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Sor María Zancajo de la Mata


Una historia que sucedió en España, similar a la de El exorcista. Ocurrió en Hellín, Albacete y fue puesta bajo la lupa de la Iglesia Católica. Como causó un tremendo impacto quedó oculto y se silenció el tema, pero Milenio 3, lo rescató para todos nosotros.



Iker Jiménez investigó este caso para su programa de la Pascua de 2003. Los estigmatizados en España sufrieron un aislamiento profundo durante siglos. La Iglesia los mantuvo apartados como personas extravagantes que mostraban signosextraños de la fe cristiana.

Uno de los más singulares es el de Sor María Zancajo de la Mata, una monja de Hellín y personaje principal de uno de los casos más trascendentales de estigmatizados. Después de décadas de oscurantismo, se empieza a desvelar, qué ocurrió realmente.

Un lugar en plena Mancha castellana, una mujer completamente normal y una filmación que hizo entrar en pánico al Padre Manuel Soria. Una grabación en 8 milímetros que permaneció durante años en su biblioteca y que recuperó el investigador Rafael Campillo. 

Él mismo contó al programa que fue sin ninguna expectativa a ver la película y lo conmocionó de por vida. Con un prólogo del Padre Soria, se mostraba a una mujer y unos hechos espeluznantes como que además de sangrar considerablemente, se veía a uno de los testigos introducir su mano en una de las heridas.

Literalmente, sus extremidades estallaban y producto de ello eran las cuantiosas cantidades de sangre que recogían el resto de hermanas de la congregación.
El Padre Manuel Soria además escribió un libro Yo soy testigo, en el que narró con detalle este caso de la fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad y la Providencia.

Sor María sufría bofetadas y agravios de todo tipo. Perturbaciones diabólicas que ella denominaba como hechas por “el calvo”, en la visión particular de sus desventuras. Un ser de aspecto aterrador, alto y sin pelo que se le manifestaba. 

También otras hermanas que compartían la vida con esta monja, afirmaron que efectivamente una mano que no podía ser vista la arrastraba por el suelo y por las paredes, en el medio de alaridos y llantos y de una zozobra inconmensurable.

Las marcas y las llagas eran la confirmación del padecimiento de esta mujer, que iba empeorando considerablemente. Algunas noches una luz como un fuego que no arde la enfocaba e iba dibujando un corazón en sus prendas de dormir. También padecía contorsiones inexplicables, como que su cabeza girase hasta límites imposibles y su lengua se doblase hacia adentro; sus ojos se ponían en blanco y las muñecas producían un ruido seco como si se rompiesen.

Independientemente de lo que provocase semejantes manifestaciones, histeria, señal divina o diabólica, o lo que fuese, esto sucedió y durante años nadie supo nada. Sus ropajes quemados fueron guardados por las hermanas de la cofradía. 

Camisones que ardieron por un fuego abrasador que a veces salía de su boca o un sillón en el que solía sentarse y que sufrió una combustión espontánea en una de esas ocasiones, se conservaron como reliquias de lo más granado de la zona. 

Hoy permanecen en un museo que no está abierto al público, pero que nos hablan de un suceso trascendente y realmente importante para todo este grupo de hermanas misioneras. Hechos que no fueron ni mucho menos una anécdota, sino todo lo contrario. Sucesos violentos, totalmente alejados de la espiritualidad mística, sosegada y contemplativa que se pudiera suponer en estos lugares.

Sor María Zancajo de la Mata, uno de los casos más extraordinarios, poco comunes, menos frecuentes y más secretos dentro de la fenomenología de los estigmatizados.