viernes

La dama de azul


Sor María de Ágreda fue una monja que toda su vida estuvo rodeada por los fenómenos paranormales más extraños. El mejor investigador de este caso fue Javier Sierra que además publicó un apasionante libro: La dama de azul.



Ágreda es un pequeño pueblo a cincuenta kilómetros de Soria, donde existe un convento donde nació esta particular hermana. Fue en el siglo XVII, en el año 1602 y su verdadero nombre era María Coronel y Arana. Sus padres fundaron un convento cuando ella era una niña y su principal don fue el de la bilocación, es decir, la capacidad de poder estar en dos sitios al mismo tiempo, habiendo testigos de ello que afirmaron haber visto, tocado y hablado con ella.

Mística Ciudad de Dios

Iker Jiménez entrevistó a Javier Sierra para su programa, Milenio 3 en abril del 2003 y comentó que los episodios de Sor María se iniciaron mucho antes que los de bilocación, cuando su madre, Catalina de Arana fundó el convento en el que ingresó de niña. Su madre pudo ver bolas de luz que rodeaban a la criatura encontrándose ella en éxtasis y luego se dio cuenta de que podía levitar.

Sor María se convirtió en abadesa, sin haber salido nunca de Ágreda, donde se sucedieron los hechos más inexplicables, como el texto místico que fue su legado a la historia y que recibió prácticamente de la mano divina, y es una pieza fundamental del Siglo de Oro español: Mística Ciudad de Dios, condenado además por un corto tiempo a la lista negra de los libros prohibidos de la Inquisición. 
La prohibición vino a raíz de su defensa de la Inmaculada Concepción de la Virgen, incluso antes de que ese dogma fuese aceptado en Roma y fue lo que hizo que pese a todas sus experiencias sobrenaturales aún no haya sido considerada santa por la Iglesia Católica.

El padre franciscano de Ágreda, Ángel Martínez realizó su tesis doctoral hace más de treinta años sobre esta increíble mujer y volvió a recuperarla en esas fechas porque en Texas quisieron hacerla patrona de la ciudad. Este fraile comentó que Sor María tuvo miedo y se negó con pertinacia a admitir sus levitaciones, sus éxtasis en los que permanecía totalmente carente de sensibilidad, muerta en apariencia y de hecho llegó a encerrarse bajo un candado para que nadie pudiese acceder en esos momentos un tanto desagradables.

“- Ella misma se reveló contra estas manifestaciones porque las monjas las utilizaron para darle publicidad, como se hace hoy día. Y ella misma se reveló, hasta el punto de que compró un candado, lo puso en la puerta del oratorio cuando iba a comulgar y se quedaba sola.”

Sor María Jesús y Felipe IV

Aunque fuese un hecho místico, también era causa de tormento para esta monja. Según Javier Sierra hay que puntualizar que su cualidad de santa y sus hechos de origen divino llegaron a oídos del propio rey de España Felipe IV, que durante una sublevación producida en Cataluña que el rey fue a detener, se hospedó en Ágreda y tuvo una conversación con ella. 

De ese encuentro, nació una profunda amistad que se plasmó en una extensa correspondencia real, de la que hay quien dice que fueron trescientas cartas de ida y casi trescientas de vuelta, en las que le comentaba todo tipo de noticias, eventos que sucedían en la corte como complots o intrigas de palacio, imposibles de que fuesen conocidas por una monja que jamás salió de su convento, sobre todo por la exactitud de sus detalles y la belleza de su lenguaje.

Algunos historiadores plantean la posibilidad de que la partida del Conde-duque de Olivares de la corte pudo deberse a los consejos de Sor María, con lo que su influencia en el rey era preponderante.

Ágreda y América

Qué duda cabe de que el hecho más admirable tanto como inexplicable de la vida de esta monja es, el de la bilocación.

En el año 1629 la diócesis de México, procedió a la evangelización de Nuevo México, Arizona y Texas, lugares donde los misioneros habían sido atacados de manera feroz en varias oportunidades. Los jumanos y otros pueblos de la región, renegaban en sus territorios de la presencia del “hombre blanco.” Ese verano, treinta monjes franciscanos a lo largo del Río Grande, fueron a catequizar a estas tribus que se negaban a recibir la doctrina de Dios.

Pero en vez de sorprender ellos a los indígenas con la nueva fe, fueron ellos los sorprendidos, en un hecho único en la historia de la propagación de la religión cristiana. Todas y cada una de las tribus que visitaron, salieron a su encuentro en procesión y llevaban en algunos casos rudimentarias cruces de madera, además de que en las pocas palabras que podían balbucear en castellano, les pedían ser bautizados.
Comunidades tribales que jamás habían tenido contacto con europeos, mostraban conductas típicas de la religión.

Fray Alonso de Benavides, el fraile que iba a la cabeza de la catequización, realizó una campaña de bautismos en los que se habló de ochenta mil personas a las que se les impuso el rito en pocos meses y es él y no otro quien redactó una descripción escrita para Felipe IV de todo este suceso.

El no entendía qué o quién pudo provocar este fervor religioso en los indígenas, pero cuando lograron comunicarse con ellos, en todos y cada uno de los sitios por donde fueron le hablaron de una misteriosa mujer de ropajes azul brillante que se les manifestaba al atardecer y les pronosticaba la llegada de los monjes.

El asombro de los franciscanos de que unos indios les hablasen de una mujer con estas características en el siglo XVII, en unas tierras tan lejanas, fue inenarrable.  

Benavides volvió a España, notificó sus experiencias a Felipe IV, y causó tal impacto en el rey, que mandó a la Imprenta Real, poner en papel el documento del fraile en el año 1630, quedando como primer documento histórico de la historia de Nuevo México.

En San Antonio, Texas, hay muchas historias de una dama de azul, The lady in blue, que es como la llaman aún hoy. La flor oficial del estado, es el bonete azul que está relacionado con la leyenda del paso de Sor María. Se cuenta que cuando se despedía de los aborígenes cada tarde, dejaba una estela de este tipo de flores.
Incluso algunos descendientes de aquellos primeros pobladores, les dicen a los pequeños que cuando suceden ciertos fenómenos, la dama azul, está próxima.

Los franciscanos en un primer momento supusieron que los indígenas hablaban más bien de una aparición mariana. Recordemos que hacía cien años que la Virgen de Guadalupe se le había aparecido al indio Juan Diego en México, y también tenía un manto azul. Pero al parecer, Benavides en la corte se encontró con sus superiores que le hablaron de Sor María y atando cabos, llegó a la conclusión de que la que se aparecía era esta monja.

El Padre Benavides viajó a Soria, permaneció dos semanas hablando con ella todos los días, y realizando pesquisas de toda índole. Esta mujer que jamás había salido del convento, le dio todo tipo de pormenores sobre Nuevo México, incluso le comentó que ella los había visto en su predicación. Cuando él le inquirió cómo era factible que la hubiesen visto las tribus y ellos no, su respuesta fue cuanto menos, misteriosa y muy difícil de penetrar. Su contestación fue que “ellos necesitaban verme, y vosotros no.”

Pruebas irrefutables

El padre Ángel Martínez nos cuenta que las pruebas científicas y documentales sobre sus bilocaciones son totalmente fiables.

“- Desde el punto de vista científico tiene buena documentación. La que conocemos, por ahora es fidedigna, eso es lo bueno. Es decir, los testimonios escritos que nosotros conocemos de entonces y que se conservan son fidedignos. ¿Qué sucedió o qué no sucedió? Ella en la última parte de su vida, en la entrevista que tiene con el Santo Oficio, se desmiente un poco. Dice: Bueno, no sé si fui yo o si fue un ángel. La última investigación del Santo Oficio duró una semana, a razón de siete horas diarias. En febrero, ella estaba enferma y allí le preguntaron por todo  y salió absuelta.”

En Soria, en ese mes, el clima es gélido en toda la extensión de la palabra y aquellos interrogatorios inquisitoriales, no debieron ser nada fáciles.
Fueron dos los interrogatorios que se le hicieron en vida a la hermana. Uno en 1635 y otro en 1650. 


Javier Sierra tuvo en su poder esos expedientes donde se cuentan cosas muy peculiares. Por ejemplo, cuando le inquerían insistentemente por sus “viajes” a América, ella intentaba rehuir las preguntas pero al fin recordaba cómo dos ángeles  de apariencia humana entraban en su recámara, la sacaban del convento, la depositaban suavemente en una nube y se la llevaban volando a América.

Producto de esas visiones, de lo que veía en sus viajes escribió un libro inédito que está en la Biblioteca Nacional de Madrid y su título es Tratado de la redondez de la tierra, en donde esta mujer en pleno siglo XVII cuenta cosas como el paso de la luz de los hemisferios, cómo se ven los animales, los ríos o las montañas desde determinada altura. Una cantidad de detalles imposibles de saber para una monja de clausura.

Sor María de Ágreda, un personaje adorado por unos y controvertido y polémico para otros. Una historia que se mueve entre la incredulidad, el descreimiento, la razón y la fe.