pío, que sí sintió un intenso dolor cuando fue atravesado por los rayos, más no después. El doctor Fariñas llama a esto “analgesia por estrés”, un estado provocado por una tensión extrema que no solo lleva a no sentir el dolor sino a la anestesia completa. Se la ha estudiado bastante en los soldados en situaciones de guerra, que a medida que corrían hacia la trinchera, aún siendo bombardeados y tiroteados no sentían el dolor, incluso si perdían un miembro. También es un proceso asociado a crisis de tipo histérico.
La psiquiatría hoy en día explica lo que le ocurría al padre Pío como alucinaciones ópticas y auditivas que se relacionan con procesos maníaco-depresivos o procesos psicóticos.

El cambio de que en un principio fuesen solo hombres y luego mujeres, campesinos y todo tipo de gente, habla de momentos difíciles y de fuertes vaivenes sociales que pueden provocar estos casos. El doctor Fariñas habla de profundos cambios culturales, por eso al principio solo se daba en hombres que eran los que infringían el poder absoluto, y tenían todo tipo de responsabilidades. A medida que la mujer va tomando protagonismo, los fenómenos también las afectan.

Es factible llorar sangre, o que las heridas no cicatricen, su nombre científico es “hematohidrosis”, es decir, se rompen los capilares cercanos a la zona que produce el sudor, emanando glóbulos rojos que llegan a las glándulas sudoríparas donde se crea la mezcla de sudor y sangre. También hemorragias conjuntivales debidas al estrés intenso, o por el uso de productos químicos como nitratos y nitritos o fitotoxinas (diabrosis hemorrágica).
Con autohipnosis se ha reproducido en laboratorio la profusión de sangre y la abertura de heridas, pero no de forma tan contundente como en los casos de los estigmatizados.

Tal vez la ciencia y la fe están explicando un mismo fenómeno, desde sus diametralmente opuestos idiomas.